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W o m e n   w h o   b u i l d

   "DE SUR A NORTE: CIUDADES Y MEDIO AMBIENTE EN AMÉRICA LATINA Y ESPAÑA" MARTA ROMÁN, geógrafa


DE SUR A NORTE
Ciudades y medio ambiente en América Latina y España.

“Entre el Sur y el Norte no hay un océano sino un basurero de prejuicios”. Este texto del grupo de activistas bolivianas Mujeres Creando, escrito como un grito en las paredes de las calles de La Paz y Cochabamba, inspira y acompaña mi intervención.

Me sirvo de una pintada, de un acto callejero realizado por un grupo de mujeres que luchan por sobrevivir en una ciudad cualquiera de América Latina, para incidir en  la raíz política y social de los conflictos ambientales que asolan a las ciudades tanto del norte como del sur y huir de las visiones y planteamientos tecnócratas. Cada vez más la ciudad es un reflejo de la desigualdad en el reparto de recursos y en el acceso a bienes y servicios y se ha convertido en un espacio de conflicto. Como escribe Ulrich Beck “el mundo se ha convertido en un lugar peligrosamente desigual“.

Me interesa recalcar la acción de Mujeres Creando de organizarse colectivamente, tomar las calles y llenarlas de frases líricas como forma protesta, porque representa una pequeña muestra de la vitalidad, la fuerza y la creatividad de los habitantes del Sur.

En estos espacios, asediados por graves carencias que afectan a una inmensa población y en donde los Estados se ven incapaces de asumir y gestionar muchas de las necesidades básicas de la colectividad (acceso a la vivienda, agua potable, luz, saneamiento...) la sociedad civil ha asumido un papel decisivo en la marcha de su propio destino.

Allí donde la mirada del norte espera caos, se descubre una intensa organización de base e ingentes esfuerzos individuales y colectivos en  todos los planos y en todos los ámbitos de la vida para hacer funcionar las ciudades: desde construir la vivienda entre los miembros de la familia y los vecinos, organizar comedores comunales cuando escasean los alimentos, crear ambulatorios y proveerse de medicamentos a base de la recolección de plantas medicinales, allí donde los médicos no llegan. Un  sin fin de estrategias de supervivencia, un sin fin de milagros basados en la ayuda mutua, la organización informal y el apoyo vecinal.

En este sentido, me gustaría destacar el papel de las mujeres como “hacedoras” de ciudad. Según CEPAL en América Latina un 37% de las viviendas son inadecuadas para su uso. Las mujeres, en su papel de responsables de su entorno doméstico, se ven doblemente afectadas cuando fallan los servicios básicos, se ven afectadas como usuarias y como responsables que tienen que suplir con su trabajo y con su esfuerzo esa carencia: acarreando agua, gestionando la forma de conseguir energía, alimentos y haciéndose cargo de la eliminación de los residuos.

Las difíciles condiciones del entorno no son sólo un problema de gestión y un sumidero de tiempo y esfuerzo sino que la degradación urbana degrada al ser humano que vive allí:

Sentirse deprimido, engañado, amargado, desesperado, asustado, indignado, preocupado por las deudas o por la inseguridad del trabajo o la vivienda; sentirse devaluado, inútil, impotente, olvidado, sin esperanza, aislado, ansioso o fracasado: estos sentimientos pueden dominar la experiencia vital de la gente, colorear toda su vida (...) El entorno material es ante todo la marca indeleble y el recuerdo constante del hecho opresivo del propio fracaso, de la atrofia de cualquier sentimiento d pertenecer a una comunidad y de la propia exclusión y devaluación como ser humano” Richard Wilkinson.

“Entre el Norte y el Sur, De Sur a Norte.....”. En nuestro proyecto invertimos los términos con el afán de buscar otras formas de acercarnos y percibir la realidad. Cuestionar ese norte situado por encima del sur y poner en entredicho, desde el punto de vista ambiental que era lo que estábamos tratando, al norte como “el modelo” deseable, el camino a seguir y dejar de pensar en el resto del planeta como aspirantes eternos a Norte.

