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L A M U J E R C O N S T R U Y E W o m e n w h o b u i l d |
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"LAS MUJERES DE LA
BOCA, IDEOLOGÍA Y ESPACIO
EN UN BARRIO DE BUENOS AIRES, 1870-1890 |
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Aunque tradicionalmente se ha relacionado al anarquismo con el campesinado e incluso se caracteriza a la población dispersa aislada como de raíz anarquista -en el sentido Dadá- (el movimiento precursor del surrealismo), no parece haber sucedido esto en nuestro país. Por el contrario, la zona de La Boca se caracteriza por su alta densidad (a partir de alrededor de los años '70 del siglo pasado, casas de dos pisos y conventillo) y por su urbanidad, es decir, por su forma social urbana. Y es aquí donde aparece la mujer, "dueña" del conventillo, la que permanece en él más horas, lavando, tendiendo, cocinando, mientras vigila a los niños en la calle desde sus balcones. Se relaciona estrechamente con otras mujeres y otras familias dada la necesidad física, dentro de los patios. En el lavadero accede luego al agua y a una concentración de trabajadoras, de hecho. No cabe duda de que coexiste al mismo tiempo una cantidad grande de hombres solos o solteros, marineros, jornaleros, también relacionados entre sí y compartiendo el hábitat. Es decir, existen en cierto sentido, dos comunidades separadas y así se hace necesario revisar el espacio donde la mujer se movía. No sólo el propio conventillo donde se encuentra con los más próximos, sino también el barrio, sus distancias, su evolución y sus lugares de reunión. Sobre la base de los datos extrapolados del contexto general, trataré de analizar las condiciones de la mujer inmigrante y criolla en La Boca y sus posibilidades de lucha política. Las crisis económicas
mundiales de 1867 y 1873, de gran repercusión en los problemas
salariales, unidas a la situación europea (1871 es la fecha del
levantamiento y gobierno del pueblo de la Comuna de París, desde donde
llegarán muchos emigrados), la epidemia de fiebre amarilla, la de cólera,
las guerras civiles, convierten a Buenos Aires en un polvorín. El descontento de la población
trabajadora que se materializará en la huelga de marineros de La Boca,
el incendio del Colegio del Salvador etc., mantendrán al barrio en
estado de efervescencia. No cabe duda de que en La Boca
obra un fermento anticlerical relacionado especialmente con la masonería,
el garibaldismo, el mazzinismo, los grupos de la Comuna, etc. A través
de la investigación de estos hechos, consultando fuentes diversas, se
ha llegado a detectar a distintos héroes anónimos. Naturalmente, todos
estos protagonistas fueron hombres, siendo estas acciones
particularmente masculinas, llevadas a cabo por marineros y calafates,
carpinteros, pilotos y constructores de ribera, dentro de un mundo no sólo
varonil, sino excluyente de la mujer, dejándola por así decir, "fuera
de borda". Buenos Aires es, hacia 1850,
una ciudad desprovista de hombres jóvenes (según Marmier, por ejemplo,
viajero de la época) (1), en cambio, hacia 1875, el porcentaje de
masculinidad se ha elevado muchísimo y la situación se ha revertido.
Buenos Aires es ahora una ciudad de hombres, especialmente dentro de las
clases trabajadoras. La cantidad de hombres es cada vez mayor, lo cual
va formando un clima masculino en la ciudad, los intereses son los de
los hombres, algunos expresados en forma brutal; la prostitución se
desarrolla en forma vertiginosa. (2) En toda la ciudad, pero
especialmente en los barrios, como en La Boca, alcanza niveles aún más
sórdidos, siendo un centro de marineros y hombres solos ya desde
antiguo. Aparece aquí, por un lado, la
valorización de la mujer como objeto en el mercado matrimonial,
especialmente dentro de la clase trabajadora y por el otro, la
preponderancia de la masculinidad desvaloriza las acciones femeninas. Se une a la facilidad para
encontrar pareja, aunque ilegítima, a veces con hogares dobles, en la
ribera del Uruguay, Rosario, Entre Ríos, etc. Existen además, razones
etno-culturales para esta agudización de la puesta en práctica de los
valores masculinos. La población criolla de La Boca, litoralense en su
mayoría, formada por paraguayos, misioneros, correntinos, de fuerte
influencia guaraní, viven según una concepción del mundo
especialmente machista, uniéndose a los grupos italianos conservadores
(en lo que se refiere al papel de la mujer en la sociedad). La náutica
y la lucha contra el río son acciones y profesiones aún hoy reservadas
