ASOCIACIÓN 

L A   M U J E R    C O N S T R U Y E

W o m e n   w h o   b u i l d

   "CONSTRUYENDO CON LA COMUNIDAD" . Teresa Bonilla y Patricia Pintado, Arquitectos Sin Fronteras.


Se ha titulado esta ponencia Construyendo con la comunidad  porque su argumento central es la necesidad ineludible de abordar de forma participada los proyectos de cooperación al desarrollo, y por ende de resolver sus aspectos constructivos trabajando conjuntamente con el grupo social destinatario del proyecto.

La exposición se estructura en dos partes: la primera, de carácter más general, aborda aspectos conceptuales de la cooperación al desarrollo, que apoyan la tesis central de la ponencia. La segunda se centra en ejemplos concretos de proyectos constructivos abordados desde una aproximación participativa de la cooperación para el desarrollo.

Para hilvanar el discurso conceptual parece oportuno comenzar enmarcando el contenido de esta ponencia en el contexto del III Encuentro en la Arquitectura organizado por La Mujer Construye, y hacerlo reflexionando sobre tres conceptos que destacan en la lectura del díptico informativo de este curso de primavera, que guardan una relación directa con la visión participativa de la cooperación:

- El carácter transversal, y cabría decir que circular, de los temas de debate.
- La mujer como agente del proceso constructivo.
- La relación entre arquitectura y cooperación al desarrollo.

El Encuentro gira en torno a tres temas: el Medio Ambiente, representado por el conjunto de ponencias que se agrupa bajo el título de La Arquitectura y la Tierra, la Cooperación, a la que se refieren las ponencias tituladas La Construcción de un Mundo Solidario y la Ciudad, concepto al que se refieren las ponencias del bloque La Otra Mirada sobre la Ciudad. La idea de ciudad engloba lecturas muy variadas:

- Para Aristóteles es una asociación política, soberana sobre todas las demás formas de organización humana, y tendente al bien.
- Para Margaleff es un ecosistema alimentado por insumos de energía y recursos y generador de desperdicios.
- Para Cerdá es “la obra perseverante y continua de varias generaciones, de varios siglos, de varias civilizaciones... la ciudad es como una formación geológica, en que cada estrato representa a los ojos del sabio observador el exacto estado de la naturaleza en el momento de su formación.
- Para Marx es el espacio en que se reproduce la fuerza de trabajo.

Parece evidente que esos artefactos llamados ciudades son percibidos de modo muy diverso por sus ciudadanos, y entendidos de forma distinta según el bagaje cognoscitivo con que se acometa su análisis. Quizás por ello cobra cada vez más cuerpo la idea de que la urbanística, en cuanto disciplina especializada en la construcción de la ciudad, es transdisciplinaria, y ese carácter transversal es precisamente su nexo de unión con las ciencias ambientales, con las que comparte cuando menos un elemento básico: el territorio como sujeto de análisis y campo de intervención.

Si la imbricación entre ciudad y medio ambiente, o urbanística y ciencias ambientales en términos de disciplina científica, es obvia, la relación entre ambas y la cooperación al desarrollo es menos evidente, aunque no por ello menos cierta. El elemento de enlace entre ciudad, medio ambiente y cooperación son los derechos humanos. La lectura de los documentos elaborados por  HIC (Habitat International Coalition), una plataforma integrada principalmente por organizaciones del Sur, para las sesiones preparatorias de la Conferencia de Estambul sobre los Asentamientos Humanos de 1996, pone de manifiesto que el derecho a un hábitat digno es una reivindicación de las poblaciones de los países del sur, que están sufriendo los efectos del éxodo masivo desde el medio rural hacia las ciudades, derecho que se demanda  con la misma intensidad que el derecho al trabajo y, desgraciadamente, con más fuerza que la equiparación de los derechos de las mujeres con los disfrutados por la otra mitad del género humano. La propia Declaración de Estambul, a pesar de la retórica que suele acompañar a los textos de la diplomacia internacional, es bastante clara cuando dice:

“... reconocemos que las ciudades y los pueblos son centros de civilización y fuente de desarrollo económico y del progreso social, cultural, espiritual y científico. Debemos aprovechar las oportunidades que nos ofrecen nuestros asentamientos y preservar su diversidad a fin de fomentar la solidaridad entre nuestros pueblos” (Art. 2)

“Para mejorar la calidad de vida de los asentamientos humanos, debemos luchar contra el deterioro de su condiciones...A tal fin, debemos encarar de manera amplia las modalidades de producción y consumo insostenibles, sobre todo en los países industrializados; los cambios demográficos insostenibles, incluidas la estructura y distribución de la población; las personas sin hogar; el aumento de la pobreza; la exclusión social; la inestabilidad de la familia; la insuficiencia de recursos; la falta de infraestructura y servicios básicos, la ausencia de una planificación adecuada, el aumento de la inseguridad y de la violencia; la degradación del medio ambiente y el aumento de la vulnerabilidad ante los desastres”.

Aunque la enumeración de problemas de la Declaración de Estambul pueda parecer catastrofista, la realidad es aún más tenebrosa. Por dar algún dato:

- El informe de Chen[1] sobre el hambre en el mundo muestra que un 31% de la población mundial padece desnutrición.
- El informe de la Organización Mundial de la Salud de 1989 indicaba que 11 millones de niños morían anualmente en los países del sur por enfermedades que pueden ser prevenidas y tratadas a un bajo coste, como la diarrea, la difteria o el sarampión.
- El informe de UNICEF[2] de 1990  muestra que la esperanza de vida en los países de África Central y Subsahariana se encuentra entre los 41 y los 51 años.
- El último informe de Caritas indica que en España existen 8 millones de personas, es decir un 21% de la población, por debajo del umbral de la pobreza.

Si se tiende a considerar que el acceso a un hábitat digno es un derecho humano fundamental, y cabe pensar que solo razones económicas impiden un reconocimiento  explícito de ese derecho, el escalón siguiente es proveer los medios para ejercer ese derecho, que está hoy fuera del alcance de una porción sustantiva de la humanidad, y es aquí donde entra en juego el tercer tema del Encuentro: la cooperación al desarrollo.

Aquí, aún a riesgo de caer en la digresión,  quisiera introducir una llamada a la reflexión sobre el concepto de solidaridad, presente en el membrete “La construcción de un mundo solidario” bajo el que se agrupan las ponencias del bloque de cooperación. La palabra solidaridad se emplea en la actualidad constantemente y para designar conceptos tan diversos que comienza a perder sentido. El Diccionario de la Academia da tres acepciones de la palabra:

- La primera es “modo de derecho u obligación in sólidum".
- La segunda es “adhesión circunstancial a la causa y empresa de otros”.
- La tercera es “en sociología, característica de la sociabilidad que inclina al hombre a sentirse unido a sus semejantes y a la cooperación con ellos”.

En mi opinión la tercera acepción describe la motivación que mueve a determinado tipo de comportamientos, mientras que la segunda define bastante bien  el punto de vista dominante en el mundo occidental, en que las reacciones solidarias son mayoritariamente circunstanciales, y suelen estar circunscritas a determinados momentos del año – como es la Navidad – o desencadenadas por desastres naturales o provocados. Esta afirmación no pretende introducir juicios de valor, sino constatar  una realidad a cuya formación contribuyen causas diversas, entre ellas el recurso a técnicas de marketing en el lanzamiento de campañas de recogida de fondos por parte de las ONG, que en ocasiones difunden imágenes morbosas y truculentas  para generar una mala conciencia, que actúe sobre el bolsillo. Los problemas del Sur no pueden resolverse mediante actuaciones puntuales y de coyuntura que, en el mejor de los casos, son paliativos temporales de los síntomas de una enfermedad crónica. Los problemas de los países del Sur, y de los grupos sociales desfavorecidos de los países del Norte, no son coyunturales sino estructurales, y su resolución requiere intervenciones radicales y mantenidas en el tiempo. Por ello sería deseable que se impusiera la primera acepción del Diccionario, y que  solidaridad significase para  todos un compromiso sólido para erradicar la injusticia.