Un sur y un norte que lejos de seguir uno al otro o de aproximarse, no para de alejarse. En el nuevo mapa de la llamada globalización, uno de los aspectos más destacados del proceso es la polarización del mundo entre zonas de atracción (de mano de obra, materiales, bienes e información) y zonas de apropiación y vertido, tomando este concepto de José Manuel Naredo. Él explica este fenómeno que se produce a escala planetaria entre países ricos y pobres y se reproduce y repite a distintas escalas: entre regiones, entre las áreas rurales y urbanas, entre los barrios ricos y pobres de la ciudad. Además estos flujos de capital, información, personas y bienes, distorsionan y transforman los lugares, desde la más pequeña aldea que ya deja de cultivar para su autoconsumo y ahora destina sus campos a productos de exportación, hasta las megalópolis que se convierten en el destino obligado de inmigrantes por percibirse como espacios de oportunidad. México o Sao Paulo han llegado a crecer a un ritmo de 300.000 personas al año. Para conocer la envergadura de este proceso, lo comparamos con Madrid que creció en su época más activa a un ritmo de 75.000 personas anuales, durante los años 60. Y ese fue el gran “boom” que acarreó enormes problemas urbanos por la dificultad de alojar y dar servicios a la nueva población.

Lejos de limarse o de reducirse estas diferencias, la brecha entre el norte y el sur, entre ricos y pobres en todos los lugares no ha cesado de crecer. En sólo 40 años, de 1960 al 2000, el 20% de la población más rica del planeta ha pasado de disponer del 70% a casi el 90% de la renta global. Mientras que el 20% más pobre pasa de disponer del 2,3% al 1%. España, el sur del norte, aparece como miembro de esa parte hegemónica del planeta aunque a algunos les resulte difícil asumir esta posición. La renta per cápita de España dobla a la de los países más ricos de América Latina. En tan sólo veinte años, de 1980 a 2000, el consumo doméstico en los países de la OCDE se ha doblado.

Aunque cuestionado desde distintos ámbitos, sigue todavía muy presente la idea de progreso, como si el devenir del sur en norte fuera cuestión de tiempo y cuestión de ciertas políticas económicas que inyecten un poco de recursos para salir de la crisis. Cuando, precisamente, la existencia del norte se apoya en la desigualdad y en esa inmensa diferencia con el resto del planeta.

Aún así, es frecuente encontrar términos, como “transición”, “en vías de”, que evitan nombrar y reconocer una situación de facto, que al ser indeseable no se acepta como tal y se le atribuye un estado transitorio.

En el caso de la salud, se sigue hablando de “transición epidemiológica de los países del sur”, del paso de un modelo de enfermedades contagiosas (perinatales, diarrea y respiratorias) a un modelo propio del Norte de enfermedades que no se producen por contagio (accidentes, cardiovasculares y depresión). Lo dramático es que el nuevo modelo del sur no consiste en pasar de uno a otro sino que lo que están experimentando las ciudades latinas es que se acumulan ambos modelos, lo peor de los dos mundos. De hecho, aunque parezca sorprendente, la depresión será según previsiones de la OMS, en el 2020 la causa principal de enfermedad de los países del sur.

Un ejemplo también muy significativo de no nombrar y obviar una realidad nos lo contará Verena Andreatta sobre el caso de las favelas. Durante los años setenta y ochenta, los poderes municipales de Río de Janeiro y de otras muchas ciudades, se negaban a reconocer esa realidad y esos las favelas eran “agujeros negros” en la trama urbana: no se dibujaban en los planos, no tenían nombre las calles, los vecinos no contaban con dirección postal, esto es, “no existían”. Precisamente, uno de los proyectos estrella –el programa Favela-Bairro- parte del reconocimiento formal de esa situación y, en vez de negarla o querer borrarla del mapa, su posición de arranque es “la favela es la solución” y coordina toda una serie de programas urbanísticos y sociales para integrar las favelas en la ciudad.

“Entre el Norte y el Sur no hay un océano sino un basurero”. Me voy a detener en la palabra basurero ya que es llamativa la obsesión colectiva con relación a la asepsia y a limpieza. Lo curioso es que no nos preocupa excesivamente el aire que respiramos, el destino de lo que a diario echamos al cubo de basura, o el tratamiento de los residuos radioactivos de nuestras centrales nucleares, no, la preocupación principal que desvelan las encuestas se centra en la suciedad que vemos, la próxima: las cacas del perro en la esquina, las pintadas y los papeles de las aceras. 