al mundo masculino. Estos
hechos entran en contradicción con el discurso abierto e idealizador,
llegado esencialmente desde el mazzinismo (Mazzini contempla la liberación
de la mujer y compara su situación con la de los negros esclavos de la
época) (3), con una práctica de gran avanzada protagonizada por Anita
Garibaldi en América, que recoge la tradición de las mujeres brasileñas
y que muere luchando junto a su marido en Europa. Súmanse a estos
ejemplos los de las muchachas de la Comuna, inolvidables heroínas. A
todo esto se mezcla la gran apertura ideológica de la masonería, su
sentido de la redención por el conocimiento y la educación, y su práctica
cerrada, misteriosa y ciertamente discriminatoria (en los comienzos)
respecto de la mujer, tradición que le llega desde sus orígenes de
club inglés, en el siglo XVIII. Por otra parte, y al mismo
tiempo, las ideas renovadoras, tanto criollas como italianas, actúan
sobre un grupo de mujeres de acentuada raíz católica, muy religioso y
pacato en su mayoría, lo que crea contradicciones entre los
rivadavianos, masones y otros grupos.*[1] Un acendrado chauvinismo en
una Italia aún no formada como nación, se une al internacionalismo
militante y se refleja en La Boca, en las pandillas, en los grupos
enfrentados de catalanes y toscanos. (4) Nos encontramos con una
sociedad cosmopolita y multiétnica en su fluir, especialmente entre los
grupos limítrofes, paraguayos, brasileños, uruguayos; dividida en la
práctica en grupos hostiles, hasta entre ligures occidentales y
orientales, lo que no favorece la liberación de la mujer. Las mujeres de La Boca y su formación ideológica Hacia
1870 se producen en La Boca acontecimientos que hablan de formas
distintas de protesta: la protesta política (incendio del Salvador,
atentado a Sarmiento) y la protesta salarial (huelga de marineros de
1871). De la primera, he estudiado el
entorno femenino alrededor de los protagonistas de los hechos. En cuanto
a la segunda, la protesta salarial, la mujer, muy ligada a la casa y al
ámbito familiar, llena de hijos, realizará su trabajo en forma
independiente, en su "hogar"
(pieza de conventillo) como lavandera,
costurera, y a veces como fondera, cocinera, sirvienta (Censo de 1869). Hacia 1880 aparecerán los
lavaderos comunes que, si no ofrecen la posibilidad de luchar por su
salario (no hay comunidad de empleadores) sí la dan para discutir los
alquileres y precios del lugar en las lavanderías. La actividad fabril es rara en
La Boca, sólo se conoce la fábrica Schwartz (de construcciones de
acero) y, hacia 1880, las mujeres del barrio se emplearán en las
diversas fábricas de fósforos, tabaco, velas, de la vecina Barracas;
comenzando no obstante la actividad sindical de las mujeres recién en
1896. (5) Para el análisis de los grupos de mujeres, he preferido
aquellas que: a) Participan de
circunstancias de excepción y situaciones límite, creadas por
epidemias o desgracias, por ejemplo, las que fallecieron durante la
fiebre amarilla , en el verano de 1871, las prostitutas, etc. b) Las amas de casa comunes. c) Las trabajadoras, sobre
todo las lavanderas y d) Aquéllas que componen el
entorno que rodea a los protagonistas de los episodios de rebeldía. En primer lugar, recordemos a las víctimas de la epidemia.
Blanes, pintor uruguayo, ha inmortalizado la saga de Ana Brittiani de 24
años, de La Boca, hallada muerta en un conventillo de la calle Balcarce
No. 384, en marzo de 1871, con su hijita en brazos aún con vida. La niña
fue enviada a la Casa de Expósitos. El marido de Ana estaba enfermo en
La Boca, según se supo, y ella había huido del barrio junto con su
hija para escapar del contagio. La señora Cárcano de Crevier,
emigrada junto con su marido francés en 1868, probablemente por razones
políticas (este último trabajaba en la botería de los Mihanovich,
caudillos de la zona), muere también, según transmisión oral, en
1871, dejando sus dos hijas y su marido, que fallece al poco tiempo. Una
de las niñas desaparece, la otra queda a cargo de la familia Mihanovich,
que la emplea como cocinera de marineros hasta 1883, en que casi
secuestrada (no le era permitido hablar con nadie ni asistir a la
escuela), conoce por señas, y a través de los vidrios de la cocina a
un criollo que se casará con ella mediante Juez de Menores. Este caso fue traído al Seminario por Claudia Deveza, estudiante
de Historia, en 1991. No pudimos verificar estos nombres en el Censo de
1869 de La Boca, pero Alicia Arias, también estudiante de Historia y
nieta de la señora Cárcano, se incorporó al Seminario en 1992.
