ASOCIACIÓN 

L A   M U J E R    C O N S T R U Y E

W o m e n   w h o   b u i l d

  "ASPECTOS SOCIOLÓGICOS DEL DESARROLLO PROFESIONAL DE LAS MUJERES: LAS ARQUITECTAS". ROSARIO SEGURA GRAIÑO, socióloga.

   

PRESENTACIÓN Y AGRADECIMIENTOS.

Quiero agradecer a Cristina García-Rosales especialmente, la oportunidad que me ofrece de estar otra vez aquí entre mujeres arquitectas, un colectivo al que yo, en mi imaginario, he provisto de muchas cualidades positivas: capacidad de dominio de la técnica, creatividad artística, facultad de creación de grandes objetos útiles y necesarios, y otras muchas más, pero sobre todo mi admiración por ser capaces de desenvolverse en un espacio mayoritariamente masculino, por lo menos hasta un pasado reciente. Para mi no es fácil estar aquí, ya que provengo de un mundo completamente distinto, en el que se utilizan otras palabras y otros símbolos.

Quiero hacer una pequeña aportación a vuestro encuentro, tratando de transmitiros algunas de las reflexiones que yo me he hecho a partir del hecho de ser mujer y socióloga. Intentaré poner en relación lo que implica el ejercicio de una profesión para las mujeres, los costos personales y las dificultades de desarrollo de una carrera y las tareas que por el hecho de ser mujer tenemos  que asumir generalmente.

Cuando discutía con Cristina García-Rosales el título de la ponencia, le propuse uno bastante rompedor, un poco agresivo incluso, que a ella le gustó mucho, pero que a mi, finalmente, me pareció excesivo, sin embargo, creo que resumía bastante bien la idea que yo quiero transmitiros. El titulo era "¿Pero hay mujeres arquitectas?". Esta sarcástica pregunta quería poner de manifiesto la dificultad que puede haber en ser profesional de algo, en este caso la Arquitectura, y ser mujeres, con toda la carga estereotípica que este estatuto implica.

Uno de los objetivos centrales de esta exposición es que reflexionemos sobre la compatibilización de estas dos realidades y, asimismo, que os preguntéis hasta que punto el ser mujer ha condicionado no solo la evolución de vuestra carrera, sino también la expresión de la misma.  

Los modelos diferenciales de socialización para niños y niñas. La transmisión de los mismos a través del sistema educativo. Sus repercusiones en la vida futura, específicamente en la vida profesional.

Nadie negaría que las personas, justo desde el momento siguiente a su nacimiento, empezamos a ser tratadas de una forma diferente según seamos varón o mujer. La formas de vida "adecuadas" indican que a las niñas se les debe de vestir, ya desde el primer momento, de un determinado color y a los varones de otro. Quizás este ejemplo banal sea exagerado, y es verdad ya, afortunadamente, que estas costumbres van cambiando. Sin embargo, siguen existiendo actitudes menos evidentes, pero no por ello menos determinantes que nos hacen tratar de distinta manera a unos y a otras. Aun en el caso de que no queramos seguir perpetuando estos estereotipos, muchas veces esperamos cosas distintas de un niño que de una niña. Se considera "natural" que las mujeres sean dulces y sumisas, y que, por el contrario, los hombres sean agresivos. Esta cualidad, que en el varón es virtud, en la mujer es defecto. En fin, no creo que tenga interés demostrar que aun hoy existen diferencias entre el estereotipo cultural de lo que es ser "mujer" y de lo que es ser "hombre".

Según mi entender las sociedades se organizan de unas determinadas maneras, pero podrían adoptar otros sistemas de organización y funcionamiento. La prueba de esto es que las sociedades van evolucionando  y se van produciendo cambios en los valores que las articulan y las legitiman. Esta afirmación no tiene, únicamente, un contenido moral, es simplemente la explicación de una determinada manera de funcionar. Sin embargo, podría haber otras formas de regularse.

Así, en la sociedad en la que vivimos se produce el fenómeno de la diferente socialización que recibimos los hombres y las mujeres. Todo el largo proceso que supone esta aculturación se instrumenta a través de muchos elementos. Normalmente, son la familia, el sistema escolar, asociaciones, grupos de actividad, y cada vez con mayor importancia, los medios de comunicación de masas, que transmiten valores, modos de vida, etc.,  y penetran con insistencia en parcelas de nuestra intimidad antes vedadas a lo publico.