En el norte hemos aprendido es a esconder, difuminar y disimular la mierda. Las condiciones ambientales aparentemente más saludables de nuestras ciudades no se basan en comportamientos más sostenibles, sino en la capacidad de exportar los conflictos y los procesos y las fases de producción más contaminantes y nocivas a otras áreas. La OCDE, con el 15% de la población mundial, es responsable del 77% de los residuos industriales peligrosos y del 80% de los gases de efecto invernadero. Mientras el norte invisibiliza y traslada los conflictos, los habitantes del sur se ven abocados a convivir con su propia basura y con la que les exportamos.

Mujeres Creando habla de un basurero “de prejuicios” Una de las intenciones casi obsesivas que guiaron nuestro trabajo fue la de remover los prejuicios que tenemos instalados sobre América Latina, sobre inmigración, sobre medio ambiente, sobre la pobreza, sobre los otros, sobre lo diferente.

Por ejemplo, desde el norte hay un temor enorme al crecimiento de población de los países del sur y se percibe como una amenaza para el bienestar del planeta. Es importante romper la asociación de problemas ambientales con el incremento de población, como si las poblaciones del Sur fuesen culpables del deterioro ecológico. Precisamente son las sociedades más desarrolladas y las formas de vida de los ricos las que generan los mayores conflictos del planeta.

Hay  hechos y acciones que muestran que una política social, dirigida a un mejor reparto de recursos transforma radicalmente las condiciones y la calidad de vida urbana de los habitantes. El ejemplo de Porto Allegre, conocido por sus presupuestos participativos, ha conseguido acometer infraestructura de saneamiento y abastecimiento para prácticamente toda su población y ha conseguido que la esperanza de vida sea igual a la  de las ciudades europeas, 20 o 30 años por encima de otros centros urbanos de la región, aunque sea una de las ciudades que más ha aumentado en los últimos 50 años. Es decir, que ha tenido unas condiciones más complicadas para gestionarlo.

Mostrar la insostenibilidad de nuestros sistemas urbanos es sólo cuestión de pararse a analizar los datos y a mirar con detenimiento los cambios que aceleradamente se están dando en nuestro “pulcro” paisaje. En el caso de Madrid, en las últimas décadas, la población a penas ha crecido y el territorio ocupado y los recursos consumidos se han duplicado ¿es esto sostenibilidad?.

La otra vuelta de tuerca que me gustaría introducir es que nuestra forma de vida, que se muestra además como la deseable para todo el planeta, no sólo se apoya en la desigualdad y el deterioro ambiental, sino que tampoco resulta cómoda y eficiente para los ciudadanos y ciudadanas que vivimos aquí. Las ciudades se han convertido en máquinas enormemente ineficaces que acaparan cada vez más territorio, que exigen cada vez más aporte de energía y que exprimen el tiempo de los ciudadanos.

A modo de homenaje póstumo, comentar uno de los ejemplos que hemos incluido en la exposición que es el cálculo que Iván Illich hizo sobre el tiempo que el ciudadano motorizado moderno dedicaba a su vehículo:

“(....) Le consagra cuatro horas al día en las que se sirve de él, se ocupa de él o trabaja para él. (...)Estas 1.500 horas anuales le sirven para hacer unos 10.000 km. de camino, o sea 6 km. en una hora. Es exactamente lo mismo que alcanzan los hombres en los países que no tienen industria del transporte.” (Ivan Illich)

Tras este cálculo que nos hace cuestionar esos ideales de velocidad, de inmediatez, o de calidad de vida, voy a finalizar mi intervención con otra frase contundente de Mujeres Creando “Se feliz, renuncia a tus privilegios”.

Marta Román (geógrafa)
Gea21. Mayo 2003

* Esta intervención se inició con una proyección de diapositivas de la exposición  “ DE SUR A NORTE. CIUDADES Y MEDIO AMBIENTE EN AMÉRICA LATINA, ESPAÑA Y PORTUGAL”. Exposición celebrada en Madrid, dentro del ciclo inaugural de La Casa Encendida (noviembre 2002- enero 2003).

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