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L A M U J E R C O N S T R U Y E W o m e n w h o b u i l d |
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"Porto Alegre: presupuesto participativo, espacio urbano y mujer" Sara Barceló Cordón Y Zainer Pimentel C. Costa |
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Hemos asumido el desafío
de intentar presentar de forma muy resumida (y simplificada) no sólo una
compleja estructura de participación perfeccionada a lo largo de quince años
de práctica ininterrumpida, sino algunos de sus resultados más sobresalientes
en relación con los temas que se tratan en este Encuentro. Esperamos poder
acercarles la propuesta del presupuesto participativo que, a pesar de su fama,
sigue siendo menos conocida de lo que seguramente debería ser. 1.
La ciudad de Porto Alegre Quizás muchos de los
presentes ya hayan oído hablar de Porto Alegre como sede del Foro Social
Mundial en los tres últimos años, aunque quienes conozcan Brasil saben que
esta ciudad de más de 1.300.000 habitantes es también la capital del estado más
meridional de Brasil, situado en la frontera con Uruguay y Argentina, y que en
ella unos de los mejores indicadores socioeconómicos de todo Brasil conviven
con un 20% de población por debajo del umbral de la pobreza [i].
Un rasgo de Porto Alegre
que siempre ha llamado atención es el alto grado de activismo político de sus
habitantes, claramente superior a la media brasileña. En una ciudad que a
partir de los años sesenta sufrió un proceso de crecimiento desordenado que
hizo aún mayores los problemas de las zonas periféricas, dominadas por la
ciudad informal, este activismo se plasmó en las reivindicaciones de mejoras en
las condiciones de las infraestructuras y equipamientos. En este contexto de
movilización social por la mejora de la calidad urbana, y en plena transición
democrática, gana las elecciones municipales de 1989 el Frente Popular
–encabezado por el Partido de los Trabajadores–, con la propuesta de cambiar
las formas tradicionales de hacer política destacando la necesidad de la
participación ciudadana en la administración pública, de la rendición de
cuentas del ayuntamiento a la comunidad y de la llamada “inversión de
prioridades”, que supone dar preferencia a las demandas de los sectores
sociales más desfavorecidos, en contra de lo que es tradicional y venía
sucediendo en la ciudad. A pesar de que la
administración anterior (de centro-izquierda y de corte claramente populista)
ya había promovido un tímido proceso de participación ciudadana, esa
experiencia había sido un fracaso y la sociedad le exigía al nuevo equipo de
gobierno que desarrollase un proceso real de participación que respondiese a
las demandas de los movimientos vecinales de tener un papel en la decisión
sobre las inversiones. Así, en un contexto inicialmente complejo, el Frente
Popular asumió el reto de “inventar” el presupuesto participativo [ii].
2. El presupuesto participativo El presupuesto participativo es un proceso por el que los vecinos son llamados a compartir con gobierno las decisiones sobre las políticas municipales, especialmente en la elaboración del presupuesto anual. En el caso de Porto Alegre la participación popular no se limita a las inversiones, sino que se refiere también a otros aspectos de la vida de la ciudad, como es el caso del planeamiento estratégico (a través del denominado Congreso de la Ciudad), la planificación presupuestaria cuatrienal, el presupuesto participativo en la red de enseñanza municipal, la formación de comisiones mixtas vecinos-ayuntamiento para debatir temas como la política tributaria o de personal o, por último, la existencia de Consejos Municipales en diversas áreas como la asistencia social, la educación o el acceso a la tierra y la vivienda, así como de Consejos Tutelares del Niño y el Adolescente en cada distrito. El presupuesto participativo es, en definitiva, una esfera de cogestión que combina democracia directa y democracia representativa. Creemos que se puede
obtener una buena comprensión del mismo a partir de algunos de sus rasgos más
característicos. En primer lugar hay que decir que surge como algo nuevo en el
ámbito de la política, que no pretende sustituir a la democracia
representativa tradicional sino que la complementa, buscando ampliarla y ejercer
una función de control del Estado y de los representantes políticos entre una
y otra cita electoral. Por otro lado, es un
proceso que está en constante construcción. Su funcionamiento es
autorregulado. Es decir, que son sus instituciones –compartidas por la
sociedad civil y el gobierno– las que dictan sus propias normas de
funcionamiento, que son públicas y conocidas por todos. Es también un proceso de
participación descentralizado. Para ello en un primer momento se dividió la
ciudad en 16 distritos siguiendo criterios geográficos y sociopolíticos, que
buscaban respetar la organización de los movimientos sociales. Años después,
se crearon complementariamente seis áreas temáticas de deliberación, como una
forma de hacer llegar el presupuesto participativo a aquellos sectores sociales
que de una forma o de otra no estaban tan implicados en el debate en los barrios
(como los jóvenes, las clases medias, los profesionales, etc). Por último, una pieza
importante dentro del presupuesto participativo es el establecimiento de los
criterios que regulan el reparto de las inversiones. Se trata de asegurar que
los criterios y normas que rigen la toma de decisiones sean objetivos,
impersonales e universales y los procedimientos, previsibles y conocidos por
todos los participantes. En este sentido, la distribución de las inversiones se
realiza siguiendo unos criterios generales y técnicos. Los primeros son tres:
las áreas preferentes de inversión elegidas por los vecinos de cada distrito
(que deben votar tres de las trece que propone el ayuntamiento: vivienda,
saneamiento básico, educación, asfaltado, medio ambiente, etc), la carencia
del servicio o infraestructura en el distrito y la población total del mismo.