Tampoco obtuvimos certificación a través de las listas de fallecidos
en la epidemia de 1871. (6) Daniel Ochoa, también estudiante del seminario en el 1er.
cuatrimestre de 1991, estudió las condiciones de los enfermos de 1871
dentro de la población más pauperizada de La Boca (7), a los cuales la
Municipalidad hubo de pagar los gastos de entierro. De 16 casos
recogidos en documentos de Salud Pública en el archivo de la calle
Pringles, encontramos sólo dos mujeres. Este hecho no resulta
especialmente significativo, considerando que existe un porcentaje alto
de hombres que viven solos, y que al enfermarse, pierden la posibilidad
hasta de obtener alimentos, por falta de ayuda. Por mi parte busqué estos
nombres en el Censo de 1869, encontrando a varios de ellos en la zona más
pauperizada de La Boca (hacia Necochea y Brandsen, cerca del llamado
Arroyo del Piojo, zona criolla). En 1855, según el Censo, se
hallaba una cantidad apreciable de prostitutas en la misma zona, casi
todas ellas criollas, la mayoría correntinas y posiblemente mulatas. En
el Censo de 1869 hay una sola prostituta en la calle Lamadrid, pero
aparecen
"bailarinas" y mujeres solteras y sin
oficio, lo que nos habla de una modalidad censal diferente. El mismo
Ochoa estudió la prostitución sobre los expedientes de Salud Pública,
y encontramos, (citados por el comisario O'Gorman), algunas quejas sobre
la utilización constante de las casillas de madera de la Plazoleta de
La Boca (construidas para depósito de herramientas, durante las
mejoras introducidas en la citada plaza), por mujeres, algunas de ellas
menores de edad que, dirigidas por rufianes extranjeros, aún no
afincados en la zona, las explotan de esta manera. De sesenta prostíbulos
que funcionaban en la ciudad de 1879, hay uno sólo en La Boca, lo
regentea Manuela Martínez, argentina, y sus pupilas son italianas o austriacas. (8) En 1855 figuran en el Censo
gran cantidad de cigarreras que desaparecerán en el de 1869. Existe la
posibilidad de que el oficio de cigarrera escondiera una prostitución más
discreta, así como la cantidad de modistas que aparecen en los censos
(no ya de La Boca, sino de la ciudad), se cree que responden a una pantalla de la prostitución. En La Boca hay pocas modistas y
entre ellas existe cierto porcentaje de alfabetismo que aleja esta
posibilidad. Las amas de casa Constituyen el grueso de las mujeres adultas de La Boca, puesto
que se casan muy jóvenes. Hay un porcentaje apreciable de parejas no
legalizadas, con varios hijos. A través de los censos (1855
y 1869), es posible apreciar la variedad de hijos nacidos antes del
matrimonio, generalmente en el litoral (Santa Fe, Entre Ríos o bien
Montevideo). Puede también verificarse a través de otras fuentes (Ej:
Juan Ratto, pleito por herencias Testamentería, AGN). Entre las mujeres
de armadores y pilotos es más frecuente encontrar alfabetismo; viven
casi todas en la zona de Vuelta de Rocha, o alrededores (ligures de
Levante y catalanes). Las lavanderas y
la calle "Todavía a principios del siglo XX persistían,
particularmente entre las clases populares y rurales, los antiguos tipos
de sociabilidad, en la taberna para los hombres, en el lavadero para las
mujeres, Esta
afirmación resulta particularmente cierta en el barrio de La Boca, en
el cual persistirán costumbres campesinas o, en el sentido temporal,
del medioevo, especialmente entre los contingentes europeos. La calle es
el lugar de todos y el lavadero, la sociabilidad de la mujer. Todas las
mujeres lavan en La Boca, a veces dentro del patio de la casa, a veces
en la ribera, pero hay un grupo de trabajadoras, las lavanderas,
especialmente argentinas, de Corrientes, Córdoba o Salta, casi todas
ellas analfabetas. En el Censo de 1869 sólo
figuran seis lavanderas alfabetas, una de ellas argentina. En la calle
Suárez No. 210, zona muy pauperizada, vive María Hernández, oriental
de 30 años, que sí lee y escribe (es común el alfabetismo entre las
orientales de La Boca), acompañada de mujeres de Corrientes, Córdoba,
Santa Fe, que no consignan oficio. En Mendoza 86, zona de armadores,
vive María Caratina, de 21 años, italiana, natural de Basse, hija del
pescador José Caratina de 44 años y de Magdalena Dodega, que sí leen
y ambas de Basse, llegados a Buenos Aires hace cinco años y con otros
hijos pequeños. En calle sin nombre vive Anita Drena, irlandesa que sí
lee y no escribe. Y en Lamadrid y Gral.