En la familia recibimos unas informaciones básicas sobre lo que es bueno y sobre lo que no debemos hacer, lo que es rechazable. Este conjunto de advertencias no son las mismas para ellos que para nosotras. Pensad en vuestras vidas cuando erais niñas y en las de vuestros hermanos, primos, amigos. Seguramente ni recibían los mismos mensajes, y lo que es más importante, tampoco se hacían las mismas cosas.

Toda esta primera información luego fue afirmada, profundizada y ampliada por conducto del sistema escolar por el que pasamos unos largos años. Para las mujeres de mi generación la educación generalmente era segregada. Incluso en los colegios públicos existía pabellón de niños separado del de las niñas. Podríamos ser bien intencionadas y pensar que nos decían y enseñaban las mismas cosas, pero parece que más bien era lo contrario, ya que después de acabar los respectivos bachilleratos, quienes llegaban a este nivel, unos iban para ingenieros, abogados o médicos, y nosotras, las más avanzadas a filosofía y letras o magisterio, ya que algunas simplemente no seguían estudiando. Como dato anecdótico diré que en el colegio al que yo asistí, había una clase a la que se entraba con catorce años, que se llamaba "Cultura General" y que estaba destinada a aquellas que no rebasaban el bachiller elemental. Supongo, tal vez con cierta malignidad de mi parte, que eran demasiado jóvenes para casarse y era bueno que entretuvieran su tiempo, ya que en aquel momento lo de estar ociosa no era  algo positivo.

La educación que recibíamos las niñas daba más importancia a los aspectos de la moralidad que debíamos guardar, las actitudes que debíamos tener, a cómo debíamos ser, en realidad se nos adiestraba para ser buenas madres y esposas. En cambio la formación sobre técnicas, conocimientos, instrumentos para desarrollar una actividad profesional eran algo secundario, eso era para los chicos.  

Sin embargo, algunas rompimos estas reglas y prueba de ello es este encuentro. Pero en términos generales, que son los que se utilizan en sociología, las cosas eran así. Poco a poco las cosas cambiaron, la sociedad se modernizó y el acceso de las mujeres a la educación en términos aparentes de igualdad se generalizó. Hay por tanto dos ideas que me interesa resaltar, y sobre las que quiero hacer énfasis para que reflexionemos juntas: a las mujeres se nos ha educado en unos modos y valores específicos, y sobre el hecho de que estos modos y valores pueden ser cambiados.

Por tanto, hemos recibido un bagaje, con el que para bien o para mal hemos tenido que seguir andando, y que, de alguna manera, nos condicionaba para ser buenas madres y esposas fieles. Estábamos diseñadas para jugar un  papel en la vida del hogar, el espacio privado de la vida. 

La presencia de las mujeres en la vida social. Somera evolución histórica. El momento actual. Breve aportación estadística.

Este modelo del que acabo de hablar entró en crisis hace ya unos años, fundamentalmente incidieron en él varios factores. Por señalar algunos, debemos recordar que la II Guerra Mundial obligó a que las mujeres salieran de casa a trabajar mientras los hombres estaban en los frentes de batalla, luego muchas permanecieron activas. También, la generalización del acceso de las mujeres a la educación posibilitó que éstas pudieran plantearse un futuro laboral con unas garantías mínimas de permanencia, aunque no sin dificultades. Asimismo, el proceso de secularización de la vida, que produjo un aumento de los divorcios y una merma de la presión que sobre las mujeres ejercían los modelos religiosos mas rancios. Sobre todo con la extensión, entre amplias capas de la sociedad, de la píldora anticonceptiva, con la consecuente merma de la natalidad. Todo ello ofreció la posibilidad de nuevas alternativas para todos, pero sobre todo para las mujeres, y muchas entendieron, y no sin acierto, que era llegada la hora en que debían ocupar espacios nuevos y dejar oír su voz, empezar a manifestar los intereses de las mujeres. Todos estos cambios debían empezar por la independencia económica, que solo se podría conseguir a través del acceso de las mujeres al ámbito laboral. Las relaciones familiares y sociales tendrían que cambiar consecuentemente, las mujeres pasaban de ser dependientes económicamente a poder disponer de cierta independencia económica.

Además, y por el empuje de fuerzas democráticas y, sobre todo de las organizaciones de mujeres, la legislación se hacía cada vez mas igualitaria y cada vez afectaba a más materias : civil, electoral, laboral, etc.

