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L A M U J E R C O N S T R U Y E W o m e n w h o b u i l d |
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"CONSTRUYENDO CON LA COMUNIDAD" . Teresa Bonilla y Patricia Pintado, Arquitectos Sin Fronteras. |
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La
exposición se estructura en dos partes: la primera, de carácter más general,
aborda aspectos conceptuales de la cooperación al desarrollo, que apoyan la
tesis central de la ponencia. La segunda se centra en ejemplos concretos de
proyectos constructivos abordados desde una aproximación participativa de la
cooperación para el desarrollo. Para
hilvanar el discurso conceptual parece
oportuno comenzar enmarcando el contenido de esta ponencia en el contexto del
III Encuentro en la Arquitectura organizado por La
Mujer Construye, y hacerlo reflexionando sobre tres conceptos que destacan en la lectura del díptico informativo
de este curso de primavera, que guardan una relación directa con la visión
participativa de la cooperación: -
El carácter
transversal, y cabría decir que circular, de los temas de debate. El Encuentro gira en torno a tres temas: el Medio Ambiente, representado por el conjunto de ponencias que se agrupa bajo el título de La Arquitectura y la Tierra, la Cooperación, a la que se refieren las ponencias tituladas La Construcción de un Mundo Solidario y la Ciudad, concepto al que se refieren las ponencias del bloque La Otra Mirada sobre la Ciudad. La idea de ciudad engloba lecturas muy variadas: -
Para Aristóteles
es una asociación política, soberana sobre todas las demás formas de
organización humana, y tendente al bien. Parece evidente
que esos artefactos llamados ciudades son percibidos de modo muy diverso por sus
ciudadanos, y entendidos de forma distinta según el bagaje cognoscitivo con que
se acometa su análisis. Quizás por ello cobra cada vez más cuerpo la idea de
que la urbanística, en cuanto disciplina especializada en la construcción de
la ciudad, es transdisciplinaria, y ese carácter transversal es precisamente su
nexo de unión con las ciencias ambientales, con las que comparte cuando menos
un elemento básico: el territorio como sujeto de análisis y campo de
intervención. Si la imbricación
entre ciudad y medio ambiente, o urbanística y ciencias ambientales en términos
de disciplina científica, es obvia, la relación entre ambas y la cooperación
al desarrollo es menos evidente, aunque no por ello menos cierta. El elemento de
enlace entre ciudad, medio ambiente y cooperación son los derechos humanos. La
lectura de los documentos elaborados por HIC
(Habitat International Coalition), una plataforma integrada principalmente por
organizaciones del Sur, para las sesiones preparatorias de la Conferencia de
Estambul sobre los Asentamientos Humanos de 1996, pone de manifiesto que el
derecho a un hábitat digno es una reivindicación de las poblaciones de los países
del sur, que están sufriendo los efectos del éxodo masivo desde el medio rural
hacia las ciudades, derecho que se demanda con la misma intensidad que el derecho al trabajo y,
desgraciadamente, con más fuerza que la equiparación de los derechos de las
mujeres con los disfrutados por la otra mitad del género humano. La propia
Declaración de Estambul, a pesar de la retórica que suele acompañar a los
textos de la diplomacia internacional, es bastante clara cuando dice: “...
reconocemos que las ciudades y los pueblos son centros de civilización y fuente
de desarrollo económico y del progreso social, cultural, espiritual y científico.