Brown, vive Saturnina Magni, italiana, de 23 años, que lee y escribe,
con un hijo de dos años. En un primer momento y al comienzo de las
investigaciones, basándonos en las ideas de Mazzini y de los masones y
anarquistas, atribuimos a Saturnina una ideología progresista, puesto
que sabía leer (hay 53 lavanderas y sólo 6 leen). Más adelante, la
circunstancia de vivir en
la misma casa que Angela Aldeber, maestra, confirió al hecho un
significado distinto: Angela Aldeber dirigía una escuela Evangelista
junto con sus dos hijas, y su condición de maestra hace más lógica la
alfabetización de su vecina Vemos aquí como la forma
urbana de contacto obligatorio y participación constante redunda en un
salto cultural. Hay otra italiana alfabeta, Rafaela Ortega, de la
calle Crucero, de 33 años. Y la única argentina alfabeta, vive en
calle Brown, sin número, (Brown y Brandsen), se llama Mercedes Romero,
tiene 40 años y es santafecina. La zona donde está su vivienda es
humilde y marginal, (zona de prostitución). Las lavanderas se concentran
especialmente en la zona más pobre de Necochea (hacia Brandsen), o bien
cercanas al puerto (Lamadrid). La mayoría son argentinas y su promedio
de edad 32 años, pero sobre todo hay una cantidad grande de mujeres que
pasan los 45 años, con pocas posibilidades de cambio ideológico. Las probabilidades de unión
y de cambio ideológico llegaban a través del lavadero común. Hacia
1881 aparecen en La Boca lavaderos privados que se alquilan y son
comunes. Uno de ellos quedaba en la calle Gral. Brown No. 257. (10) Hacia
fines de siglo la situación habrá cambiado e integrarán las huelgas
de los años noventa, junto a los hombres. Costureras En el Censo de 1869 encontramos en La Boca 60 costureras, de ellas 27
leen y escriben, de las cuales 19 son nacionales, 6 italianas y 2
austriacas. Entre las costureras analfabetas existe la posibilidad de
una prostitución encubierta (se declara el oficio de costurera).
Algunas de ellas son viudas o casadas con calafates, marinos o
jornaleros. En la
calle Necochea s/número vive Banceslada Vidal (sic), de 36 años,
argentina, y su hija Clara de 15 años. Ambas leen y escriben. En la
calle Lamadrid s/ número, vive Agueda Cardone, de 25 años y en la
calle Mendoza 80, las austriacas Elena y Nicolasa Zuchiche, de 36 y 13
años respectivamente. En la misma calle vive Ana Buero, italiana de 28
años, que sí lee. Se ha dado un salto grande en el alfabetismo, desde
las lavanderas a las costureras (sobre todo criollas). También las
costureras trabajan en talleres comunes, muchas veces, sobre todo ya a
fines de siglo (1890-95) junto con los sastres de los cuales se sabe
casi todos pertenecen ala movimiento anarquista. Mujeres
relacionadas con los protagonistas de los sucesos de 1875 El
atentado a Domingo Faustino
Sarmiento, (11) presidente de la República entre 1864 y 1868, llevado a
cabo por dos marineros de La Boca de apellido Guerri, implica al
comisario Aquiles Segabrugo (12) del buque
"Venecia", que hacía la carrera al Paraguay (quien
contrató a los Guerri). Carolina Segabrugo, su mujer, recibe, estando
bajo vigilancia de la policía, dos cartas certificadas de Aquiles y
$3.000,-- con los que se traslada a Montevideo, al Hotel del Vapor,
junto con sus hermanos. Aquiles Segabrugo apareció
apuñalado en otro lugar, antes de que la policía pudiera interrogarlo. Carolina no fue
encarcelada. Aparentemente, esto representa la implicación de una
mujer, no habitante de La Boca, pero estrechamente relacionada con el
barrio, en una conspiración. El incendio de El
Salvador (Templo en la calle Callao y Lavalle en 1875) El personaje más
conspicuo, José Torre, italiano de 44 años, según el Censo de 1869,
está casado con Angela Torre; los dos leen y escriben, y tienen varios
hijos argentinos, Francisco, de 9, Ana de 5, y Juana de 2 años. Es el
dueño del famoso café Torre de la calle Alvear (Ayolas), donde se reunían
los anarquistas. En la Revista Amigos No. 5, de
junio de 1895, una nota de Granara Insúa sobre Anita Cosmitz Bocalich,
"Ilustre dama para el historial boquense", menciona que: "Tertulias familiares,
