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L A M U J E R C O N S T R U Y E W o m e n w h o b u i l d |
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"EL MAR OCULTO". CRISTINA GARCÍA-ROSALES, arquitecta. |
La
Mujer Construye inició su andadura en 1995 de forma casi espontánea e
intuitiva, a partir de las inquietudes de un grupo de arquitectas
madrileñas que percibíamos la escasa o nula repercusión social de
nuestro trabajo, a pesar de nuestra incorporación masiva a éste y
otros ámbitos profesionales. De
ahí partió la idea de aunar esta labor dispersa e ignorada, diseñando
un proyecto cultural abierto a todas las arquitectas que construyen en
España, que tiene, entre otros objetivos, el
mostrar a la sociedad el resultado de su trabajo,
promover su participación en el mundo profesional, fomentar la
reflexión conjunta sobre sus actitudes y aportaciones en el diseño de
la arquitectura y de la ciudad, diseñar nuevos cauces de aproximación
a la profesión, por medio de nuevas propuestas de creación y de
investigación al servicio de todos los ciudadanos y ciudadanas, y
transmitir nuestra experiencia y apoyo a las nuevas generaciones de
estudiantes. Al
principio, tomamos como referencia una miniatura que lleva por título "Mujeres
albañiles construyendo la muralla de la ciudad”, perteneciente a
la Ciudad de las Damas de Cristina de Pizán, fechada en 1370. Cristina
de Pizán es considerada como la primera escritora profesional de
occidente. Fue hija del médico, astrólogo y consejero del Rey Carlos V
de Valois. Nacida en 1363, se casó los 15 años, enviudó a los 25 y se
dedicó a partir de entonces a la escritura y a la pintura para mantener
a sus 3 hijos y a su madre. La
Ciudad de las Damas es un réplica a Des Claris Mulieribi de
Bocaccio, recopilación de 104 biografías de mujeres reales o míticas
y uno de los muchos tratados
del Renacimiento que no hacen sino reforzar la posición
subordinada de la mujer de la época. Dice Bocaccio sobre estas mujeres
célebres: “Opino que sus proezas eran dignas de alabanza, porque
el arte es ajeno a la mente de la mujer”. Y continúa: “Emulando
las hazañas de las antiguas mujeres, emplearéis vuestra mente en
hechos más elevados “. Cristina
de Pizán no podía entender como los hombres podían escribir de forma
tan demoledora contra la mujer, siendo así que le debían nada menos
que la existencia... En su ciudad alegórica la Ciudad de las Damas, ofrece
numerosas pruebas de valiosas realizaciones femeninas, reivindica
valores como la ternura, la solidaridad o la generosidad y denuncia la
misoginia de la época medieval. En
esta miniatura podemos ver a dos mujeres levantando un muro con sus
propias manos. El muro impone un límite al espacio, lo humaniza y crea
un ámbito interior para el albergue de una ciudad donde habitarán
hombres y mujeres. Donde dejarán sus huellas, creando memoria. “Habitar
es dejar huellas...” dice W. Benjamin. Una
de las mujeres es una reina; la otra, una monja. La reina simboliza la
razón, la materia, la forma. La monja, la emoción, el espíritu, la
poesía. Las dos mujeres construyen. Son activas, innovadoras e
incluidas dentro de su espacio y de su tiempo. Una prepara la masa,
mientras la otra levanta la piedra; incorporando ambas a través de su
esencia más íntima una imagen
cotidiana y próxima de LA
MUJER en la arquitectura y en la construcción. A
través de esta imagen quisimos transmitir la idea del grupo LA MUJER
CONSTRUYE, englobando a través del propio nombre todo lo positivo que
tiene la actividad humana: CONSTRUIR, EN OPOSICIÓN A DESTRUIR. Junto al
construir colocamos a la mujer y establecimos un paralelismo simbólico
entre nuestra actividad y lo que deseamos que sea una actitud ante la
vida, a través de una mirada que se "proyecta” desde el interior
y que contempla el mundo con ojos de mujer y ojos de arquitecto.
Así nuestro título pasó a ser toda una declaración de intenciones. Los dos primero años (1995-1996) los dedicamos a recopilar información para mostrar a la sociedad que la MUJER CONSTRUYE en nuestro país. Por medio de esta iniciativa y tomando como referencia los trabajos y escritos de las arquitectas que contestaron a nuestra convocatoria, conseguimos recopilar más de 200 proyectos diseñados por mujeres, aún sin publicar, recogidos en 5 tomos. Este trabajo fue financiado por la Dirección General de la Arquitectura del Ministerio de Fomento. 1997-1998.
