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L A   M U J E R    C O N S T R U Y E

W o m e n   w h o   b u i l d

  "ARQUITECTURA COMO PAISAJE ". BETH GALÍ, arquitecta, profesora ETSA de Barcelona.   


¿Quién es capaz, hoy en día, de establecer fronteras entre las diferentes disciplinas que constituyen el extenso campo de la arquitectura, del urbanismo y de la arquitectura del paisaje?¿Dónde finaliza el urbanismo y empieza la arquitectura? ¿Dónde termina la arquitectura y empieza el paisaje? ¿Dónde termina el landscape y empieza el land-art? ¿Dónde finaliza el land-art y empieza el arte?

Nos encontramos en un momento de cierto mestizaje entre los diferentes campos que forman nuestra profesión, y es precisamente, en el límite de éstos donde se establecen la mayoría de las tensiones y donde encontramos los temas de mayor interés. Es entre estos límites hacia donde intentamos dirigir nuestro trabajo como arquitectos: es decir, en las fronteras  entre urbanismo, arquitectura y arquitectura del paisaje. 

A continuación, enseñaré algunos ejemplos que pueden ilustrar el imbricado dialogo entre estos campos, sin embargo, tan diferenciados entre sí.

El Parc del Migdia- Auditori del Sot construidos en Barcelona entre 1988‑1992, forman parte del sector de la montaña de Montjuïc que quedo sin urbanizar cuando, en 1929, Nicolas Forestier construyó el parque que rodea los edificios de la Exposición Universal de Barcelona. Es pues el último sector que faltaba para completar la urbanización global de la montaña. El proyecto del parque se plantea continuador del actual parque de Montjuïc enfatizando su imagen paisajística natural. Es, por lo tanto, continuador del carácter forestal de la montaña, frente a consideraciones propias de un parque-jardín. Es decir, se pensó no tanto como un parque urbano, sino como un parque dentro de otro parque.

El Cementerio del Sud-Oeste. Una sucesión de mamparas, construidas con hilados metálicos que La nueva fachada y acceso al cementerio del sud-oeste constituyen la mejora del sector norte del tamizan la luz y evitan las vistas de los bloques de nichos, forman unos paramentos de coronación continúa, que recompone la imagen de los muros en cascada del viejo cementerio, consiguiendo un efecto veladura. Una plantación extensa de cipreses y pinos se interpondrá entre estos muros, buscando, con los años, la espectacularidad peculiar de la masa verde de los cipreses de la fachada marítima del cementerio.  Situada en una fisura del muro del Cementerio, la nueva puerta de acceso tiene una anchura de 3 m y 8 m de altura. Su ligero desplomo pretende acentuar la interrupción del muro de cierre, así como simbolizar el frágil equilibrio entre la vida y la muerte.

Lo mismo ocurre con el Monumento a los muertos por la guerra civil española construido también en la montaña de Montjuïc entre 1984-1986. El Fossar de la Pedrera, es una antigua cantera situada en una profunda depresión en la montaña de Montjuich, junto al viejo cementerio de Barcelona. Esta cantera que, con el tiempo se convirtió en fosa común, fue elegida como lugar de entierro para muchas de las víctimas de la persecución después de la guerra civil española. Aquí descansan pues, los restos de muchos hombres y mujeres que sacrificaron sus vidas por la independencia de Cataluña. Este lugar permaneció abandonado hasta que, en 1985, el Departamento de Diseño Urbanístico de la ciudad de Barcelona secundó la iniciativa de la Asociación de Mártires de Cataluña para reestructurar y dignificar el complejo.

El acceso al recinto se realiza por uno de los antiguos caminos del cementerio adyacente. El visitante pasa a través de una zona intermedia que actúa como filtro entre el exterior y el espacio más íntimo, casi sagrado, del Fossar. Este filtro está compuesto por una serie de cipreses y columnas de piedra en las cuales se encuentran grabados los nombres de las víctimas de los fusilamientos masivos de 1939. Desde el acceso se inicia la ascensión hacia el recinto. Con el andar, la cavidad de la cantera se abre poco a poco, para dar paso a los diferentes espacios que, a la manera de pequeños jardines secretos, se esconden detrás de la arquitectura que los envuelve. El mausoleo del último presidente de Cataluña, asesinado en 1940, es una estructura extremadamente simple que confiere dignidad al lugar, a la vez que evita un excesivo monumentalismo presidencial dentro del espíritu esencialmente comunitario del complejo.

Los límites entre arquitectura, paisaje, simbolismo y sentimiento, se entrelazan formando un trenzado difícil de disociar.

Pero tal vez es en el Memorial al campo de concentración de Sachsenhausen, Oranienburg, Berlín,  1999, donde mejor se entiende la frágil frontera entre la arquitectura y el paisaje.  Los memoriales y los lugares donde la historia parece haber dejado rastros tremendamente emotivos, son siempre difíciles de proyectar, sin exacerbar su contenido. La historia es como una gran ola que sube y baja rítmicamente. Pero no por ello debemos politizar estos momentos culminantes con exaltaciones triunfales y patrióticas, sino tan solo despertar la emoción del visitante. Hay que dejar que sea el propio lugar que narre, simplemente, su propia historia sin alterar el curso profundo de ella.

El edificio se inserta en el terreno, dejando tan solo a la vista la cubierta que, como una gran alfombra transparente, se extiende sobre el terreno. El recorrido hasta el interior del museo invita al visitante a adoptar cierta actitud y gesto reverencial. Así, el acceso desde el interior del campo se produce entre el muro existente y una mampara de cristal - deslizándose cerca del muro - hasta llegar al recinto exterior donde queda al descubierto la gran alfombra de luz y transparencia, expresión de cierta actitud positiva y de cierta mirada hacia el futuro que suponemos siempre más esperanzador.

Desde allí, una abertura situada en la coronación de la única fachada hacia el Oeste que cierra, a la vez, el cementerio y el propio museo, el paseante desciende suavemente - como la ola de la historia - hacia el interior del museo, para  ascender a continuación hacia el espacio superior donde se encuentran los barracones habilitados para pequeñas salas audiovisuales.

La naturaleza penetra dentro del museo a través de unos patios que articulan y organizan el espacio interior. El paisaje exterior se prolonga dentro del edificio formando un talud de tierra natural que le concede un significado especial así como el cumplimiento del binomio interior-exterior y viceversa.

En el mismo sentido que el proyecto anterior se desarrolla el trabajo para el centro comercial Forum Salamanca, último proyecto de mi despacho.

Las recientes operaciones edificatorias a gran escala, donde todo parece ser posible, dejan entrever la preocupación por el impacto que tales dinosaurios urbanos provocan en la geografía de nuestras ciudades. El edificio del Forum lo forman una amalgama de cubiertas ondulantes que apenas sobresalen del entorno que las rodea. Las cubiertas aletean por encima de los campos, sobre el perfil plácido y lejano de Salamanca. Tan solo sobresale un cuerpo singular, que procura adaptarse a las diversas escalas, fragmentándose en una serie de construcciones que forman un volumen unitario.

La situación estratégica del solar, en el límite entre la ciudad construida y la ciudad futura, le otorga al edificio cierto carácter singular que, como un acento en el continuo urbano, cierra la ciudad actual.  Existen dos accesos al interior del edificio, opuestos entre sí, que justifican el trazado longitudinal de los recorridos o paseos. Ambos, se formalizan en plazas para subrayar el carácter público del edificio. La entrada principal se produce a través de una plaza tectónica, rodeada de restaurantes, tiendas y bares.

Beth Galí, Arquitecta.

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