banquetes en los de Gambaudi, en lo de Torre, y celebraciones en el
Teatro Iris, complementaban los fastejos Setembrinos, cuya nota más
elocuente la daba la señora de Bocalich" (13) Esta señora
era asidua concurrente del café de Torre.. José Torre muere a los 70 años
en la calle Gral. Brown No. 1179. Francis Korn (14), cita al periódico L'Italia all'Plata,
donde se recuerda la participación de José Torre, tanto en las campañas
de Garibaldi, como en el Incendio de El Salvador, destacando su condición
de masón y liberal: "su
familia", dice el diario,
"no permitió que lo velaran en
el templo masónico", (15)
sin embargo, fue enterrado en la bóveda masónica de la Recoleta, de
los Liberi Pensatori. Por
lo tanto, Ángela no participaba de las ideas de su cónyuge. En dicha bóveda,
yacen varios masones y niños pequeños. No hay mujeres. Es de notar que
la bóveda masónica de la Recoleta es mucho más antigua que la de la
Chacarita (ambas, Liberi Pensatori), donde recién desde mediados de
1880 sería costumbre sepultar a las mujeres de las familias de masones. Respecto a la familia Ungaro-Grande,
en la calle Rocha, s/número, (Rocha y Mendoza), encontramos a los dos
hermanos Ungaro: Spiro, (el protagonista de los episodios del incendio)
y Mario, de 33 y 26 años respectivamente, casados a su vez con dos
hermanas: Leonor y Giacomina Grande, de 30 y 23 años, ambas parejas con
tres niños pequeños. Mario y Leonor no saben leer, Giacomina y Spiro sí
leen y escriben. En el parte policial aparece un tal Francisco Grande,
con toda probabilidad hermano o pariente de las hermanas del mismo
nombre. Es evidente que se trata de una familia de activistas. Pero ¿Cuál
fue el papel que ha cabido a Leonor o a Giacomina? No lo sabemos. Según la Testamentería de la
familia de Mario, varios acreedores reclaman deuda, a su muerte, a su
viuda Leonor en 1887, la cual no ha aprendido a leer. Sobre todo, llama
la atención el entierro de Mario, según expresa la viuda, de un fasto
no pedido (dice que eran sólo 29 los coches alquilados y no 30 a $4,--
el coche, los que desfilaron al Cementerio del Norte). Es notable que ni
Giacomina, ni Spiro se presenten a ayudar a su hermana iletrada. Por
entonces, Leonor vivía en la calle California. El fasto del entierro es
común en las familias de origen italiano y sobre todo genovés, y
muchos habitantes de La Boca, relativamente pobres, eran dueños de bóvedas
particulares. Sin embargo, se descuenta que Mario fue enterrado en la bóveda
masónica, su nombre no aparece en la lista conservada.
En
el Censo de 1869, Domingo Bértora, maestro de escuela y conocido
mazzinista, amigo de Froncini, el célebre maestro, amigo a su vez del
mismo Mazzini, tiene 45 años y vive en la calle Lamadrid No. 53 , con
su mujer Gerónima Bértora, italiana de 33 años, que sí lee y escribe
y su hija Teresa. Teresa se casará a los 17 años con José Ragozza,
italiano, boticario y conocido masón, llegado a Buenos Aires en 1873.
En la época de su casamiento, tenía 25 años (1877). Fue dueño de una
farmacia en La Boca, en Brown y Lamadrid, centro de reunión de masones
y liberales. Es evidente que las mujeres
participaban en la ideología de su familia, padres o maridos, pero
falta determinar en qué medida los ayudaban o acompañaban. ¿Tuvieron
alguna participación en las asonadas del '75? Tal vez podamos saberlo
algún día. Pedro
Cánova, masón, será
testigo de la boda de Juan Roncoroni con Luisa Antognini, hijo de Juan
Roncoroni, el agitador; es suizo, tiene 24 años (en 1878, fecha de su
casamiento), lee y escribe. Pedro Cánova, a su vez se casará con una
hija de Francisco Bonavía, también masón, que vivió en la calle
Necochea desde 1855. Juan Roncoroni (padre), llega
desde Londres, está casado con María Pritz, inglesa, y es hijo de
caballero, su mujer, de hacendado. Es fabricante de espejos. Tiene
varios hijos, un varón y tres niñas, todos ingleses. Su familia
procede de la zona del Lago di Como. Es allí donde muere, a pesar de
residir en La Boca, donde era propietario de la firma Pini y Roncoroni.