Si se está argumentando que existe una relación intrínseca entre medio ambiente, ciudad y solidaridad, la pregunta casi inmediata es como se traduce ese punto de vista en la actuación de una ONG en teoría especializada en los aspectos constructivos de la cooperación al desarrollo. En principio cabe decir que no existen recetas de manual, y que es forzoso trabajar en cada caso concreto desde el posibilismo y la reflexión, persiguiendo si no las soluciones mejores, si las que conlleven menores impactos negativos y costes de todo tipo, en un análisis de ciclo de vida del producto que se construye. Incorporar a los programas y proyectos de cooperación al desarrollo  criterios ambientales implica no solo la reducción de su impacto ambiental, sino  comprender lo que el medio ambiente supone para la sociedad local, y por tanto introducir perspectivas sociales y culturales. Algunas de las prácticas productivas y constructivas tradicionales pueden servir como punto de partida para implementar modelos eficaces de gestión ambiental, desde el respeto y preservación de los ecosistemas básicos y de la identidad cultural de la gente. En el terreno  concreto de la construcción, ello llevaría por ejemplo a incorporar principios de arquitectura bioclimática o tecnologías constructivas tradicionales: barro, chincha, etc.

Retomando el esquema expositivo planteado al inicio, el segundo tema de reflexión sería la mujer como agente del proceso constructivo, que a los efectos de esta ponencia interesa, no desde la óptica de la mujer como autora de la obra de arquitectura, (aspecto que en el caso de los proyectos de ASF-E ofrece escaso juego, ya que en nuestra organización los proyectos de cooperación y constructivos se entienden como fruto de la creación colectiva, y no de la individual), sino como agente del desarrollo en todos los campos, y entre ellos el constructivo. Aquí es ineludible recordar que no todos los habitantes de los países del Sur, ni todos los miembros de los grupos sociales excluidos en los países del Norte tienen el mismo nivel de riesgo frente a los factores que generan la pobreza, y las mujeres se encuentran en uno y otro caso entre los individuos con mayor nivel de riesgo. Por citar algunos hechos:

- La distribución de los alimentos en el seno de los hogares no es igualitaria, sino que en muchos lugares del mundo y en el seno de algunas clases sociales los niveles de desnutrición de las niñas superan a los de los varones, con la consiguiente repercusión en el grado de morbilidad y mortalidad. La desigualdad en el reparto alimentario tiende a reducirse cuando la participación de la mujer en la producción es mayor y está reconocida, y cuando el grado de autonomía femenina es más  alto.

- La subordinación de la mujer es universal, aunque las relaciones de género, o si se prefiere el significado de ser hombre o mujer varia en cada sociedad  en función del sistema de creencias, del sistema político, de factores culturales o de la organización de la economía local. A pesar de esa variedad, los datos de Naciones Unidas[3] muestran que en los países desarrollados, a igualdad de trabajo los salarios de las mujeres fluctúan entre el 45% de Japón y el 91% de Suecia, con un promedio del 75% de los salarios masculinos. En los países en desarrollo la situación es similar, variando del 49% de Corea del Sur al 82% de El Salvador, con un promedio en torno al 70%. La situación de subordinación se mantiene en países en que la economía informal constituye la principal fuente de ingresos de las familias, a pesar de la fuerte presencia de las mujeres en ese tipo de economía.

- El acceso de la mujer a la propiedad de la tierra está vedado en muchas culturas, y cuando se admite los derechos de herencia de las mujeres suelen ser inferiores a los de los hombres, lo que refuerza una relación de dependencia de las mujeres respecto al varón cabeza de familia.

- La división sexual del trabajo es otro aspecto de la subordinación de las mujeres, y no solo la tradicional distinción entre trabajo productivo y trabajo doméstico – sino la consideración como “femeninas” o “masculinas” de profesiones o tareas concretas.