Parecía que todo iba a ser muy fácil y que las mujeres cambiarían su estatus socio-familiar en un corto espacio de tiempo. Los que así pensaban eran algo ilusos, y desde luego poco conocedores de lo lentos que son los procesos sociales de cambio. Sobre todo, y por aquello de los recursos escasos, era evidente que el acceso de las mujeres al espacio público, que durante tantos años le había estado prohibido, no iba a ser un proceso fácil, "natural", corto y sin conflictos. Este camino conducía idealmente a una igualdad con los hombres. Ellos, que venían ocupando este territorio desde siempre, nosotras, recién llegadas a esta esfera. 

Evidentemente, las cosas no fueron tan sencillas, las mujeres empezaron a trabajar en actividades que solo significaban una cierta profesionalización de las tareas que secularmente venían realizando: Cocinar, cuidar (enfermos, infancia), coser, enseñar, sanar (enfermera), limpiar, ayudar a un hombre (enfermeras y secretarias), en definitiva, las mujeres salieron de casa para hacer lo que ya hacían.

El acceso a este tipo de puestos de trabajo no presentó un fuerte rechazo social, se veía incluso como algo bonito, delicado, apropiado para mujeres. Lógicamente, y en paralelo con esta consideración, los salarios que se recibían por estas prestaciones no eran altos, y la consideración social de los mismos iba en el sentido de aceptar su necesidad, pero privar a estos cometidos de una relevancia social importante, cuando si no se prestaran estos servicios la vida sería muy difícil.

Pero muchas no quisieron reproducir socialmente el modelo asignado para ellas en la esfera de la privacidad y desearon hacer actividades nuevas. No pensaron que eran profesiones de hombres, solo sintieron que querían desarrollarlas. Desgraciadamente, en algunas ocasiones, se dieron cuenta de que ese territorio era de varones y que su presencia era una trasgresión. Seguramente algunas no buscaban este efecto, pero si vivieron y viven sus consecuencias.

Concretando un poco estas afirmaciones, y para circunscribirlas a nuestro país, os ofrezco algunas estadísticas sobre la presencia de mujeres en los diferentes niveles del sistema educativo, que pueden apoyar más los argumentos que estoy desgranando.

Según la publicación del Instituto de la Mujer "La mujer en cifras. 1997", en el curso escolar 1992-93, las mujeres representan el 54,08% del total de las personas que cursan BUP, en la enseñanza universitaria este porcentaje llegaba a un 48,94 % de alumnas. En todos los niveles educativos, la presencia de las mujeres es un hecho, e incluso en la Formación Profesional, las chicas ocupan el 47,26 % de las plazas. Estos datos globales nos muestran que el sistema escolar incluye a todos y a todas los que están en edad de estudiar, y como quiera que,  demográficamente, las mujeres son la mitad de la población, en los distintos niveles educativos están ocupando la mitad de las plazas.

Sin embargo, si nos acercamos con detalle a estas cifras podemos constatar que, en cuanto salimos de los niveles educativos obligatorios y los anteriores a la Universidad, aun y  cuando ha habido considerables avances, las mujeres dentro de la estructura de opciones que el sistema educativo ofrece, siguen estando, en mayor medida en las enseñanzas que se consideran "femeninas".

Así, y según datos del Instituto Nacional de Estadística, recogidos en la publicación antes mencionada, el alumnado que terminó sus estudios universitarios en 1992-93, según las áreas de conocimiento se distribuyo de la siguiente manera:

- En Humanidades y Ciencias de la Salud, el 67,34 % y el 68,71 %, respectivamente, del total de egresados eran mujeres. En estas Áreas se incluyen carreras como Enfermería, Trabajo Social, Profesorado de EGB, Filosofía y Letras, entre otras.
- Por el contrario, en las carreras técnicas, las mujeres ocupaban únicamente el 20,30 % del total de la estadística de nuevos titulados.

En una aproximación aun más precisa, y dentro de las carreras técnicas, quiero aportaros algunos datos, que creo pueden ser de interés dado el ámbito en el que nos encontramos. Según la "Estadística de la Enseñanza Superior en España", que elabora el INE, entre el curso 1981-82 y el curso 1989-90, el tanto por ciento de mujeres que eligieron una carrera técnica paso de un 10,60 % a un 19,14 %. Casi el doble.