Francis Korn, cita L'Italia all Plata,
de 1895, donde la familia Roncoroni aparece entre las asistentes a una
inauguración masónica (16). Las muchachas Roncoroni, todas
ellas casadas con italianos, no sólo leen y escriben, lo que para 1895,
ya no es una hazaña (fecha de la inauguración citada), sino que hablan
inglés e italiano y viajan constantemente al extranjero. Al morir Juan
Roncoroni deja sus bienes a sus hijos, favoreciendo al varón y a
"su querida esposa María"
sólo el usufructo, mientras que José Millán (17), español de Maoro,
Galicia, que muere en 1895 (domiciliado en Necochea al 200), lega, además
de sus bienes gananciales, el quinto del que puede disponer, a su mujer
"por las atenciones que le debo y el cariño que le profeso", lo que prueba lo avanzado de la legislación argentina que "no permite desheredar a los cónyuges ni
favorece el mayorazgo". Es
evidente que la voluntad de Roncoroni, de origen anglo-italiano, fue la de no
incluir a su mujer en los legados (dejándole sólo el usufructo), y la
de favorecer al hijo varón. Esto no fue posible, dado que las leyes
nacionales no lo permitieron (18). Urbano
Galeano, argentino, de
12 años de edad, en 1869, hijo de Celedonia Galeano, de 38 años,
maestra de escuela, y hermano de Sofía Galeano, también maestra, de 23
años de edad, será igualmente protagonista del incendio (19). Viven en
la calle Mendoza No. 9. Urbano tendrá 18 años en 1875. ¿Cuánto habrá
influido en él la parte femenina de su familia? Es difícil de decir.
No hay duda de que todos ellos en La Boca y en el año 1875, deben haber
representado una vanguardia cultural. El inquilinato como
espacio Si queremos establecer
categorías en el análisis antropológico-espacial del barrio, es
necesario referirse a dos escalas, la primera, que podemos denominar: "unidad de análisis"
es
el inquilinato. Es evidente que en el inquilinato, el límite
entre lo privado y lo público es casi inexistente. Esta invasión de la privacidad, o forma comunitaria de vida, se
relaciona con un modo de producción
anterior al capitalismo y sin embargo es el capitalismo el que ha
determinado estas formas de cohabitación. El límite entre los privado y lo público se ha
perdido. El conventillo de La Boca se asimila a los lugares de reunión
internos a través de los patios comunes y a la calle a través de sus
balcones. Es decir que todo en este espacio social resulta fluido y
puede funcionar en sentido inverso. El conventillo, o la vivienda, es
abierta y desde allí los inmigrantes buscan su inserción en las
asociaciones y clubes. Llevan a cabo su vida social (masculina) en
fondas y cafés para terminar en el secreto de la logia en un círculo
inverso al normal, o al burgués, en el cual la vivienda es cerrada e íntima
y la vida social se realiza fuera de ella. Este es el conventillo, tal cual lo encontramos en La
Boca de 1870-90. Sin embargo algunas
veces, las formas participan de la de la casa "chorizo" o de
la casa criolla. La casa criolla, con sus tres patios, generalmente
regulares y de una sola planta representa la forma de vida hispano-
criolla, con su protocolo y sus jerarquías. No existe jerarquía en los
patios del conventillo de La Boca. Sin embargo un pasillo de entrada
recuerda los zaguanes, luego todo se democratiza y los patios se
comunican abiertamente entre sí, suprimiendo las pantallas árabes. Lo privado se hace semi-público en el
conventillo, en el lavadero, en el café, en las barracas, y se
convierte en agente de rebeldía social"20 Se
trata, por lo general, de una yuxtaposición de células, una pieza, una
cocina y una barandilla o galería. Los sanitarios son comunes y
situados en planta baja.
Están totalmente adaptadas a su propósito social, alojar una
familia extendida y a la vez servir a la composición de distintas
partes de esa familia. Son absolutamente flexibles, y absolutamente
abiertas, representan la clase de sociedad, proletarios europeos y
criollos, que las crearon. No cabe duda de que
el contacto obligado entre
diversos grupos de inmigrantes de distinta nacionalidad dará lugar a un
enriquecimiento cultural y político y un sentimiento de
internacionalismo que caracterizó al Buenos Aires de entonces. Este juego alternativo de
lugares abiertos y cerrados repite el juego social de La Boca antigua,
el juego secreto de la masonería y la política y el semi-público de
los cafés. La ideología y los grupos han cambiado. Pero es necesario
aceptar que esta forma de organización responde a la variedad de
nacionalidades y culturas. Una parcela cerrada corresponde a un grupo
cerrado pero mantiene una flexibilidad interna casi medieval. La
última forma cerrada, la de la logia masónica, se
corresponde con su cultura- Cerrada en lo doméstico y en lo
grupal pero con intensa vida pública. El