- Las políticas de ajuste estructural de los años 80 han tenido con frecuencia un efecto negativo mayor sobre las mujeres que sobre los hombres. Dichas políticas han contemplado una reducción general de los servicios sociales, o la imposición de costes sobre los usuarios, con consecuencias como por ejemplo el caso de Jamaica, donde se duplicaron las muertes relacionadas con partos.

El inventario de la discriminación por género es tan extenso que no merece la pena insistir en el tema, basta abundar en la “rentabilidad” de los proyectos de cooperación vinculados al desarrollo de las mujeres, que no solo actúan sobre uno de los sectores de beneficiarios con mayor grado de desposesión y exclusión, sino que arrastran un efecto en cadena sobre el bienestar de niños y ancianos. Aún cuando la casi totalidad de los organismos donantes de fondos para cooperación incluyen entre sus exigencias el análisis del impacto de género de las actuaciones, debe decirse que el enfoque de los procesos de desarrollo continua anclado profundamente en el sistema desigual de relaciones entre hombres y mujeres y que, quizás por la profunda resistencia al cambio que tienen algunos aspectos culturales, suele olvidarse que en todas las sociedades las políticas y acciones de desarrollo inevitablemente afectan y son afectadas por las relaciones de género, y que todas las políticas, por neutrales que parezcan, tienen implicaciones de género.

En cierto modo, y como suelen decir las eco-feministas[4], el medio ambiente y la mujer han sido tratados históricamente como externalidades en el sentido económico del término por ello, desde ese punto de vista, la inclusión de los costes ambientales o de género en la toma de decisiones económicas sería la mejor forma de contribuir a un desarrollo sostenible.

Todos los proyectos que se comentan más adelante tienen una componente importante de capacitación a las mujeres, por lo que habrá lugar para volver al papel de la mujer como agente del desarrollo.

Los comentarios anteriores sobre enfoque medioambiental y enfoque de género en cooperación al desarrollo, han apuntado ya claves de la necesidad de trabajar de forma participativa en las acciones de cooperación al desarrollo. Aunque el grueso de los flujos económicos destinados en el mundo a cooperación se  canalizan por la vía de la cooperación bilateral, es decir entre gobiernos u organizaciones, hace más de dos décadas que Naciones Unidas, a través del PNUD reconoció los aspectos positivos de la capacitación desde la base de la comunidad mediante la acción de ONG's, por entender  que este tipo de intervención desencadenaba procesos de desarrollo que, en algunas experiencias, se habían demostrado más eficaces en la lucha contra la pobreza que la actuación del Estado. No obstante, ni las ONG's pueden suplir la acción estatal – como parece ser la aspiración del neoliberalismo económico – ni el hecho de trabajar desde la base implica que una ONG trabaje de forma participativa con la comunidad beneficiaria. Trabajar con la comunidad implica:

- Que las relaciones con las ONG o asociaciones locales destinatarias del proyecto han de estar regidas por el respeto mutuo, el tratamiento paritario, el diálogo y la comunicación permanente.
- Que la contraparte local ha de estar enraizada en el terreno,  ser representativa del grupo social beneficiario y estar involucrada en su desarrollo.
- Que la toma de decisiones ha de ser colegiada etc.

Quizás el elemento clave de un enfoque participativo de la cooperación sea que la ONG del Norte debe tener presente que el fin primero y último de su trabajo es el desarrollo de los beneficiarios, lo que supone trastocar su condición actual de objetos por la de sujetos del desarrollo. La aplicación de los criterios antes expuestos a la práctica de un proyecto constructivo no difiere en gran cosa del método de proyecto desarrollado por el argentino Rodolfo Livingston y aplicado en su trabajo por Hábitat Cuba dentro del programa El Arquitecto de la Comunidad[5]

En esencia la metodología de redacción de un proyecto constructivo participado contempla una serie de aproximaciones sucesivas:

- Un primer estadio en que el técnico recoge en el terreno toda la información relevante para el proyecto, tanto desde la óptica constructiva como desde la social, de forma que puedan condicionarse los conocerse los condicionantes físicos, sociales y económicos en que se enmarca el proyecto.
- Un segundo estadio, que puede coincidir con el anterior, en el que se recaba de forma directa – mediante encuesta o entrevista – la opinión de los destinatarios sobre los problemas a resolver en el proyecto, el modo de resolverlos y  el orden de prioridades.
- Un tercer estadio en el que el técnico ordena los aspectos básicos a resolver, establece las líneas maestras del proyecto con criterios de viabilidad, y bosqueja las alternativas de diseño posibles, que son debatidas con el grupo beneficiario.
- Por último, y una vez seleccionada la alternativa más adecuada a las necesidades y preferencias del destinatario se elaboraría el proyecto definitivo.

El método implica una relación directa y continuada entre técnicos y usuarios, y requiere unos tiempos de redacción de proyecto algo mayores que los habituales, pero ofrece ventajas evidentes:

- Compromete por igual a técnicos y beneficiarios en el futuro del proyecto, que es condición sine qua non para llevarlo a buen término, especialmente si su consecución requiere un esfuerzo importante por ambas partes, como suele ser el caso en los proyectos de autoconstrucción.
- Permite un conocimiento más completo de los problemas, y consiguientemente facilita abordar su solución con el adecuado bagaje de conocimiento.
- Facilita la transferencia tecnológica y de conocimiento, y la capacitación de la población beneficiaria.
- Propicia una relación personal y profesional más profunda entre técnicos y beneficiarios, lo que es particularmente importante en el caso en que los primeros procedan de un país del Norte, ya que enriquece la sensibilización de las poblaciones del Norte al aportar una información cualificada sobre la situación del Sur.

Por último, y antes de entrar a comentar los proyectos, una observación a vuela pluma sobre la relación entre arquitectura y cooperación, o por mejor decir sobre el tratamiento de la arquitectura en los aspectos constructivos de la cooperación para el desarrollo. De los tres elementos que Vitruvio [6]  consideraba debían caracterizar la arquitectura de los edificios, las construcciones contempladas en los proyectos de cooperación al desarrollo contemplan siempre la comodidad y la firmeza, no ignoran la hermosura, pero no es este el elemento primordial de preocupación.

PROYECTO 1. SALUBRIDAD EN BARRIOS MARGINALES, SAN CRISTÓBAL. REPUBLICA DOMINICANA.
FASE 1 CAÑADA PISCINA Y JERINGA.

El presente proyecto consiste en la Fase primera de un conjunto de actuaciones situadas en los  barrios marginales de San Cristóbal, en las orillas del río Nigua y el Yubazo. Se trata de los barrios denominados Zona Verde, Piscina, Jeringa y Las Flores.

Las actuaciones pretenden dotar a estos barrios del nivel de infraestructuras mínimo que permita erradicar las deficientes condiciones higiénico-sanitarias en las que se desarrolla la vida de los pobladores, hoy agravadas por las devastaciones causadas por el huracán George, el cual ha provocado la inundación generalizada de los barrios, la rotura de la canalización del río y el desbordamiento de las cañadas naturales que cruzan los barrios.

San Cristóbal se sitúa al Oeste de Santo Domingo, a unos cuarenta minutos por la autopista. La ciudad ha sufrido un crecimiento explosivo en los últimos años: la cercanía a la capital del país, y la facilidad de transporte que asegura la comunicación con el resto del país, hacen hoy de San Cristóbal una ciudad de la periferia metropolitana que ha recibido oleadas de inmigrantes procedentes del suroeste del país (Bani, San Pedro de Macorís,...). Presenta uno de los índices más elevados de hacinamiento del de toda la República.

El Municipio de San Cristóbal, según el censo de 1993, tiene 160.576 habitantes, con una densidad de 482,2 hb/km². Es el tercero de mayor población del país, después de Santiago y Santo Domingo. Un 20% de la población indicada vive en los barrios mencionados, alcanzando una densidad estimada en torno a los 60.000 hb/km². Las tasas de fecundidad (3,5 hijos/mujer) son elevadas, y la mortalidad infantil alcanza la tasa de 26,2/1000 nacimientos,  siendo muy superior a estas cifra en los barrios indicados. El índice de desempleo medio municipal es  de 30%, cifra que parece duplicarse en la zona del proyecto.