En una aproximación por especialidades, y para el curso 1994-95, dentro de las Escuelas Técnicas Superiores, el porcentaje mas bajo de presencia femenina lo ostentaba la E.T.S. de I. Navales, con un 10,26 % de alumnado femenino, seguida de las EE.TT.SS. de I. de Caminos, Minas, Aeronáutica e Industrial, con valores de participación de chicas de alrededor del 15 % del total. La Escuela de Agrónomos era la mas "feminizada" con un 36,13 % de mujeres dentro de su matricula total. Arquitectura tenía, dentro del total del alumnado, una presencia de mujeres que alcanzaba el 30,78 % del total. Como vemos ninguna Escuela alcanzaba, al menos, un modesto 50 % de alumnas.

Como dato de interés, y desde la perspectiva de la presencia de mujeres como docentes universitarias, quiero mencionar que, según la mencionada fuente estadística del INE, solo el 31,09 % del total de  profesores universitarios son mujeres. Según el área de conocimiento, las cifras nos presentan desde un 38,07 % de profesoras, en el ámbito de las Humanidades, hasta un escaso 16,09 % de mujeres profesoras en las áreas técnicas. Sería interesante reflexionar sobre el hecho de que, incluso en los espacios donde las alumnas son mayoría, el profesorado siga siendo mayoritariamente masculino. 

Vemos que las mujeres estamos estudiando carreras universitarias, en unas con mayor presencia y en otras con menos participación. Los estudios duran un breve periodo y cuando finalizan hay que buscar trabajo. Hasta ese momento, muchas chicas jóvenes con las que he hablado, me han dicho que no habían sentido ninguna discriminación por el hecho de ser mujer, no solamente eso, sino que ellas habían tenido rendimientos académicos muy buenos, incluso mejores que los de sus compañeros. Sin embargo, a la hora de acceder al mercado laboral las cosas empiezan a tomar otro cariz, y mis interlocutoras me señalan que, a partir de ese instante, han empezado a darse cuenta que la sociedad no estaba tan evolucionada como parecía, ya que a la hora de solicitar un puesto de trabajo el hecho de ser mujer lastraba fuertemente la posibilidad de obtenerlo. Si había un candidato masculino en igualdad de condiciones, e incluso a veces, con peores credenciales académicas o de experiencia previa, se le elegía a él. Se me podrá acusar de utilizar unas pocas opiniones para construir una teoría, pero, desgraciadamente, otra vez los datos estadísticos nos obligan a ser pesimistas. Según la Encuesta de Población Activa (EPA), III trimestre de 1996, que elabora el INE, la tasa de paro femenina, en el tramo de edad que va de los 25 a los 29 años, era de un 35 % para las chicas, mientras que la de los varones de las mismas edades era del 23,28%. En el tramo de edad de 30 a 34 años, un 29,24 por ciento de las chicas estaban paradas, y solo el 16,34 de los chicos estaban en la misma situación. Cuanto más se incrementa la edad de las personas, más se distancian las tasas de paro masculina y femenina, pudiendo asegurar que a partir de los 35 años las mujeres sin empleo doblan a los hombres en esta situación. Parece que si bien somos aparentemente iguales, no estamos en el mercado de trabajo de igual manera, algunas estamos más paradas que otros.

Los estudios, por tanto, no parece que tengan una fuerza determinante a la hora de equilibrar la inserción laboral de los chicos y de las chicas, parece que hay factores que inciden y no son los de la mejor preparación o la posesión de un titulo académico.

No  obstante las dificultades de obtener un empleo, muchas de nosotras hemos conseguido ir abriéndonos un camino en la vida profesional, )pero cómo ha sido este trayecto? )qué costo y esfuerzo nos ha supuesto?

El ejercicio profesional de las mujeres: uso del tiempo, capacidad de invertir en carrera profesional.

Las mujeres hemos llegado a poder ejercer una profesión, con dificultades, muchas veces después de estar subempleadas largas temporadas. En fin, algunas han podido poner en su puerta un letrero de Abogada, Medica, Farmacéutica, Ingeniera, Arquitecta.

Ha sido un proceso fatigoso y largo, con barreras que teníamos que saltar. Me pregunto por qué ha sido tan difícil si las mujeres somos también inteligentes y trabajadoras.