Por su parte, los criterios técnicos son propuestos por el ayuntamiento –y
pueden ser cuestionados o matizados por los vecinos– y complementan a los
generales para determinados tipos de inversiones (p.e. alcantarillado). 2.1. Las instancias
del presupuesto participativo Cuadro 1.
Fuente: elaboración
propia. El órgano más destacado
de todos ellos es el Consejo del Presupuesto Participativo (COP, según sus
siglas en portugués), constituido por miembros de la sociedad civil y de la
administración. Es un órgano deliberativo, mientras que los Foros de Delegados
son simplemente consultivos. Es, por lo tanto, el lugar donde los vecinos –a
través de sus representantes elegidos en asambleas– participan de manera
efectiva en la gestión municipal. Su función es discutir, y en su caso
aprobar, la propuesta presupuestaria del gobierno antes de que éste la envíe a
la cámara legislativa. El COP, además, ha ido aumentando sus atribuciones con
el paso del tiempo, de modo que en la actualidad los consejeros también deben
tomar decisiones, o al menos deliberar y emitir una opinión, sobre otros
aspectos de la política municipal como la contratación de personal municipal o
las políticas de asistencia social. 2.2. El ciclo de
funcionamiento Como muestra la figura 1,
ese ciclo empieza con las reuniones preparatorias en los barios y las plenarias
temáticas, donde los ciudadanos inician la recogida de demandas y también
hacen un evaluación del año anterior, con el fin de mejorar el funcionamiento
de las reuniones con los representantes del gobierno municipal. La ronda de asambleas
“oficiales” (es decir organizadas y presididas por el ejecutivo), que se
realiza entre abril y marzo, es quizá el espacio más importante de la
democracia directa del presupuesto participativo: en ellas se da la prestación
de cuentas del ejecutivo con respecto de las actuaciones del año anterior (con
la presencia del alcalde o teniente de alcalde y diversos concejales), la votación
de las áreas temáticas que serán consideradas como prioritarias por el
distrito y la elección de los consejeros y determinación del numero de
delegados del presupuesto participativo, los cuales representarán al conjunto
de los habitantes del distrito (o temática) durante el resto del año y deberán
rendir cuentas ante ellos. Terminada la ronda de
asambleas oficiales, la actividad se vuelve a centrar en los barios y temáticas,
donde los vecinos definen la jerarquización de las obras y servicios de cada
distrito y eligen a los delegados que compondrán los Foros de Delegados [iii]. La segunda etapa del
ciclo del presupuesto es la semidirecta y empieza en julio con la formación del
Consejo del Presupuesto Participativo. Éste deberá discutir, y en su caso
aprobar, tanto las directrices presupuestarias (en un primer momento, hasta
septiembre), como el presupuesto definitivo (posteriormente, hasta noviembre)
que habrán elaborado los servicios técnicos del ayuntamiento integrando todas
las demandas vecinales. Ambos documentos, resultantes de la deliberación de
vecinos y gobierno, deberán ser presentados a la Cámara Municipal de
Representantes, responsable de su aprobación definitiva. El ciclo se cierra entre
noviembre y enero, cuando los actores responsables de la puesta en marcha del
presupuesto, el gobierno y la sociedad civil, hacen un balance crítico del
proceso anual y proponen modificaciones del mismo.