Debemos aprovechar las oportunidades que nos ofrecen nuestros asentamientos y
preservar su diversidad a fin de fomentar la solidaridad entre nuestros
pueblos” (Art. 2) “Para mejorar la calidad de vida de los asentamientos humanos, debemos
luchar contra el deterioro de su condiciones...A tal fin, debemos encarar de
manera amplia las modalidades de producción y consumo insostenibles, sobre todo
en los países industrializados; los cambios demográficos insostenibles,
incluidas la estructura y distribución de la población; las personas sin
hogar; el aumento de la pobreza; la exclusión social; la inestabilidad de la
familia; la insuficiencia de recursos; la falta de infraestructura y servicios básicos,
la ausencia de una planificación adecuada, el aumento de la inseguridad y de la
violencia; la degradación del medio ambiente y el aumento de la vulnerabilidad
ante los desastres”. Aunque la enumeración
de problemas de la Declaración de Estambul pueda parecer catastrofista, la
realidad es aún más tenebrosa. Por dar algún dato: -
El informe de Chen[1]
sobre el hambre en el mundo muestra que un 31% de la población mundial padece
desnutrición. Si se tiende a
considerar que el acceso a un hábitat digno es un derecho humano fundamental, y
cabe pensar que solo razones económicas impiden un reconocimiento
explícito de ese derecho, el escalón siguiente es proveer los medios
para ejercer ese derecho, que está hoy fuera del alcance de una porción
sustantiva de la humanidad, y es aquí donde entra en juego el tercer tema del
Encuentro: la cooperación al desarrollo. Aquí, aún a
riesgo de caer en la digresión, quisiera
introducir una llamada a la reflexión sobre el concepto de solidaridad,
presente en el membrete “La construcción
de un mundo solidario” bajo el que se agrupan las ponencias del bloque de
cooperación. La palabra solidaridad se
emplea en la actualidad constantemente y para designar conceptos tan diversos
que comienza a perder sentido. El Diccionario de la Academia da tres acepciones
de la palabra: -
La primera es “modo
de derecho u obligación in sólidum". En mi opinión la tercera acepción describe la motivación que mueve a determinado tipo de comportamientos, mientras que la segunda define bastante bien el punto de vista dominante en el mundo occidental, en que las reacciones solidarias son mayoritariamente circunstanciales, y suelen estar circunscritas a determinados momentos del año – como es la Navidad – o desencadenadas por desastres naturales o provocados. Esta afirmación no pretende introducir juicios de valor, sino constatar una realidad a cuya formación contribuyen causas diversas, entre ellas el recurso a técnicas de marketing en el lanzamiento de campañas de recogida de fondos por parte de las ONG, que en ocasiones difunden imágenes morbosas y truculentas para generar una mala conciencia, que actúe sobre el bolsillo. Los problemas del Sur no pueden resolverse mediante actuaciones puntuales y de coyuntura que, en el mejor de los casos, son paliativos temporales de los síntomas de una enfermedad crónica. Los problemas de los países del Sur, y de los grupos sociales desfavorecidos de los países del Norte, no son coyunturales sino estructurales, y su resolución requiere intervenciones radicales y mantenidas en el tiempo. Por ello sería deseable que se impusiera la primera acepción del Diccionario, y que solidaridad significase para todos un compromiso sólido para erradicar la injusticia. Si se está
argumentando que existe una relación intrínseca entre medio ambiente, ciudad y
solidaridad, la pregunta casi inmediata es como se traduce ese punto de vista en
la actuación de una ONG en teoría especializada en los aspectos constructivos
de la cooperación al desarrollo. En principio cabe decir que no existen recetas
de manual, y que es forzoso trabajar en cada caso concreto desde el posibilismo
y la reflexión, persiguiendo si no las soluciones mejores, si las que conlleven
menores impactos negativos y costes de todo tipo, en un análisis de ciclo de
vida del producto que se construye. Incorporar a los programas y proyectos de
cooperación al desarrollo criterios
ambientales implica no solo la reducción de su impacto ambiental, sino
comprender lo que el medio ambiente supone para la sociedad local, y por
tanto introducir perspectivas sociales y culturales. Algunas de las prácticas
productivas y constructivas tradicionales pueden servir como punto de partida
