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LA MUJER CONSTRUYE Women who build |
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"LAS CIUDADES SIN TIEMPO - UN RECORRIDO EN FRAGMENTOS DE UNA CIUDAD ATRAPADA". CRISTINA GARCÍA-ROSALES, arquitecta |
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Esta mañana estoy aquí para invitarles a reflexionar sobre los diferentes espacios y tiempos que existen en una gran ciudad. Mi aportación va a consistir en realizar con ustedes - gracias a nuestra común imaginación - una serie de viajes o travesías urbanas por estos espacios y por estos tiempos. Como viajes que son, nos trasladaremos en diferentes medios de locomoción: autobuses, trenes, automóviles e incluso a pié. Mi intervención se llama: Las ciudades sin tiempo / Un recorrido en fragmentos de una ciudad atrapada Dice Alessandro Baricco en su novela City: “Se puede vivir sin relojes, es más complicado vivir sin destino, llevando una vida que ya no tiene citas. Somos una ciudad de exiliados, gente ausente de si misma. Podríamos recoser el tiempo o marcharnos de aquí". Recoser el tiempo y el espacio, tejerlos y destejerlos, reconducirlos e intentar repensar entre todos una ciudad de recorridos, de encuentros, vivencias y convivencias -como un enorme cofre de pirata lleno de deseos y sueños- es mi intención en esta mañana otoñal de un lugar casi sin citas - "pongamos que hablo de Madrid"- en la que el otoño está haciendo verdaderos estragos estéticos. Tiñendo de una cierta melancolía cíclica este universo caótico en el que habitamos y que, sin embargo y -a pesar de todo- amamos, sentimos y reconocemos como propio. ¿Cómo no dejar de pensar en las modernas instalaciones de artistas comprometidos, esculturas urbanas que nos hablan de la memoria, del tiempo y del espacio, inmersos -como estamos- en esta instalación otoñal que es la propia Naturaleza que llega tan hondo al alma de ciudadano? Me refiero a la instalación que ha montado en el parque, ¡madre mía!- esa multitud de hojitas ocres, sienas y amarillas, desperdigadas por todos los paseos, entre los bancos, bajo los árboles... Una hermosura de instalación capaz de emocionar al ciudadano de a pie igual -al menos- que cualquier importante actividad cultural del Thyssen o del Reina, en esta ciudad pendular de relojes enloquecidos y de espacios efímeros. |
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¿Qué está ocurriendo en nuestras ciudades actuales?. Sin estar de acuerdo con el tan extendido "elogio del pesimismo", es cierto: vivimos tiempos de locura. Y casi siempre lo urgente no nos deja ver lo esencial. ¿Qué es para nosotros la ciudad? ¿un lugar, todavía, para los sueños en libertad? ¿o un caos que nos envuelve y nos engulle? ¿un espacio de deseos y utopía? ¿o un enloquecido viaje a ninguna parte entre atascos, tráfico y ruidos estrepitosos sin muchas certezas, sin demasiados encuentros, sin ningún sosiego...? ¿o, tal vez, las dos cosas? Como dice Sabina poeta urbano que nos acompañará esta tarde: ciudad insufrible, pero insustituible. Hay muchas personas que seguimos apostando por la ciudad de los sueños, utópica, la ciudad mezclada, mestiza, plural y diversa, la ciudad del afecto, la ciudad de la memoria, también de la energía y de la fantasía, la ciudad "normal" del presente y del futuro. Por nuestro mar urbano naveguemos juntos -por favor- siempre hacia el futuro. ¿En qué estamos convirtiendo nuestra vida cotidiana?. Otra pregunta de nota. Porque "lo cotidiano es político" y pienso que cuestiones tan importantes como la seguridad, la autonomía o la dignidad han de estar