área urbana La segunda escala de análisis, la manzana Examinando los
planos de 1848-50, junto
con el censo de 1855, encontramos una
marcada disposición de los grupos
europeos (principalmente italianos) para colocarse
en fila sobre una línea, ya sea ésta la de la costa o la de la
calle y para ocupar parcelas muy angostas y con viviendas en altura Los
criollos por su parte no se
agrupan, sino que se desordenan formando triangulaciones dentro de la
manzana. La forma sucesiva en que se fueron articulando los
conjuntos de viviendas dentro de cada parcela, en La Boca, (que puede
seguirse desde el catastro de Beare de 1870 hasta el Municipal de 1940)
muestra una especie de patio que no funciona como tal sino como plaza
articuladora del conjunto. La forma irregular con escaleras y entradas
alternadas recuerda una forma de vida heredada,
(reproduce las diminutas placitas de los burgos donde se
refugiaban los artesanos para defenderse de los caballeros)*[2]
transformada aquí en inquilinato con baños comunes y cocinas
individuales. La galería sirve como en las viviendas del norte como
espacio común y circulación. (Es de notar que el barrio carece de
plaza hasta los '80 del siglo pasado en que se inaugura
la Plaza Solís) (Esta forma de vida que representa el conventillo, es
el ideal de los utópicos, en formas más perfeccionadas, puesto que es
allí en donde se produce la verdadera vida comunal. Es así que de
alguna manera el siglo XIX soñaba ya el XX con su proliferación de
casas colectivas, de significado diferente). La huelga de los inquilinos de 1907, ya pasado el
siglo XIX , fue protagonizada por las mujeres tanto en Barracas como en
La Boca. y tuvo un carácter
que podríamos llamar surrealista. Todos los valores se habían
invertido, la vivienda se había
vuelto fábrica, las escobas fusiles, las bombas globos de sal.
La mujer, personaje irrelevante en política se vuelve protagonista y
utiliza el ridículo como arma. (arma medieval o por lo menos anterior
al capitalismo) Pero en La Boca, especialmente, fueron los niños y los
abuelos los que salieron a la calle en manifestaciones, es decir los
sectores más improductivos de la sociedad invirtiendo así todos los
valores admitidos hasta entonces. Toda esta abertura y esta trasgresión
se debe a las formas de vida del inquilinato y no cabe duda es el
resultado de una multicultura. Toda esta transformación también parece
surrealista, puesto que una forma heredada va a llenar funciones
diferentes en otros contextos. Una tradición medieval se ha
reconstruido en el siglo XIX, perdido su significado y su contexto.. Condiciones de vida
de la mujer Esta
condición de sociabilidad interna, la del inquilinato, es la que
desarrollará en la mujer sus posibilidades culturales y políticas, en el contacto con sus compañeras y a veces con hombres
dentro de la vivienda misma.. Así la
forma urbana va condicionando no solo el desarrollo político de los
hombres obligados a compartir tareas
en el barco y en la calle, sino también el de las mujeres. Las condiciones de vida de una lavandera, por ejemplo, son las
siguientes: casada, se levanta a las cuatro de la mañana para preparar
el desayuno, a la luz de una vela, enciende un fogón de carbón dentro
del cuarto y sirve el desayuno al marido, probablemente algún embutido
o verdura cruda. El café es muy caro, la leche también y los italianos
no toman mate. Si es criolla, tomará mate. Sale, en todos los casos, de
una cama sin sábanas, a veces con una sola manta, en un cuarto de
paredes delgadas de madera, frío y húmedo. Los vestidos largos llevan
cantidad de tela, las largas enaguas también, por lo que tienen una
sola muda para la misa, un chal de lana sobre los hombros. Vemos así
vestida a una mujer de pueblo en el grabado que representa el atentado a
Sarmiento (21). Tiende la ropa en el patio y a veces la plancha (las
planchadoras son un grupo diferente). La lava a veces en la ribera desde
que se ha prohibido lavar dentro de los conventillos, después de la
fiebre amarilla. Lleva a los mayores al colegio, después de limpiar su
pieza, a las siete y media y se dirige a la ribera con su canasto de
ropa sucia y su niño pequeño de la mano. Hace las compras del día, a
veces en canoa; el pan es muy caro (22), más caro que en París, según
Cunningham Graham, la carne está a
$0,10 el kilo. No puede comprar pastas porque la harina está a
precio prohibitivo, y sin embargo, la pasta fue su comida habitual. Come
puchero, si es criolla y a veces también si es italiana. El vino es
caro también, y las mujeres no toman vino. Si es lavandera podrá tener
su clientela entre los varones solteros del barrio, sino, tomará el
tranvía que la lleva a la ciudad, y cuesta $0,20 centavos. Habrá traído
el agua para lavar la pieza y enseres y preparará la cena a las 4 de la