para implementar modelos eficaces de gestión ambiental, desde el respeto y
preservación de los ecosistemas básicos y de la identidad cultural de la
gente. En el terreno concreto de la construcción, ello llevaría por ejemplo a
incorporar principios de arquitectura bioclimática o tecnologías constructivas
tradicionales: barro, chincha, etc. Retomando el esquema expositivo planteado al
inicio, el segundo tema de reflexión sería la mujer como agente del proceso
constructivo, que a los efectos de esta ponencia interesa, no desde la óptica
de la mujer como autora de la obra de arquitectura, (aspecto que en el caso de
los proyectos de ASF-E ofrece escaso juego, ya que en nuestra organización los
proyectos de cooperación y constructivos se entienden como fruto de la creación
colectiva, y no de la individual), sino como agente del desarrollo en todos los
campos, y entre ellos el constructivo. Aquí es ineludible
recordar que no todos los habitantes de los países del Sur, ni todos los
miembros de los grupos sociales excluidos en los países del Norte tienen el
mismo nivel de riesgo frente a los factores que generan la pobreza, y las
mujeres se encuentran en uno y otro caso entre los individuos con mayor nivel de
riesgo. Por citar algunos hechos: -
La distribución de los alimentos en el seno de los
hogares no es igualitaria, sino que en muchos lugares del mundo y en el seno de
algunas clases sociales los niveles de desnutrición de las niñas superan a los
de los varones, con la consiguiente repercusión en el grado de morbilidad y
mortalidad. La desigualdad en el reparto alimentario tiende a reducirse cuando
la participación de la mujer en la producción es mayor y está reconocida, y
cuando el grado de autonomía femenina es más
alto. -
La subordinación de la mujer es universal, aunque
las relaciones de género, o si se prefiere el significado de ser hombre o mujer
varia en cada sociedad en función
del sistema de creencias, del sistema político, de factores culturales o de la
organización de la economía local. A pesar de esa variedad, los datos de
Naciones Unidas[3] muestran que en los países
desarrollados, a igualdad de trabajo los salarios de las mujeres fluctúan entre
el 45% de Japón y el 91% de Suecia, con un promedio del 75% de los salarios
masculinos. En los países en desarrollo la situación es similar, variando del
49% de Corea del Sur al 82% de El Salvador, con un promedio en torno al 70%. La
situación de subordinación se mantiene en países en que la economía informal
constituye la principal fuente de ingresos de las familias, a pesar de la fuerte
presencia de las mujeres en ese tipo de economía. -
El acceso de la mujer a la propiedad de la tierra
está vedado en muchas culturas, y cuando se admite los derechos de herencia de
las mujeres suelen ser inferiores a los de los hombres, lo que refuerza una
relación de dependencia de las mujeres respecto al varón cabeza de familia. -
La división sexual del trabajo es otro aspecto de
la subordinación de las mujeres, y no solo la tradicional distinción entre
trabajo productivo y trabajo doméstico – sino la consideración como
“femeninas” o “masculinas” de profesiones o tareas concretas. -
Las políticas de ajuste estructural de los años 80
han tenido con frecuencia un efecto negativo mayor sobre las mujeres que sobre
los hombres. Dichas políticas han contemplado una reducción general de los
servicios sociales, o la imposición de costes sobre los usuarios, con
consecuencias como por ejemplo el caso de Jamaica, donde se duplicaron las
muertes relacionadas con partos. El inventario de la discriminación por género es tan extenso que no merece la pena insistir en el tema, basta abundar en la “rentabilidad” de los proyectos de cooperación vinculados al desarrollo de las mujeres, que no solo actúan sobre uno de los sectores de beneficiarios con mayor grado de desposesión y exclusión, sino que arrastran un efecto en cadena sobre el bienestar de niños y ancianos. Aún cuando la casi totalidad de los organismos donantes de fondos para cooperación incluyen entre sus exigencias el análisis del impacto de género de las actuaciones, debe decirse que el enfoque de los procesos de desarrollo continua anclado profundamente en el sistema desigual de relaciones entre hombres y mujeres y que, quizás por la profunda resistencia al cambio que tienen algunos aspectos culturales, suele olvidarse que en todas las sociedades las políticas y acciones de desarrollo inevitablemente afectan y son afectadas por las relaciones de género, y que todas las políticas, por neutrales que parezcan, tienen implicaciones de género. En