LOS ENCUENTROS DE VERANO. EL PRIMER LIBRO Durante
los años 1997 y 1998 se celebraron los dos primeros Encuentros de
Mujeres en la Arquitectura en la Universidad de Alcalá, organizados
como cursos de verano de cinco días de duración en colaboración con
el Instituto Español de Arquitectura. En ellos las arquitectas que habíamos
conocido a través de sus trabajos, fueron seleccionadas para
presentarlos públicamente. Progresivamente, profesionales de distintas
disciplinas se fueron incorporando al proyecto, enriqueciéndolo con sus
aportaciones.
La Dirección de la Mujer de la Comunidad de Madrid empieza entonces su apoyo continuado, y gracias al empeño de su Directora Asunción Miura logramos reunir las ponencias impartidas en el II Encuentro, en un primer libro, que presentamos en la "gran fiesta de la Arquitectura” que fue la Clausura de la VI Bienal Española en la Universidad de Alcalá. Cada capítulo del libro corresponde a una jornada temática dentro del curso. Las ponencias son las exposiciones de los proyectos construidos por sus autoras en solitario o formando parte de un equipo conjunto. Este es el interés básico de esta publicación: ser la primera vez, al menos en España, en el que de una manera colectiva las mujeres arquitectas a través de sus proyectos, expresan sus intereses, construyen sus ideales... Como dice Denisse Scott Brown: “El movimiento de las mujeres, ha abierto las puertas a todos los arquitectos para construir para nuevas pautas de vida..., para actuar más como idealistas, que como ideólogos”. 1999-2000.
LOS ENCUENTROS DE PRIMAVERA. LA EXPOSICIÓN A
partir del año1999, nuestra imagen fue La Escalera de la Bauhaus
que el artista alemán Óscar Schlemer realizó en 1915. Son mujeres que
ascienden, sin apresurarse, por una escalera, incorporándose a la
profesión, en referencia a la realidad en la que vivimos, donde la
presencia de la mujer es un hecho innegable e imparable. Hecho
tremendamente importante y que a medio plazo puede producir un cambio
profundo de actitudes dentro de la sociedad... “Somos”, en
cualquier caso, como dice Gunther Grass, "Los últimos flecos de
la cola del tremendo siglo
que finaliza”. Pero en este tremendo siglo, han sucedido hechos
significativos que pueden ayudar a mejorar la vida de los hombres y
mujeres del siglo que viene, y uno de ellos ha sido la incorporación de
la mujer al mundo del trabajo y por lo tanto al ámbito público. Gracias,
en parte, a nuestra reflexiones conjuntas en los primeros encuentros y
al trabajo realizado durante los primero años, el grupo va creciendo y
construyéndose a si mismo, y esto nos posibilita abrir otras vías de
pensamiento desde nuestra condición femenina. Este pensamiento tiene
que ver con el entendimiento ético de la arquitectura, con la relación
entre la arquitectura y la vida y con la búsqueda de un lenguaje que
pueda expresar esta relación. Como
mujeres ligadas al mundo de la construcción, no podíamos dejar pasar
la oportunidad que se nos brindaba a través de estos foros de encuentro
en la Universidad de Alcalá y de la
repercusión de nuestro trabajo a través de los medios de
comunicación, para intentar ampliar el debate, implicando a todos los
profesionales, hombres y mujeres, interesados en participar, y
replantearnos el ya casi olvidado papel social y ético de los
arquitectos como la gran asignatura pendiente dentro de nuestra profesión.