incorporados a la reflexión sobre la construcción de las ciudades. Y una última pregunta para los urbanistas, arquitectos y arquitectas, gestores y políticos: ¿Conocemos las diversas necesidades, los distintos caminos, los diferentes tiempos, los espacios utilizados por los distintos colectivos que habitan las ciudades contemporáneas?. Tantas preguntas, tantas respuestas... Wittgenstein aconsejaba a sus alumnos: "No pienses, mira". Pongamos los medios, pues - por una vez- y de una manera ligera, sin agobios y sin prisas, darnos juntos unos cuantos paseos por este hermoso otoño madrileño. Paseos y viajes entre la realidad ciudadana. Que nos vaya regalando la ciudad toda su riqueza, sus tesoros ocultos, su existencia barriobajera o del centro histórico, ruidosa, contaminada, excesiva, mal planificada -tal vez- pero nuestra. Y con soluciones... ¡claro que existen las soluciones! Acompáñenme, por favor, les invito a hacer varios recorridos juntos en esta luminosa mañana, recorridos entre letras de Sabina, con personas normales -NOSOTROS- que caminan, viven, sienten y a veces se desesperan en la ciudad, pero que no se resignan -no nos resignamos- a vivir en un lugar atrapado entre los relojes del tiempo y entre las esquinas del espacio. Canta Sabina: Desafiando el oleaje sin timón ni timonel por mis sueños va ligero de equipaje sobre un cascarón de nuez mi corazón de viaje. Hemos elegido para ello cuatro acompañantes. Una familia media (no queda más remedio que generalizar): él y ella, el hijo y la abuela. Les ponemos un nombre. Él se llama Uriel, un nombre de ángel, para que le y nos proteja, que falta hace. Ella, Lucía. Un nombre que ilumina, patrona de la luz. El niño, Jonás. El que se quedó encerrado dentro del vientre de la ballena. Y la abuela, Julieta, como mi hija. Un homenaje a todas las familias medias y normales de Madrid. Viven en una ciudad dormitorio, a 25 Km. de Madrid. Trabajan los dos, marido y mujer. El chico, adolescente, va al instituto. Y la abuela vive sola en el centro histórico y degradado, en el madrileño barrio de Lavapiés. Con un corazón que late. No se sabe muy bien si viven donde quieren vivir. ¡Hay tanta escasez de viviendas dignas por un precio razonable..! Ya se les han olvidado sus querencias. Quizás desearían vivir en otro lugar, pero no lo piensan, intentan llegar a fin de mes y poder pagar la hipoteca que les aprisiona. (El precio de las viviendas en Madrid ha subido un 17% en este último año. El precio de m2 de vivienda en el centro de Madrid oscila entre 500.000 y 1.500.000 ptas. /m2 de las de antes. Todos los ciudadanos, según la Constitución, tenemos derecho a tener una viviendas digna). Escuchemos a Sabina: Vivo en el número siete calle melancolía quiero mudarme hace años al barrio de la alegría pero siempre que lo intento ha salido ya el tranvía en la escalera me siento a silbar mi melodía.
(Dice el urbanista y geógrafo Jordi Borja: La gente busca lugares más alejados y baratos para vivir. Esto tiene un efecto: la ciudad se dispersa, lo que constituye un despilfarro de tiempo gastado en movilidad y espacio).
Primer Recorrido: Uriel. A las 6 y media de la mañana se despierta y tras hora y media de atasco en la autopista, en su coche utilitario (de 7 a 8,30) consigue llegar a tiempo para su trabajo, que dura hasta las 5. Come en el trabajo. A la vuelta, el mismo trayecto. Algún día que otro con una parada para tomar cañas a la salida del “curro” con sus compañeros.
(El recorrido medio entre el lugar de residencia y el de trabajo para un ciudadano de Madrid es hora y media de ida y hora y media de vuelta).