cierto modo, y como suelen decir las eco-feministas[4],
el medio ambiente y la mujer han sido tratados históricamente como
externalidades en el sentido económico del término por ello, desde ese punto
de vista, la inclusión de los costes ambientales o de género en la toma de
decisiones económicas sería la mejor forma de contribuir a un desarrollo
sostenible. Todos
los proyectos que se comentan más adelante tienen una componente importante de
capacitación a las mujeres, por lo que habrá lugar para volver al papel de la
mujer como agente del desarrollo. Los
comentarios anteriores sobre enfoque medioambiental y enfoque de género en
cooperación al desarrollo, han apuntado ya claves de la necesidad de trabajar
de forma participativa en las acciones de cooperación al desarrollo. Aunque el
grueso de los flujos económicos destinados en el mundo a cooperación se
canalizan por la vía de la cooperación bilateral, es decir entre
gobiernos u organizaciones, hace más de dos décadas que Naciones Unidas, a
través del PNUD reconoció los aspectos positivos de la capacitación desde la
base de la comunidad mediante la acción de ONG's, por entender
que este tipo de intervención desencadenaba procesos de desarrollo que,
en algunas experiencias, se habían demostrado más eficaces en la lucha contra
la pobreza que la actuación del Estado. No obstante, ni las ONG's pueden suplir
la acción estatal – como parece ser la aspiración del neoliberalismo económico
– ni el hecho de trabajar desde la base implica que una ONG trabaje de forma
participativa con la comunidad beneficiaria. Trabajar con la comunidad implica: -
Que las relaciones
con las ONG o asociaciones locales destinatarias del proyecto han de estar
regidas por el respeto mutuo, el tratamiento paritario, el diálogo y la
comunicación permanente. Quizás el elemento clave de un enfoque participativo de la cooperación sea que la ONG del Norte debe tener presente que el fin primero y último de su trabajo es el desarrollo de los beneficiarios, lo que supone trastocar su condición actual de objetos por la de sujetos del desarrollo. La aplicación de los criterios antes expuestos a la práctica de un proyecto constructivo no difiere en gran cosa del método de proyecto desarrollado por el argentino Rodolfo Livingston y aplicado en su trabajo por Hábitat Cuba dentro del programa El Arquitecto de la Comunidad[5]. En esencia la metodología de redacción de un proyecto constructivo participado contempla una serie de aproximaciones sucesivas: -
Un primer estadio
en que el técnico recoge en el terreno toda la información relevante para el
proyecto, tanto desde la óptica constructiva como desde la social, de forma que
puedan condicionarse los conocerse los condicionantes físicos, sociales y económicos
en que se enmarca el proyecto. El
método implica una relación directa y continuada entre técnicos y usuarios, y
requiere unos tiempos de redacción de proyecto algo mayores que los habituales,
pero ofrece ventajas evidentes: -
Compromete por
igual a técnicos y beneficiarios en el futuro del proyecto, que es condición
sine qua non para llevarlo a buen término, especialmente si su consecución
requiere un esfuerzo importante por ambas partes, como suele ser el caso en los
proyectos de autoconstrucción. Por
último, y antes de entrar a comentar los proyectos, una observación a vuela
pluma sobre la relación entre arquitectura y cooperación, o por mejor decir
sobre el tratamiento de la arquitectura en los aspectos constructivos de la
cooperación para el desarrollo. De los tres elementos que Vitruvio [6]
consideraba debían caracterizar la arquitectura de los edificios, las
construcciones contempladas en los proyectos de cooperación al desarrollo
contemplan siempre la comodidad y la firmeza, no
ignoran la hermosura, pero no es este
el elemento primordial de preocupación. PROYECTO
1. SALUBRIDAD EN BARRIOS MARGINALES, SAN CRISTÓBAL. REPUBLICA DOMINICANA. El
presente proyecto consiste en la Fase primera de un conjunto de actuaciones
situadas en los barrios marginales
de San Cristóbal, en las orillas del río Nigua y el Yubazo. Se trata de los
barrios denominados Zona Verde, Piscina, Jeringa y Las Flores. Las