Fig. 1 Ciclo del presupuesto participativo 3. La construcción de la CIUDAD Uno
de los grandes impactos del presupuesto participativo, en tanto que proceso de
construcción colectiva del espacio urbano, es la transformación de las
condiciones materiales de vida de una gran parte de los portoalegrenses. Hay
que señalar en primer lugar que esta transformación no se debe únicamente al
presupuesto participativo, es decir al hecho de que la población participe en
la definición de las políticas públicas –especialmente en las inversiones
municipales–, sino también al “buen gobierno” que ha sido una característica
de todos los gobiernos de la llamada Administración Popular. Éste se traduce
en una administración más eficaz, transparente y coordinada y en una mayor
eficiencia económica –gracias a la reducción de costes, a una mejor
coordinación en la ejecución de las políticas o a la reducción del fraude
fiscal, entre otros factores. Pues
bien, la suma del “buen gobierno” y de la práctica del presupuesto
participativo [iv] ha producido unos notables
resultados materiales, como resumimos en el cuadro 2. Hay que señalar, además,
que estas actuaciones se han concentrado en los sectores urbanos
tradicionalmente más marginados. ALGUNOS
RESULTADOS (1989-2000): Por
lo tanto, en un contexto regional de éxodo rural y de aumento de la pobreza,
estos resultados y otros muestran que en Porto Alegre se ha conseguido no sólo
reducir la pobreza (casi una excepción en Brasil)[v],
sino mejorar las condiciones de vida de las clases populares al frenar ese
deterioro del tejido urbano que ha caracterizado a las ciudades latinoamericanas
también en los años noventa. Por
último, hay que mencionar algunos resultados también importantes en el ámbito
de las políticas sociales, como el hecho de que se haya triplicado el número
de guarderías infantiles o la
mejora en la atención sanitaria primaria. Hay que decir también que a medida
que se han ido cubriendo las grandes necesidades en materia de infraestructuras,
las políticas sociales han ido tomando una importancia creciente en el
presupuesto participativo (con la aparición, por ejemplo, de la educación y la
asistencia social entre las seis primeras prioridades de la población en los últimos
años). No
obstante, hay otros aspectos en que los resultados no son tan notables. Uno de
ellos es la vivienda, que siempre ha sido una de las grandes demandas de la
población y que en los tres últimos años ha sido elegida por los vecinos como
la principal prioridad en el conjunto de la ciudad. Aunque el debate sobre porqué
unos temas tienen una respuesta mejor que otros en el presupuesto participativo
es complejo, se debe señalar que los peores resultados en este ámbito se
deben, al menos en parte, a la complejidad administrativa, económica e incluso
política del tema (por ejemplo, la regularización de la propiedad, que es la
principal demanda, requiere de expropiaciones, por lo que se demora en el
tiempo, exige capacidad inversora del ayuntamiento, etc), así como a ciertas
resistencias por parte de un buen número de los técnicos municipales,
vinculados a un urbanismo más tradicional, poco acostumbrados por lo tanto a
dialogar con la población o a promover vivienda barata y no grandes
intervenciones (lo que sucedió sobre todo en el primer periodo de gobierno). 3.1.
El presupuesto participativo en el conjunto de la ciudad Durante
la Administración Popular se han realizado varias obras de importancia en la
ciudad, como la construcción de un tercer anillo de circunvalación, un
proyecto de saneamiento integral del río Guaíba (en cuya desembocadura se
encuentra la ciudad) o la remodelación de diversas avenidas urbanas. En su
mayoría han tenido lugar en los últimos años, aprovechando que la situación
saneada de las finanzas municipales les permite un buen acceso a créditos y préstamos
externos (de instituciones como el Banco Interamericano de Desarrollo o el Banco
Mundial). Esto supone que los recursos propios utilizados son relativamente
menores, sin embargo el gobierno municipal sigue defendiendo el interés de la
realización de estas actuaciones en las instancias del presupuesto
participativo y, en ese marco, si se realizan es porque son aprobadas por los
vecinos. No
entraremos en detalle en la cuestión de los conflictos de intereses, pero hay
que decir que el presupuesto participativo tiende a producir en la ciudadanía
un aumento de la cultura democrática y de los conocimientos sobre los
diferentes aspectos de la vida y gestión de la ciudad, por lo que en general
los conflictos se resuelven mediante el diálogo y el consenso. No obstante, se
debe señalar que hasta el momento, a pesar de diferencias menores, hay una
sintonía global entre los participantes en el presupuesto participativo y el
gobierno local, por lo que se han soslayado la mayoría de los conflictos. 4.