Su coche es su alfombra voladora, en viaje lineal, sin parada alguna, sin escuchar más que la radio, los debates políticos, sin ver más que el coche de delante, el coche de atrás. No convive con la ciudad, no sabe, tal como me sopla un amigo gallego sociólogo, ni de que color son los percebes (se refiere a las ciudades norteñas, claro). Aquí no sabría ni cual es el color de las estrellas, ni se fija en las nubes cuando llueve, ni en el color ni en el olor de los parques, de las calles, las aceras, las miradas. El trabajo, algo de su familia, los semáforos, el fin de semana lejano de los lunes, una inquietud en su alma que no sabe de donde viene, el fútbol, llegar a fin de mes....son los temas que ocupan sus pensamientos.
Es un VARAVO según la socióloga María Ángeles Durán: Un Varón sano, activo, productivo y motorizado. Aquel para el que están diseñadas las ciudades donde habitamos, en las que prima el automóvil, las autopistas, las carreteras de circunvalación, los túneles, los aparcamientos, las prisas El no lo sabe, pero está manipulado. Carece de tiempo. Su espacio vital es la cama para dormir, el coche, para desplazarse, su mesa de trabajo y el sillón frente al televisor. Su recorrido por la ciudad, como digo, es LINEAL. No recuerda cuando fue la última vez que contempló el mar.
(El País 9/11/2004: El tráfico triplica el riesgo de infarto a las personas propensas, tanto el automóvil privado como el transporte público).
Canta Sabina: Do, re, mi, fa, sol, la los cuentos que yo cuento acaban fatal.
Segundo recorrido: Lucía. Se despierta a las 6 de la mañana, y prepara el desayuno para todos y hace las camas -apresuradamente- antes de salir para su trabajo. Trabaja en su barrio -menos mal- en este caso porque si no no sabemos como se podría apañar. Utiliza el transporte público. Su recorrido es estrellado, circular o en forma de tela de araña. (Está a punto de estrellarse).
Acompañémosla también. Es un recorrido más hermoso si tuviera tiempo, pero no lo tiene. Porque tiene tantas cosas que hacer y, cada día, una distinta. Los lunes (al sol cuando lo hace y también cuando llueve) y los miércoles, después del trabajo, visita a su madre en el centro, por lo que tiene que coger el transporte público, dos autobuses que a veces no funcionan. Los viernes por la tarde toca compra semanal, en un gran centro comercial con el coche a tope, a veces le acompaña Uriel, qué suerte este marido que tiene tan colaborador.
(Jordi Borja: Los centros comerciales, a los que hay que acceder generalmente en coche, se han convertido en lugares para pasar, no para estar. Yo añadiría: Junto con los aeropuertos, centros de ocio y otros centros de servicio que recogen múltiples funciones comerciales y de consumo, se han convertido en NO-LUGARES, centros donde el espacio y el tiempo son ficticios, copiando modelos americanos sin vida, sin raíces, fríos, vacíos y sin esperanza. ¿Vivir es consumir?).
Seguimos con Lucía: El trabajo le ocupa la jornada, tiene horario de mañana y tarde, parón para comer, vuelve a casa y hace la comida para su hijo. También recoge, friega, limpia y se va corriendo de nuevo. Por la noche, toca planchar. Comprar las cosas cotidianas, hacer recados tipo tinte, zapatero, etc, otros para su madre, no prescinde de tener vida propia y se ha apuntado los martes, jueves y sábados a yoga y talleres en su Centro Cultural. Está exhausta.
Vive, eso sí, la ciudad de una manera cotidiana, la ciudad es su cómplice, conoce sus defectos, se tropieza con las farolas y con los inútiles bolardos, esquiva los coches, sabe del precio de los percebes, -mira qué suerte- (aunque no tiene dinero para comprarlos). Habita y es ciudadana de una ciudad sin límites. No recuerda tampoco cuándo fue la última vez que contempló el mar.
(En la organización territorial las mujeres que entrelazan códigos de competencia doméstica y profesional, -lo público y lo privado, la casa y la ciudad- y soportan el peso de una fuerte asimetría en las tareas del hogar).