Para contestarme esta pregunta con cierta lógica tengo que volver al principio de esta intervención y recordar que a mí me educaron para ser algo distinto de lo que soy ahora, y que mi crecimiento personal y profesional, ha sido siempre a la contra, desde el rechazo de lo que se me mostraba como lo debido. Digamos que había que hacer dos esfuerzos, el de crecer, con todo lo que esto implica de reflexión, análisis, pensamiento, y el de crecer cuestionando. No se trataba sólo de ir asumiendo parcelas de responsabilidad, era además necesario ir re-situando las parcelas donde querías estar, que no siempre eran las que te habían dicho que eran las adecuadas para una mujer. Yo no sé como son otros procesos de maduración, pero estoy segura que, cuando únicamente se trata de ir ocupando espacios y ámbitos en los que siempre han estado los iguales en género, debe de ser menos cansado que ir abriendo parcelas y lugares que no han sido los propios por tradición.

Digamos que entrar en la vida laboral nos ha supuesto un esfuerzo, en algunos casos ya desde el momento de la escolaridad, ya que muchas chicas han tenido que compaginar sus estudios con tareas  de ayuda  en casa (compra, limpieza, atención abuelos, etc.), los chicos, "como es natural", no tenían este tipo de obligaciones. Ellos podían socializarse en el deporte, la música, los juegos, etc., lo que les abría además nuevas perspectivas de conocimiento y de aprendizaje personal.

Después de finalizar los estudios y padeciendo las dificultades que ya he mencionado para obtener un empleo, finalmente podíamos conseguirlo. Pero otra vez con un gran coste, porque la evolución de las costumbres no se ha producido en el sentido de "liberar" a las mujeres de sus papeles tradicionales, más bien el mecanismo que ha funcionado ha sido: si quieres trabajar puedes hacerlo, pero lo que tenías que asumir antes, por tu condición de mujer, sigues teniendo que llevarlo a cabo ahora también. Lo que se plasma en la llamada "doble jornada", que la mayor parte de la mujeres con un puesto de trabajo tienen que realizar.

Así pues, podemos afirmar que las mujeres hemos cambiado, lo que no ha cambiado al mismo ritmo es el tipo de organización social y familiar en el que tenemos que seguir viviendo. Ante esta situación algunas personas dicen que hubiera sido mejor permanecer en casa. Soy contraria a estas afirmaciones, y soy contraria, también y al mismo tiempo, a la idea de que el trabajo nos realiza como personas. Es cierto que, en ocasiones, sentimos cierta satisfacción con lo que producimos a través de nuestras tareas de trabajo, pero creo que muchas, y muchos, y en muchos lugares, realizan actividades poco creativas, repetitivas, fatigosas. No obstante, se hace necesario tener un trabajo, ya que las mujeres para alcanzar una cierta autonomía tenemos que ser independientes económicamente. Quiero recordaros que la sociedad actual está organizada en términos muy economicistas; así, si no posees independencia económica, automáticamente dependes de alguien, el cual será más amable o permisivo, o no lo será. En todo caso, creo que las relaciones entre las personas deben de basarse en el pacto y la transacción, malamente se negocia desde la dependencia, y hay tantos aspectos para re-negociar ahora mismo...

La compatibilización de la vida profesional y la vida personal en el caso de las mujeres: costes sociales y personales.

La primera cuestión a negociar con nuestros compañeros, en el ámbito social y en el familiar, es cómo vamos a distribuir nuestro tiempo, el de trabajo fuera de la casa, el de descanso, el que se llevan las tareas domesticas, etc.

Según datos elaborados, a partir de un estudio del Instituto de la Mujer, del año 1996, las mujeres dedican más del doble de tiempo que los hombres al trabajo de la casa. Las repercusiones que tiene este hecho sobre nuestras vidas son evidentes. El tiempo es un bien escaso, y por lo tanto valioso, por ello es muy importante el uso que de él hagamos. Así, pretender tener un desarrollo profesional o personal con el lastre de una falta real de tiempo disponible, es una especie de sarcasmo. Cómo podemos plantearnos las mujeres tener las mismas cotas de responsabilidad que los hombres dentro del ejercicio de nuestras profesiones, si no disponemos de la misma cantidad de tiempo que ellos para invertir en el aspecto "carrera"?

Sería algo cínico decir, frente a esta evidencia de desigual distribución del tiempo, que las mujeres estamos menos dotadas. Muy al contrario, más bien habría que empezar a pensar que estamos superdotadas, ya que vamos alcanzando alguna relevancia profesional a pesar de nuestra escasa disponibilidad de tiempo para formación, experimentación, reflexión, practica e, incluso, para dedicar a los aspectos informales del ascenso en el trabajo que  redundan en las evoluciones de las carreras profesionales. También, disponemos de menor tiempo de descanso.