La participación ciudadana 4.1. La participación en cifras Desde
el punto de vista cuantitativo, la participación ha seguido una tendencia
siempre creciente aunque poco acusada. En la tabla adjunta se reflejan los datos
de participación correspondientes a las asambleas oficiales más concurridas de
cada año. La cifra real de participación, por lo tanto, debe ser algo mayor
(recordemos que había numerosas reuniones de los vecinos, en los barrios y temáticas,
de preparación, evaluación, etc de las reuniones oficiales). Se calcula que se
ha alcanzado una participación en torno a las 25.000 personas.
Fuente: CIDADE (2002) Esta
cifra total, a pesar de su importancia en términos absolutos, no es demasiado
grande para una ciudad de 1,3 millones de habitantes (supone entre el 1,5 y el
5-6% de la población total, respectivamente dependiendo de que se cuenten sólo
las asambleas oficiales o se siga la previsión más optimista). Aunque haremos
referencia de nuevo al aspecto cuantitativo de la participación al final de
esta presentación, conviene complementar estas cifras con sus aspectos
cuantitativos. Por
último, también tiene interés comentar que los distritos en que está
dividida la ciudad tienen un tamaño muy variable (desde más de 200.000
habitantes, hasta unos 20.000) y la participación se produce también de forma
variable entre ellos: es mayor en los más pobres y en aquellos de menor tamaño,
en los que las asambleas oficiales llegan a atraer al 4% de la población
(Navarro, 2002). Parece, por lo tanto, que hay situaciones objetivas, de renta y
de cercanía del proceso, que favorecen la participación. 4.2.
Quién participa Según
la ONG CIDADE el participante tipo sería una “mujer,
casada, con más de 34 años, cuya renta familiar es inferior a cuatro salarios
mínimos, que sólo tiene escolarización básica, es trabajadora manual no
cualificada del sector privado con una jornada semanal de 40 a 44 h. y que
participa en asociaciones vecinales pero aún no ha sido elegida para hacerlo en
los órganos del presupuesto participativo.”
(CIDADE, 1999). Aunque en principio, la participación es relativamente
equilibrada entre ambos sexos y entre los distintos grupos de edad, se observa
un leve predominio de las mujeres (cuya presencia tiende a crecer en las bases
del presupuesto participativo en los últimos años), así como de los adultos
entre 34 y 40 años y mayores de 50 (estos últimos por la mayor disponibilidad
de tiempo). Además,
más de la mitad de los participantes tenían una renta familiar inferior a
cuatro salarios mínimos y casi un 30% inferior a dos salarios mínimos [vi].
Por
último, tiene interés reseñar que la valoración que los participantes hacen
del presupuesto participativo es globalmente bastante positiva: algo más del
60% no es la primera vez que participa, un 58,5% ya ha visto cómo se realizaban
en su barrio obras o servicios decididos por los vecinos en las instancias del
presupuesto participativo y en torno a un 60% piensa que la participación es
efectiva, es decir que tanto sus representantes como el gobierno hacen
“siempre” o “casi siempre” lo que deciden los vecinos. 4.3.
La participación de la mujer Hay
que decir que ese predominio en la base está ligado, muy posiblemente, al hecho
de que la participación en el presupuesto participativo tiene resultados
tangibles en su vida y la de su entorno. En este sentido, es muy elocuente el
ejemplo de São Paulo, donde se empezó un presupuesto participativo en el año
2000 ligado únicamente a las inversiones en educación y sanidad. Si ya en el
primer año las mujeres tuvieron una presencia claramente superior, en el
segundo llegaron a suponer el 67% de los participantes. Como
decíamos, sin embargo su presencia se reduce a medida que se asciende en la
estructura del presupuesto participativo, de modo que, por ejemplo, en el año
2000-2001, de un total de 88 participantes en el COP sólo había 32 mujeres, y
de ellas únicamente 12 titulares (Gret y Sintomer, 2003: 104). En todo caso, su
participación aquí es mucho mayor que en las instancias tradicionales de
poder, como la política a cualquier escala. 5.
Balance y retos Quisiéramos terminar esta breve presentación del presupuesto participativo de Porto Alegre que, recordemos, cumple 15 años, haciendo un breve balance del proceso. Nos parece interesante no sólo en sí sino también como ayuda para imaginar algunos de los desafíos y obstáculos que podrían enfrentar, por ejemplo, las recientes experiencias españolas. Posiblemente
su mayor éxito haya sido una trasferencia neta de renta hacia las clases
populares (Marquetti, 2002), que se ha plasmado en una notable mejora de su
calidad de vida y en la demostración de la capacidad de éstas para cambiar su
entorno (algo conocido, aunque poco frecuente en los discursos oficiales sobre
la participación ciudadana: que la educación formal o la capacitación técnica
no son requisitos indispensables para una toma de decisiones correcta y de
calidad en las cuestiones que atañen a la vida de las personas). Otros
aspectos también muy positivos tienen que ver con la difusión de una cultura
democrática y asociativa entre la población. En este sentido, resulta muy
interesante la constante ampliación de los espacios de decisión de la ciudadanía
ya señalada, a pesar de su dificultad para lograr niveles de participación
similares a los del presupuesto participativo en los barrios. A
pesar de todo esto (o, más bien, como es evidente), no todo es de color rosa.