Ambos, Uriel y Lucía se quieren y respetan, a veces -incluso- se desean y desearían encontrase más a menudo en espacios y tiempos de convivencia compartidos para ellos y para su familia. (No son héroes, o tal vez sí. Héroes urbanos sería la definición).
Canta Sabina de nuevo: Y viviremos lejos del tráfico y de la polución mejor llegar a viejos a la sombra de un sauce llorón.
Tercer recorrido: Jonás. Tiene 17 años y no ha acabado el insti. Ya han pasado los días cuando su madre le llevaba a la guardería y luego al colegio, tenían que dejarlo en casa de una vecina porque coincidía el horario de entrada con el de su trabajo. Cuando sus padres le llevaban a ver a la abuela al centro, en el carrito de bebé, desafiaban todo tipo de trampas: transportes donde no se permite su acceso, aceras incómodas y estrechas, automóviles por todos los rincones, poluciones, ruidos...
(La ciudad presenta obstáculos que las hace hostiles e incómodas para los niños y niñas y en especial para aquellas personas que se hacen cargo de sus cuidados).
Ahora va solo a clase, tiene el instituto cerca de casa. Es un privilegiado porque muchas ciudades dormitorio carecen de equipamientos. Primero se construyen las viviendas que se venden por las promotoras y al cabo de 15 años aparecen los equipamientos: colegios, escuelas infantiles, centros de salud y sociales, residencias, servicios de ocio. Y hablo de desarrollos urbanos tan próximos a nosotros como el de Valdebernardo o, ahora, Sanchinarro.
(Jordi Borja: Es más importante la calidad de vida que la calidad del cemento).
Le gusta caminar por la ciudad. Pegar patadas a los bancos le desahoga mucho, también a las papeleras. Le gusta hacer pintadas, graffiti, cerca de las estaciones. No es mala gente, es legal. Aprueba las materias y el próximo año quiere estudiar informática. Los sábados se va de botellón a Madrid aunque tiene que volver pronto, no tiene combinación a partir de las 12 de la noche. Vuelve con sus colegas. No conoce apenas su ciudad, no la reconoce y no sabe cuantas ruedas tiene el carro de La Cibeles. En los espacios públicos, sucios y descuidados, se hace pis cuando toca, como todos sus amigos.
(Jordi Borja: El progreso de la ciudad se mide por la cantidad y calidad de espacios públicos).
Carece de espacio propio tanto en el centro como en la periferia, le echan de los bares, también de los parques. No le han educado para amar su ciudad. Chatea. Su espacio fundamental, -además de su panda de amigos, percebes urbanos- es su ordenador. Su tiempo: los infinitos tiempos virtuales de Internet. Es un espacio hermoso, a veces ficticio, no llega a mirar a los ojos de las personas con las que habla. Pero Internet está creando una verdadera revolución en cuanto a los flujos de información, del conocimiento (a veces ayuda -y mucho- a estudiar, a compartir, a conocer, a descubrir...) Pero otras veces -y tal vez ello le pase a Jonás- se queda uno encerrado dentro del mundo virtual como su tocayo se quedó encerrado dentro de la ballena.
Jonás hace tiempo, también, que no ve el mar aunque tiene “la mar” de amigos virtuales que le dan seguridad ante la falta de espacios reales y de tiempos necesarios en la adolescencia y en la vida.
Canta Sabina: el campo estará verde debe ser primavera pasa por mi mirada un tren interminable el barrio donde habito no es ninguna pradera desolado paisaje de antenas y de cables...
Cuarto recorrido: Julieta. Tiene 80 años y vive sola en el centro, su marido murió hace años. Tiene ganas de vivir pero está achacosa. Le cuesta moverse, tampoco sabe muy bien a donde ir. La falta de equipamientos en el centro de la ciudad, turística, tantas veces ciudad fachada de cenas y copas de fin de semana, le hace sentirse muy aislada.