Además de todo esto, se presenta otro aspecto ligado al anterior, que es la diferente percepción que de la responsabilidad de las tareas domésticas tenemos las mujeres y los hombres. No implica la misma cantidad de energía, otro bien escaso, el sentirse responsable del cuidado de los hijos e hijas, que saber que alguien ejerce esa función, generalmente, la madre. Normalmente, los varones solo adoptan una postura de preocupación al respecto, yo diría que ellos se sienten responsables de satisfacer las necesidades económicas genéricas de su familia. Las mujeres ahora aportamos nuestro salario a la unidad familiar, pero seguimos asumiendo la responsabilidad del cuidado.

Esta distribución de la manera de abordar las tareas que genera la vida familiar tiene sus repercusiones. Si acudes a tu trabajo, a tus estudios, con la lista de responsabilidades socialmente normalizadas como  habituales del "ama de casa", seguramente tu nivel de creatividad no será tan alto, como es el caso de los que acuden "limpios" a sus trabajos, no tienen ni que desconectar de una problemática diferente, ni tienen que intercalar distintos ordenes lógicos en el mismo cerebro, como  por ejemplo, pensar y resolver a veces  al mismo  tiempo lo  que ocurre en mi casa cuando me voy y mi hija se queda con fiebre y la búsqueda, en mi actividad profesional, de la metodología de estudio que es más adecuada para aplicar a una investigación de la que soy responsable. Este tipo de interferencias están siempre funcionando en el intelecto y en las emociones de muchas mujeres profesionales. Me admira que podamos ser lúcidas en ocasiones.     

Consecuentemente, estos pequeños ejemplos domésticos que os presento, y que creo que  forman parte de lo habitual de nuestras vidas, tienen un coste personal y social. En lo personal, se manifiesta en agotamiento, estrés, la sensación que yo llamo de deslocalización, que responde al sentimiento de preguntarme ¿Dónde estoy ahora?¿ Qué tengo que hacer ahora? ¿Este es el lugar real donde debería o desearía estar? En fin, esfuerzo mental. Quizás los varones tienen también problemas semejantes, en todo caso, estos problemas domésticos parece que no les afectan demasiado. Pienso que si los pusiéramos en común, habláramos de ellos, manifestáramos nuestro "agobio", seguramente, todos seríamos más personas. El silencio en estos asuntos solo favorece los malos entendidos, y para nosotras las mujeres, nos queda la impresión que son sólo problemas nuestros.

El coste social de este compaginar esferas es claro, nuestros rendimientos no pueden ser iguales, amén de otros factores que inciden en las dificultades que se  nos presentan, como es el hecho, ya comentado, de que, normalmente, los trabajos están concebidos para ser desarrollados por hombres que tienen esposas que solucionan sus problemas de supervivencia domestica. Para avalar esta afirmación, no hay nada mejor que acordarse de los horarios de trabajo habituales en nuestro país.

Por otra parte, y a un nivel distinto, el sistema de organización de la actividad laboral se organiza según en un esquema que hace referencia a los valores, aptitudes y destrezas del modelo de socialización masculino, modelo en el que nosotras incluso a veces tenemos que aprender un nuevo lenguaje para poder estar en él. Un ejemplo de esto sería la potenciación, en todas las organizaciones de trabajo de actitudes netamente masculinas, como son el liderazgo, la competencia, la ausencia de los aspectos emocionales, entre otros.     

Las nuevas teorías sobre el acceso de las mujeres a los puestos de responsabilidad. La  moral del éxito individual.

En el momento actual, es muy frecuente oír decir que, puesto que no existen barreras legales para las mujeres para desarrollarse en cualquier campo, si ellas no alcanzan puestos de trabajo de mayor relevancia, es porque no quieren o no están capacitadas.

Hacer estas afirmaciones es desconocer una parte de la realidad, supone no haber reflexionado sobre la manera en que las organizaciones se estructuran. Estas se articulan en virtud de unos valores y de unas exigencias de comportamiento determinadas y concretas. Las personas que en ellas quieren instalarse o progresar, tienen que integrar estas reglas de juego. No se puede negar que existen diferentes culturas empresariales y tendremos que reconocer que, tal vez, estas culturas no están pensadas para dar cabida a las formas y maneras en que las mujeres hemos sido socializadas.