San Cristóbal se situaba a una prudencial distancia de los ríos Nigua y Yubazo, cuyas crecidas estacionales son muy destructivas. Este río está semicanalizado, pero las obras de encauzamiento, de dudosa eficacia y deficiente ejecución, están detenidas por falta de fondos, y las que estaban finalizadas han sido destruidas por el Huracán George. Entre el río y el casco urbano es donde se han implantado los barrios mencionados, que son los que absorben el contingente de inmigrantes.

Estos cuatro barrios se encuentran atravesados por cinco cañadas, por las que transcurren los efluentes fecales, que provenientes de la ciudad, se entregan al río sin depurar, a cielo abierto, y que forman parte de los itinerarios habituales en el interior de estos barrios. Al conjunto de inconvenientes hay que añadir los efectos de los huracanes que, periódicamente, destruyen partes completas del barrio, formado en su mayor parte por chabolas de lata. Su situación al borde de los ríos, en las zonas de riesgo provoca continuas inundaciones causadas por las continuas crecidas fluviales y del curso de los efluentes fecales antes citados.

El cuadro clínico es preocupante y la mortalidad infantil por deshidratación provocada por la diarrea es acorde con la situación. Muchos damnificados por los huracanes llevan viviendo años en el estadio y en el mercado municipal. Las condiciones de salubridad se ven agravadas por la incapacidad del Ayuntamiento de recoger la basura: una vez por semana pasaba el camión municipal, pero se ha suspendido el servicio sin explicaciones. El resto va al cauce del río, y allí se mezcla con los deshechos clínicos del Hospital de San Cristóbal.

A invitación del IDAC, organización (contraparte) local que lleva años trabajando en estos barrios en el sector de salud, se visitaron los barrios a principios de 1997, pudiéndose constatar la desmesurada entidad del problema.

La falta de cualquier tipo de información cartográfica fiable, hizo necesario un estudio previo de los barrios, con levantamientos de planos de la zona, identificar las cuencas de vertido y los cursos de los efluentes fecales con precisión, y realizar (gracias a la colaboración vecinal) 6.000 encuestas entre los habitantes, con el fin de fijar con exactitud el perfil poblacional de los eventuales pobladores, al igual que entrar en conocimiento de las organizaciones de barrio, con la Corporación Municipal y con el Consejo Nacional de Asuntos Urbanos (CONAU). Entre todos estos organismos se intentó enfocar el proyecto, a partir de las necesidades principales de los beneficiarios.

La fase primera de este proyecto se presenta sobre dos de las vaguadas (cañadas) más peligrosas: las que vertebran los Barrios de Piscina y Jeringa. Consiste en la canalización de los efluentes fecales y pluviales que discurren por las cañadas y la construcción de la red básica de abastecimiento de agua, lo que exige actuar sobre las edificaciones que están obturando el paso de las aguas, realojando a sus habitantes en el mismo barrios y utilizando el realojo como operación piloto, cuyo efecto demostrativo ha de propiciar futuras intervenciones en materia de reestructuración urbana. Contempla también el proyecto la educación sanitaria de la población de los barrios, la racionalización del servicio de basuras, y la creación de itinerarios secos de comunicación aprovechando las obras indicadas.

PROYECTO 2. MEJORA DE LA PRODUCCIÓN DE MATERIALES LOCALES EN MOPTI. MALI

El proyecto pretende apoyar y fomentar las técnicas de fabricación de productos cerámicos y de construcción tradicionales, mejorando la calidad de los mismos  y las condiciones de fabricación.