Algunos autores y ONGs que estudian el proceso comentan que tras un fuerte auge
a mediados de los noventa –que se correspondió también con el comienzo de su
repercusión internacional a partir de la Conferencia Hábitat II en Estambul–
se produce recientemente una sensación de estancamiento del proceso (véase,
por ejemplo, Navarro 2002), que se manifiesta tanto en las cifras de participación
ya mencionadas, como en el hecho de que el constante aumento de la capacidad
inversora del municipio al que estaba ligado el desarrollo del proceso tenga
necesariamente un techo –que ya se está viendo– o de que la constante
ampliación de las instancias de participación no haya estado ligada a un
aumento del número de participantes. Entre
las posibles respuestas a esta situación mencionaremos dos. En primer lugar,
tendría interés una mayor independencia con respecto al ejecutivo municipal
(el proceso aún depende en gran medida de las formas de organización, la
oferta de información e incluso la propuesta de los temas a tratar que hace el
gobierno)[vii].
Asimismo, otra posible solución está ligada a un aspecto fundamental en todos
estos procesos: un mayor impulso educativo que ayude a transformar la tendencia
a la forma “fácil” de hacer presupuesto participativo, que es pedir (“mi
calle”, “mi barrio”...), en un proceso de codecisión sobre las políticas,
el modelo de ciudad y de convivencia, etc. Es precisamente en este ámbito en el
que se enmarcan los frecuentes debates que tienen lugar en la ciudad sobre las
posibles formas de evolución del presupuesto participativo. Creemos
que estos factores (que se resumen en el fortalecimiento de las instancias autónomas
de la sociedad) podrían ayudar, además, a romper ese techo en las cifras de
participación convocando a un mayor número de vecinos que actualmente
encuentran pocas motivaciones para participar: unos por ser más pobres –que
en muchos casos no consiguen organizarse para participar de forma efectiva–,
otros por ser más ricos y otros, tal vez, por no sentirse representados por
otros motivos. Así
pues, aunque el presupuesto participativo no está acabado o carente de
problemas, ni es la respuesta definitiva a los muchos problemas de nuestras
democracias o de la gobernabilidad de las ciudades actuales, es indudable que se
trata de un proceso aún novedoso que nos ofrece interesantes estímulos y que
debe ser tenido en cuenta. Muchas gracias por su atención. 6. BIBLIOGRAFÍA - Barceló, Sara y Zainer Pimentel (2002). Radicalizar la democracia. Porto Alegre, un modelo de municipio participativo. Los Libros de la Catarata, Madrid, 195 pp. -
CIDADE (1999). Quem é o público
do Orçamento Participativo: seu perfil, porque participa e o que pensa do
processo. CIDADE (Centro de Assessoria e Estudos Urbanos) y Ayuntamiento de
Porto Alegre, Porto Alegre. -
CIDADE (2002). La tabla
de cifras de participación han sido tomadas de la web de la ONG CIDADE (www.portoweb.com.br/ong/cidade)
en enero de 2003. - Marquetti, Adalmir (2002). “Participação e Redistribução: o Orçamento Participativo em Porto Alegre”. En www.democraciaparticipativa.org (abril, 2003). -
Gret, Marion e Yves
Sintomer (2003). Porto Alegre: la esperanza de otra democracia. Debate,
Barcelona, 174 pp. - Navarro, Zander (2002). “O ‘Orçamento participativo’ de Porto Alegre (1989-2002): um conciso comentario crítico”. En www.democraciaparticipativa.org (abril, 2003) Sara
Barceló Cordón [i]
El Índice de Desarrollo Humano del PNUD situaba a Porto Alegre en la primera
posición entre los municipios brasileños de más de 500.000 habitantes en
1991; y en la revisión de 2000 se mantiene entre los tres primeros (los
resultados se pueden consultar en http://www.undp.org.br/IDHM-BR%20Atlas%20Webpage/index.asp).
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