Exigirnos un éxito dentro de un campo que no está diseñado de una manera neutra para hombres y mujeres, es pedir un sobre-esfuerzo que a veces no se quiere o no se puede hacer, o se hace con enormes costes, como decía antes.

El éxito social no puede explicarse solamente por factores personales. Está estudiado que se requiere un soporte social amplio para obtener determinado estatus. Este apoyo no hace referencia, únicamente, a las redes sociales que construyen o en las que están inmersas las personas. Los aspectos psicológicos relativos a la capacidad y necesidad de adaptación deben de tenerse en cuenta también.

Podríamos preguntarnos si las mujeres poseemos todos estos entramados de apoyo a la hora de plantearnos una estrategia de carrera. Más bien lo que ocurre es que tenemos suplemento de cargas a la hora de acometer desarrollos profesionales.

Creo que achacar falta de valía a aquellas que no escalan los puestos más altos dentro de su profesión, es injusto, si no cínico.

Ocurre también, y es importante decirlo, que muchas de nosotras simplemente no queremos formar parte de los lugares más altos de las jerarquías. No nos compensa todo el esfuerzo requerido y no es un objetivo satisfactorio para muchas de nosotras.  Sin embargo, deben de facilitarse las vías de acceso a aquellas que quieran ocupar estos puestos de mayor jerarquía.

No obstante,  tenemos derecho a poder ejercer la critica y la obligación de desenmascarar situaciones dadas. A mí me gustaría que el hecho de ser mujer no supusiera un límite, quisiera que no se me asignaran papeles que no estoy segura de querer asumir. Desearía poder expresarme tal y como soy, siendo aceptada y valorada por ello, sin tener que adaptarme a ningún modelo preestablecido, que no tuviera que renunciar al tipo de inteligencia que tengo, ni a las emociones que están dentro de mí.

¿Qué hacer?: Cambio social, cambio de valores, cómo resolvemos nuestras frustraciones.

Frente a esta nueva situación en la que las mujeres estamos ocupando ámbitos que antes no eran nuestros, la vida de lo público, las profesiones, debemos y tenemos el derecho de no renunciar a nada de lo que consideremos justo o adecuado. Creo que nuestro objetivo prioritario debe de ser el de la afirmación de nuestra presencia con nuestras características, no con los hábitos y formas de otros.

Esta actitud contiene una potente carga de cambio social, que es lo que queremos muchas. Un cambio que permita una vida más armónica con la naturaleza, en la que todo tipo de relaciones se basen en la transacción y el pacto y no en la imposición, en definitiva, que la sociedad recoja  los valores que siempre se han considerado que pertenecen a las mujeres.

Yo creo que la manera más gratificante de resolver el desagrado que nos producen tantas cosas, se vehicula a través de manifestarnos con la mayor de las autenticidades, debemos expresar nuestros deseos y trabajar para que puedan convertirse en realidades. Yo no quiero proponeros cambios basados en cruzadas inalcanzables. Nunca me han gustado las propuestas que se apoyan en la consecución de metas que transcenderán el tiempo de nuestras vidas. No, lo que yo os propongo es un cambio personal íntimo que consista en sentirnos bien con nosotras mismas y  en transmitir este bienestar sin culpabilidades en todos los actos de nuestra vida. Ser mujer no es una carencia, no debemos dejar que cale en nosotras la idea de que somos carentes de algo. No podemos privarnos de la capacidad que tenemos y vivirla como un lastre, es mas bien un tesoro que no debe de avergonzarnos. Yo creo esto y os animo a sentir así.

Por estas razones afirmo que en nuestro ejercicio profesional tenemos el derecho de ir imponiendo nuestra propia manera de ver y hacer las cosas. No creo posible que se pueda hacer un trabajo medianamente creativo, operando desde la esquizofrenia de querer producir obras que han de ser legitimadas en virtud de elementos que las mujeres no manejamos con habilidad, ya que, como decía al principio, hemos sido socializadas y, consecuentemente, adiestradas de manera diferente a ellos. Insisto, no tenemos que renunciar a nada, ni a lo que hemos aprendido en los circuitos académicos, seguramente concebidos para varones, ni a lo que sentimos como mujeres. 

Pese a todas las dificultades y obstáculos, tenemos que ser felices, ya que a pesar de todo: seguimos existiendo. Muchas gracias.

Rosario Segura Graiño, socióloga.  

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