Dentro del entorno general donde habitamos, en el que fundamentalmente
priman los intereses económicos y mercantilistas, donde lo inmediato y
lo urgente se adueña de todos los aspectos de nuestra vida, incluso de
los afectivos, desde nuestro "ser femenino” reivindicamos el
habitar, el construir y el sentir poético del ser humano como puntos de
partida necesarios para la reflexión. En
esta línea reflexiva y social organizamos el III Encuentro en la
Arquitectura, como curso de primavera de tres días de duración,
intentando que tuviera un enfoque distinto a los cursos anteriores, a
través de un breve recorrido por nuevos caminos de aproximación a la
arquitectura, vías alternativas en las que creemos y que deseábamos
apoyar y difundir. Allí se habló sobre la "Arquitectura
Medioambiental”, aquella que tiene en cuenta la sostenibilidad del
entorno natural que nos rodea, sobre la "Construcción de un mundo
Solidario” y sin fronteras, tanto a través de los Organismos de
Cooperación Internacional con países en vías de desarrollo, como
dentro de nuestro país. Y por último hicimos un recorrido por la
ciudad, analizándola desde otra mirada, acostumbrada a relacionarse con
lo cotidiano, la mirada de la mujer. En
línea similar se inauguró en el mes de mayo de 2000, en
las Arquerías del Ministerio de Fomento del Paseo de la
Castellana de Madrid, la
primera Exposición Colectiva de Arquitectura realizada por mujeres: Construir
desde el interior, un viaje imaginario a través de la poesía de los
espacios construidos. Junto con la exposición se imprimió un bello
catálogo, todo ello financiado por la Dirección de Arquitectura del
Ministerio de Fomento. A
través de un itinerario poético por la vida, que empieza con una casa
y termina con la mirada de una niña, dividida en una sucesión de
espacios o recintos, la exposición presenta el trabajo construido por
35 arquitectas de 3 generaciones diferentes (concretamente las que
presentaron sus trabajos en el I y II Encuentro en la Arquitectura de la
Universidad de Alcalá). Por medio de una última imagen, la que corresponde al IV Encuentro en la Arquitectura: la casa mediterránea que hoy iniciamos, un cuadro del pintor Henry Matisse que representa una mujer situada entre el lugar donde habita y el cielo y el mar hacia donde navegan sus sueños. Firmemente asentada en la tierra pero con la cabeza entre las nubes, doy paso a la segunda parte de mi exposición. LA
CIUDAD Y LA MUJER Desde
nuestra actividad profesional como arquitectos y urbanistas, así como
desde los grupos de acción ciudadana, no debemos olvidar que la idea de
la bondad de la ciudad, contemplada ya con Platón y Aristóteles,
radica en su carácter social y se concreta en su organización
solidaria que conduce al bien y a la felicidad. Uno de los
rasgos característicos de la ciudad es, por tanto, su esencia
"humana”, o dicho de otra manera, su capacidad de satisfacer la
primera necesidad de la mujer y del hombre que en ella habitan: vivir
mejor y vivir feliz. Quiero
utilizar un símil para hablar de la ciudad actual; el símil del "mar
oculto". El
arquitecto Le Corbusier, apasionado del mar, era también gran
entusiasta de los trasatlánticos. Cuando realizó su primer viaje a
Nueva York, invitado por las autoridades de EUUU, lo hizo a bordo de un
trasatlántico y quedó desfavorablemente impresionado al experimentar
durante la travesía que la vida de un barco se diferenciaba muy poco de
la vida de un Gran Hotel de lujo. Al mar se le eludía, se le ocultaba
como a un niño mal educado ante unas visitas de compromiso. Le
Corbusier más tarde escribió lo diferente que sería un viaje en
trasatlántico acompañado del mar como de un amigo, lo mismo que el
viajero de ferrocarril se siente acompañado por el paisaje fugaz. Para
ello imaginó un barco con grandes paneles de vidrio que relacionaran al
viajero con el submundo oceánico. A través de ellos se observaría la
vida de los peces, la flora marina y la belleza de la profundidad del
mar, e incluso la maquinaria del barco quedaría a la vista, instruyendo
así amenamente a los interesados en los secretos de la navegación. Algo
parecido ocurre en las
grandes urbes actuales. La
ciudad cotidiana no gusta. Fragmentada funcionalmente, con distancias
enormes entre las distintas actividades que contiene, recorrida a toda
velocidad casi siempre en automóvil, ha dejado de interesar y se la
ignora, se la esconde, lo mismo que al mar en el ejemplo anterior. Los
edificios, con fachadas anónimas y mediocres, se cierran hacia vistas
interiores impidiendo su paso al transeúnte, en aras de una mayor
seguridad. Fuera,
quedan las calles embrutecidas repletas de tráfico, polución y
fealdad, sin espacios colectivos para el descanso y el esparcimiento. El
individuo cada vez se aísla más en su propio microcosmos, lo que le
conduce inevitablemente a la soledad y a una cierta melancolía. Se vive
en la ciudad a pesar de ella misma, ocultándola tras visillos y
cerrojos, igual que el mar oculto, como decía Le Corbusier, a
bordo de un trasatlántico. Dice
A. Bisquert: "Contra el pesimismo de la inteligencia , está el
optimismo de la voluntad. Pero el pesimismo puede ser optimista si se
enfoca desde la utopía.” Afortunadamente
existen todavía ciudades bellas y luminosas, acogedoras y habitables.