actuaciones pretenden dotar a estos barrios del nivel de infraestructuras mínimo
que permita erradicar las deficientes condiciones higiénico-sanitarias en las
que se desarrolla la vida de los pobladores, hoy agravadas por las devastaciones
causadas por el huracán George, el cual ha provocado la inundación
generalizada de los barrios, la rotura de la canalización del río y el
desbordamiento de las cañadas naturales que cruzan los barrios. San
Cristóbal se sitúa al Oeste de Santo Domingo, a unos cuarenta minutos por la
autopista. La ciudad ha sufrido un crecimiento explosivo en los últimos años:
la cercanía a la capital del país, y la facilidad de transporte que asegura la
comunicación con el resto del país, hacen hoy de San Cristóbal una ciudad de
la periferia metropolitana que ha recibido oleadas de inmigrantes procedentes
del suroeste del país (Bani, San Pedro de Macorís,...). Presenta uno de los índices
más elevados de hacinamiento del de toda la República. El
Municipio de San Cristóbal, según el censo de 1993, tiene 160.576 habitantes,
con una densidad de 482,2 hb/km². Es el tercero de mayor población del país,
después de Santiago y Santo Domingo. Un 20% de la población indicada vive en
los barrios mencionados, alcanzando una densidad estimada en torno a los 60.000
hb/km². Las tasas de fecundidad (3,5 hijos/mujer) son elevadas, y la mortalidad
infantil alcanza la tasa de 26,2/1000 nacimientos,
siendo muy superior a estas cifra en los barrios indicados. El índice de
desempleo medio municipal es de
30%, cifra que parece duplicarse en la zona del proyecto. San
Cristóbal se situaba a una prudencial distancia de los ríos Nigua y Yubazo,
cuyas crecidas estacionales son muy destructivas. Este río está semicanalizado,
pero las obras de encauzamiento, de dudosa eficacia y deficiente ejecución, están
detenidas por falta de fondos, y las que estaban finalizadas han sido destruidas
por el Huracán George. Entre el río y el casco urbano es donde se han
implantado los barrios mencionados, que son los que absorben el contingente de
inmigrantes. Estos
cuatro barrios se encuentran atravesados por cinco cañadas, por las que
transcurren los efluentes fecales, que provenientes de la ciudad, se entregan al
río sin depurar, a cielo abierto, y que forman parte de los itinerarios
habituales en el interior de estos barrios. Al conjunto de inconvenientes hay
que añadir los efectos de los huracanes que, periódicamente, destruyen partes
completas del barrio, formado en su mayor parte por chabolas de lata. Su situación
al borde de los ríos, en las zonas de riesgo provoca continuas inundaciones
causadas por las continuas crecidas fluviales y del curso de los efluentes
fecales antes citados. El cuadro clínico es preocupante y la mortalidad infantil por
deshidratación provocada por la diarrea es acorde con la situación. Muchos
damnificados por los huracanes llevan viviendo años en el estadio y en el
mercado municipal. Las condiciones de salubridad se ven agravadas por la
incapacidad del Ayuntamiento de recoger la basura: una vez por semana pasaba el
camión municipal, pero se ha suspendido el servicio sin explicaciones. El resto
va al cauce del río, y allí se mezcla con los deshechos clínicos del Hospital
de San Cristóbal. A invitación del IDAC, organización (contraparte) local que lleva años trabajando en estos barrios en el sector de salud, se visitaron los barrios a principios de 1997, pudiéndose constatar la desmesurada entidad del problema. La
falta de cualquier tipo de información cartográfica fiable, hizo necesario un
estudio previo de los barrios, con levantamientos de planos de la zona,
identificar las cuencas de vertido y los cursos de los efluentes fecales con
precisión, y realizar (gracias a la colaboración vecinal) 6.000 encuestas
entre los habitantes, con el fin de fijar con exactitud el perfil poblacional de
los eventuales pobladores, al igual que entrar en conocimiento de las
organizaciones de barrio, con la Corporación Municipal y con el Consejo
Nacional de Asuntos Urbanos (CONAU). Entre todos estos organismos se intentó
enfocar el proyecto, a partir de las necesidades principales de los
beneficiarios. La
fase primera de este proyecto se presenta sobre dos de las vaguadas (cañadas) más
peligrosas: las que vertebran los Barrios de Piscina y Jeringa. Consiste en la