(Los barrios centrales de las ciudades se están convirtiendo en barrios terciarizados, donde predominan los despachos y oficinas sobre las viviendas, cada vez más caras y selectivas, centro que cierra a las 20h, con lo que se rompe el tejido social).
Antes de que la ciudad despierte ella ya está trajinando en la cocina. Sus trayectos son cortos, su travesías -ahora- vacilantes. Julieta es gallega y echa de menos el mar de su tierra, ella sí que conocía a fondo los percebes, durante un tiempo fue percebera, pero ya ha llovido desde entonces... Demasiado lluvia. Camina por la ciudad en busca de sus alimentos diarios, también conoce sus problemas.
(La feminización de la vejez: En 2002 la esperanza de vida en España era de 78 para los hombres y 84 para las mujeres, es decir más de 8 años de diferencia. Esto tiene especial importancia en los aspectos de movilidad, accesibilidad, demanda de equipamientos sociosanitarios. En el municipio de Madrid, viven 600.000 personas mayores de 65 años de las que 132.600 viven en soledad. El 81% de estas personas son mujeres y de este grupo aproximadamente 50.000 superan los 80 años de edad, con una movilidad muy reducida).
Conoce cada bordillo o bolardo roto, lo que tarda cada semáforo en ponerse rojo, aquel sumidero que lleva tiempo que no traga, por lo que los días de lluvia es mejor pasar por otro lado, las marquesinas del autobús que no siempre cubren a los que esperan...
Tiene tiempo, no la espera nadie en casa y se relaciona con alguna amiga en su misma situación. Su espacio es el banco donde le gusta sentarse en su plaza dura, -la preferiría blanda, qué le vamos a hacer- dar de comer a las palomas, contemplar el cielo contaminado o extasiarse en sus pensamientos de niñez donde el mar lo cubría todo.
Su única hija Lucía, dos días en semana le acompaña y -a veces- toda la familia los domingos. Tiene suerte, muchas amigas y algún amigo, que los hay claro que los hay, compañeros jubilados del banco del parque le cuentan historias de viejos abandonados en verano en alguna urgencia hospitalaria o en la sección de lencería de el Corte Inglés al fresquito del aire acondicionado, mientras los hijos huyen a la sierra.
........................................................................................................................................................................................................................................... Terminamos estos recorridos con una pizca de tristeza, pero también de esperanza. Nuestra ciudad -hoy representa las grandes ciudades en las que habitamos-, no es un plano perfecto, sino muchos planos que se entrecruzan, muchos pasos y paseos, travesías, ecos, canciones, poemas, discursos y lecturas. Tantas como personas habitan mundos paralelos, a veces compartidos, sin poseer el don de la ubicuidad.
Hemos hecho cuatro viajes tipo, podrían haber cabido más si hubiéramos tenido más TIEMPO, siempre el factor tiempo nos aprisiona.
A través de las experiencias que han expuesto y expondrán mis compañeros de mesa podremos empezar un debate sobre las posibles soluciones que existen. Que las hay. Para arreglar este desaguisado. Espero que estos recorridos urbanos nos hayan servido, al menos, para reflexionar. Acabo con un poema urbano, otra vez, de Sabina.
He
llorado en Venecia, me
he perdido en Manhatthan, he
crecido en La Habana, he sido un paria en París, Méjico
me atormenta, Buenos Aires me mata, pero
siempre hay un tren que
desemboca en Madrid. Pero
siempre hay un niño que envejece en Madrid, pero
siempre hay un coche que derrapa en Madrid, pero
siempre hay un fuego que
se enciende en Madrid, pero
siempre hay un barco que naufraga en Madrid pero
siempre hay un sueño que despierta en Madrid, pero siempre hay un vuelo de regreso a Madrid.
Muchas gracias por su atención
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| Cristina García-Rosales, arquitecta. | Volver a Artículos LMC |