En nuestro país hay muchos ejemplos de estas ciudades. Unas de tamaño
medio como Pamplona, Granada, San Sebastián.... Y también otras
grandes como Barcelona. E incluso existen reductos amables dentro de
grandes ciudades, espacios que no han perdido del todo su identidad ni
su "genius locci” particular, el "espíritu del lugar” del
que hablaba Norbert Schultz. Afortunadamente cada vez también hay más
interés y sensibilización por parte de los poderes públicos y de los
ciudadanos en el diseño y recuperación de nuestra ciudades. La ciudad
es un tema candente y empieza a existir una toma de conciencia de sus
problemas, paso previo para solucionarlos.
Quisiera
insistir, por último, en
dos ideas esenciales: -La
primera consiste en que es fundamental que participen las mujeres (arquitectas
o no) a la hora de planificar, de buscar soluciones, de gestionar
recursos, de estar presentes en la toma de decisiones, en definitiva, de
hacer ciudad. La mujer ya no es el sujeto invisible de la ciudad,
confinada a lo privado, y su incorporación a lo público es imparable.
Ellas ya están aportando
nuevos puntos de vista, otra mirada distinta acostumbrada a relacionarse
con lo cotidiano, un sentido práctico que les permite descender hasta
el detalle más pequeño, una sensibilidad o forma específica de ser y
de hacer, en definitiva, sus propias cualidades, su saber y su
experiencia. Decía
Carlos H.- Pezzi en el Congreso de Arquitectura de Barcelona de 1996: "El
arquitecto tiene que dejar de ser un genio, tiene que dejar de decir a
la gente como tiene que vivir. Hay que recuperar la humildad, realizar
proyectos de calidad para un entorno social concreto y reconocer que los
usuarios tienen derecho a que sus viviendas mejoren tanto su calidad de
vida como el entorno de las ciudades.” En este sentido creo
que las mujeres tenemos mucho que aportar. -La segunda idea es transmitirles nuestro convencimiento de que los lugares públicos de la ciudad, (las calles, la plazas, los parques, los espacios que los edificios configuran, etc) no son ni deben de ser entendidos como meros reductos residuales entre bloques, o entre el paso veloz de los vehículos, espacios degradados, terrenos de nadie...Sino como lugares de encuentro del ser humano consigo mismo, con los demás y con el medio en el que habita, expresión de la cultura de un pueblo y representación de las aspiraciones de una determinada sociedad. Lugares que constituyen nuestra referencia personal y colectiva, en los que acontece la cotidianidad de nuestros actos. Ámbitos necesarios para la vida y para el amor. Estos lugares forman parte de nuestra existencia, los hacemos propios y los llevamos impregnados en nuestro interior igual que la primera casa, o el recuerdo de la infancia. Son lugares que van conformando nuestra propia identidad a través de la memoria. Y es con la memoria con la que evocamos recuerdos buenos y recuerdos malos, según las diferentes experiencias espaciales. Los
recuerdos buenos están ligados a la emoción, al afecto, a la belleza.
Al hecho de habitar. Son los lugares que permanecen, los que
reconocemos, los que añoramos.... Los que constituyen “el alma de la
ciudad”. El "alma" es lo que se ve, lo que se percibe, lo
que se siente... Algunos
de estos espacios se han ido construyendo durante años. El paso del
tiempo, la historia, los edificios que los conforman, las distintas
gentes con sus experiencias vitales han ido grabando en ellos sus
huellas. Es necesario preservarlos, no destruirlos. Forman parte de la
memoria colectiva de la ciudad, de su "genius locci”. Si
intervenimos sobre ellos ha de ser desde la comprensión de su
significado y de su carácter y desde el íntimo respeto hacia su
"autenticidad”. Los
de nueva creación son un gran reto
para los arquitectos y urbanistas. Y en ellos
se ha de actuar no solo desde lo concreto, lo objetivo y lo racional
sino también desde el afecto y la imaginación poética. Con soluciones
no meramente formales y funcionales sino de sensibilización interior. En
definitiva, construyamos nuestras ciudades con armonía, con sosiego,
con mesura, y también con pasión. Construyamos lugares para todos y
con la participación de todos, hombres y mujeres, ancianos y niños,
adolescentes, discapacitados... De forma responsable y solidaria, tanto
para el beneficio del cuerpo como del espíritu. A través del diálogo
con la naturaleza, desde la sostenibilidad del medio ambiente, con el
respeto a la memoria. Lugares para la vida creados desde el interior de
la vida, fuera de la contemplación de beneficios mercantilistas u otros
intereses similares. Y finalizo, con unas palabras de Heidegger: "Lugares donde la poesía construya la naturaleza del habitar". Cristina García-Rosales, arquitecta. |