canalización de los efluentes fecales y pluviales que discurren por las cañadas
y la construcción de la red básica de abastecimiento de agua, lo que exige
actuar sobre las edificaciones que están obturando el paso de las aguas,
realojando a sus habitantes en el mismo barrios y utilizando el realojo como
operación piloto, cuyo efecto demostrativo ha de propiciar futuras
intervenciones en materia de reestructuración urbana. Contempla también el
proyecto la educación sanitaria de la población de los barrios, la
racionalización del servicio de basuras, y la creación de itinerarios secos de
comunicación aprovechando las obras indicadas. PROYECTO
2. MEJORA DE LA PRODUCCIÓN DE MATERIALES LOCALES EN MOPTI. MALI El
proyecto pretende apoyar y fomentar las técnicas de fabricación de productos
cerámicos y de construcción tradicionales, mejorando la calidad de los mismos y las condiciones de fabricación. Según
la clasificación de Naciones Unidas, todos los países que conforman la franja
africana del Sahel se encuentran entre los diez más pobres del mundo. Mali,
punto de conexión entre el desierto y los demás países sahelianos, fue centro
de numerosas culturas negroafricanas y magrebíes. De esta manera, cuenta con
una rica tradición cultural que se trasluce en la arquitectura, la artesanía,
las costumbres,... La
tradición arquitectónica en esta zona del Sahel es muy rica. El hombre aporta
al medio la mayor parte de los
recursos necesarios para la construcción del hábitat. La organización de
mujeres AAPFM, creada por FISA-Mali, sigue fabricando materiales de construcción
(placas de revestimiento, ladrillos y gárgolas), y artesanía según las técnicas
tradicionales de moldeo y cocción de la tierra. El
proyecto apoya el trabajo de este grupo de mujeres con el objetivo de conseguir
un producto cerámico de mayor calidad y durabilidad, con lo que se promoverá
un desarrollo económico local y una mejora de la calidad del hábitat, al ser
estos productos utilizados habitualmente en la construcción. El
proyecto propone la puesta en marcha de dos unidades de fabricación de
productos cerámicos. Cada unidad se compone de un horno de pequeña capacidad y
varias zonas de trabajo: preparación de la tierra, moldeo, secado y almacenaje.
En la actualidad el sistema de cocción es muy rudimentario (se rodean los
productos de madera y se prende al aire libre), con un gasto excesivo de madera
y una cocción irregular e inadecuada de los productos, quedando una gran parte
de los mismos inservibles. En un primer momento los hornos propuestos utilizaban
como combustible la cáscara de arroz o el excremento de vaca, con un mínimo
aporte de madera, algo muy importante en estas zonas. A lo largo del proyecto se
tuvieron que cambiar el modelo de
hornos por unos más pequeños de
combustión cerrada, empleando como combustible madera de deshecho. Este cambio
fue provocado por el repentino cierre de la única fábrica de producción de cáscara
de arroz, que proporcionaba el combustible necesario. Las producciones de arroz
de los propios habitantes son insuficientes,
y la escasa cantidad de cáscara producida es empleada como alimento de
los animales. De todas formas el empleo de estos hornos reduce el uso de la
madera a un mínimo y la calidad de los productos obtenidos es muy alta. Este
cambio fue acompañado con unos estudios, por parte de agrónomos locales, de
repoblación con arbustos y especies que proporcionen esta madera de deshecho
sin perjudicar el hábitat. El
proyecto se completa con unos cursos de formación. Todas
las construcciones se realizaron empleando los métodos y los materiales
tradicionales, sin introducir ninguna técnica nueva. Como
colofón de esta exposición, y aprovechando que cierra el ciclo del tema de
cooperación, querríamos concluir leyendo
el artículo final de la Declaración de Estambul sobre los asentamientos
humanos, no porque pensemos que su contenido es real, sino por lo que tiene de
meta a conseguir: “Al acercarnos al siglo XXI, ofrecemos una visión
positiva del desarrollo de asentamientos humanos sostenibles, la esperanza de un
futuro común y una exhortación a participar en una empresa de indudable valor
e interés, la de construir mancomunadamente un mundo en el que todos vivan en
un hogar seguro con la promesa de una vida decorosa en condiciones de dignidad,
buena salud, seguridad, felicidad y esperanza.” [1] The Hunger Report. Chen.
1990 Teresa
Bonilla y Patricia Pintado. |