Según la clasificación de Naciones Unidas, todos los países que conforman la franja africana del Sahel se encuentran entre los diez más pobres del mundo. Mali, punto de conexión entre el desierto y los demás países sahelianos, fue centro de numerosas culturas negroafricanas y magrebíes. De esta manera, cuenta con una rica tradición cultural que se trasluce en la arquitectura, la artesanía, las costumbres,... Hoy, el grave problema de la desertización se une a los de índole económica y a la total dependencia exterior para su desarrollo. Siendo un país dotado de  recursos naturales, humanos y culturales propios, el fomento de un desarrollo local endógeno y la lucha contra la desertización son aspectos fundamentales para la sociedad maliense.

La tradición arquitectónica en esta zona del Sahel es muy rica. El hombre aporta al medio la mayor parte de  los recursos necesarios para la construcción del hábitat. La organización de mujeres AAPFM, creada por FISA-Mali, sigue fabricando materiales de construcción (placas de revestimiento, ladrillos y gárgolas), y artesanía según las técnicas tradicionales de moldeo y cocción de la tierra.

El proyecto apoya el trabajo de este grupo de mujeres con el objetivo de conseguir un producto cerámico de mayor calidad y durabilidad, con lo que se promoverá un desarrollo económico local y una mejora de la calidad del hábitat, al ser estos productos utilizados habitualmente en la construcción.

El proyecto propone la puesta en marcha de dos unidades de fabricación de productos cerámicos. Cada unidad se compone de un horno de pequeña capacidad y varias zonas de trabajo: preparación de la tierra, moldeo, secado y almacenaje. En la actualidad el sistema de cocción es muy rudimentario (se rodean los productos de madera y se prende al aire libre), con un gasto excesivo de madera y una cocción irregular e inadecuada de los productos, quedando una gran parte de los mismos inservibles. En un primer momento los hornos propuestos utilizaban como combustible la cáscara de arroz o el excremento de vaca, con un mínimo aporte de madera, algo muy importante en estas zonas. A lo largo del proyecto se tuvieron que cambiar  el modelo de hornos por unos más  pequeños de combustión cerrada, empleando como combustible madera de deshecho. Este cambio fue provocado por el repentino cierre de la única fábrica de producción de cáscara de arroz, que proporcionaba el combustible necesario. Las producciones de arroz de los propios habitantes son insuficientes,  y la escasa cantidad de cáscara producida es empleada como alimento de los animales. De todas formas el empleo de estos hornos reduce el uso de la madera a un mínimo y la calidad de los productos obtenidos es muy alta.

Este cambio fue acompañado con unos estudios, por parte de agrónomos locales, de repoblación con arbustos y especies que proporcionen esta madera de deshecho sin perjudicar el hábitat.

El proyecto se completa con unos cursos de formación.

Todas las construcciones se realizaron empleando los métodos y los materiales tradicionales, sin introducir ninguna técnica nueva.

Como colofón de esta exposición, y aprovechando que cierra el ciclo del tema de cooperación, querríamos concluir leyendo  el artículo final de la Declaración de Estambul sobre los asentamientos humanos, no porque pensemos que su contenido es real, sino por lo que tiene de meta a conseguir:

“Al acercarnos al siglo XXI, ofrecemos una visión positiva del desarrollo de asentamientos humanos sostenibles, la esperanza de un futuro común y una exhortación a participar en una empresa de indudable valor e interés, la de construir mancomunadamente un mundo en el que todos vivan en un hogar seguro con la promesa de una vida decorosa en condiciones de dignidad, buena salud, seguridad, felicidad y esperanza.”

[1] The Hunger Report. Chen. 1990
[2] UNICEF (1990) State of the World’s Children
[3] Organización de Naciones Unidas. Report on the World Social Situation. (1993)
[4] Ariel Salleh, Environment, women, work and capital: the deepest contradiction. (1994)
[5] El programa se aplica desde 1991, y está principalmente dirigido a obras de rehabilitación y ampliación de viviendas mediante técnicas de autoconstrucción.
[6] M. Vitruvio. Los Diez libros de Archîtectura. Libro I. Capítulo III.

Teresa Bonilla y Patricia Pintado.
Arquitectos Sin Fronteras.

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