tarde. Se acostará a las nueve de la noche. No obstante, encontrará
tiempo para salir a la calle a hablar con sus vecinas, o se llegará al
lavadero. Los días feriados puede llegarse al Parque Lezama, donde hay
recreos, pero debe pagar la entrada con sus niños; su hombre estará en
la pulpería o en la fonda, o bien en alguna reunión. Esta forma de vida, muy
centrada en sí misma, comenzó a cambiar hacia la década de 1880,
cuando las mujeres comenzaron a participar de las múltiples
festividades populares de La Boca, ya fuera del patio común y saliendo
a la calle, regatas de vela y remo, (con entregas de premios), fiestas
religiosas y tradicionales, conciertos y bailes, a veces cerrados, a
veces, reuniones a cielo abierto, en las calles de Gral. Brown o Mendoza
.De cualquier manera la reunión obligatoria en el patio, las
labores comunes, las fiestas dentro del ámbito común, van
desarrollando en las mujeres una tendencia socializadora y una abertura
mayor hacia el mundo. La masonería, al
principio cerrada y masculina, se abre para las mujeres, al menos
socialmente, las cuales contarán con sus propias organizaciones. Por
otra parte, habrá clubes de obreras, de aprendizaje de costura, de
lectura, algunos impulsados por los anarquistas, así como colegios para
niñas. Francis Korn, cita L'Italia all Plata, del 12 de septiembre, en la inauguración de la Gran
Logia Simbólica Argentina, con delegados de todas las logias de La
Boca: dice en su comentario que: "estaba lleno de señoras y señoritas,
(...). La señora C. de
Vilar Parera (...), siendo la presidenta del triángulo 8 de marzo,
exhortó a las señoras presentes a constituirse en logias masónicas
para llevar su contribución al triunfo de los ideales de la masonería".
Entre otras familias de masones, cita a los Roncoroni y a los Bocalich. Esta apertura de los clubes
masones y de las actividades femeninas coincidirá con la concentración
de las corrientes librepensadoras de dos grandes grupos: anarquismo y
socialismo. Ya en los años ochenta, había hecho su aparición la
Worwart. Aparentemente, esta rivalidad entre ambos grupos, o tal vez, un
mayor desarrollo de los socialistas, ayudará a liberar a la mujer. La Unión de La Boca es uno de
los centros de reunión más importantes como concentración femenina. Y
aquí cabrá formularse algunas preguntas sobre el espacio. Francisco
Foot Harman dice: "Tanto Buenos Aires como San Pablo se
urbanizarán vertiginosamente como metrópolis, a partir de la inmigración
de trabajadores europeos. El anarco-sindicalismo fue durante mucho
tiempo, en ambas ciudades, la principal expresión política del
movimiento obrero. Cortijos y conventillos serán el paisaje urbano de
ambos. Las fiestas obreras y de propaganda anarquista seguirán idéntico
patrón de metamorfosis en las dos ciudades. Las conferencias en los
auditorios cerrados del 900 a las festividades populares a cielo abierto
de 1920".(23) Foot Harman relaciona a la
burocratización sindical con estos cambios que son: "introducción de nuevos
artefactos culturales de la modernidad". Se
debe anotar que en España, en Madrid, por ejemplo, (24) las
manifestaciones en lugares abiertos no se producen hasta el advenimiento
de la República en los años 30, en Brasil con un clima mucho más
apropiado que el porteño, solo hacia
1920 y en Buenos Aires, en cambio,
nacen en 1810 junto con la vida política argentina. Sea
como fuere, en Buenos Aires, las fiestas a cielo abierto
son parte del siglo XIX. Ya a finales de la década de 1880, funciona el
Prado Español, como forma festiva de bailes y música y, probadamente
en 1890, de concentración obrera a la vez. ¿Es que la burocratización
se había producido antes? Probablemente no. El sindicalismo aparece en
Buenos Aires hacia el Centenario. O -y esto es lo que lo relaciona con
el tema de este trabajo- ¿El movimiento obrero ha recibido influencia
de las mujeres de muy temprana incorporación a la lucha? (25) La cantidad de
festividades que tenían lugar en la ribera de La Boca (estrechamente
relacionadas con los movimientos políticos), realizadas a cielo
abierto, hace pensar en: "la calle para todos", herencia medieval
o campesina, pero también, tal vez, en la participación de la familia
y de la mujer. Cuánto hubo en La Boca también de influencia femenina
en la apertura de los locales, en la pérdida del secreto masónico y de
su ritual macabro (paredes pintadas de negro, calaveras, tibias
cruzadas), sería tal vez tema de una interesante investigación. Por
ahora lo dejo como hipótesis.
Referencias
(las citas de estudiantes
corresponden al Seminario Métodos de Investigación en Historia
Urbana, que impartí
desde 1991 hasta la actualidad 2004, en la Carrera de Sociología,
Facultad de Ciencias Sociales de Buenos Aires) 1-
XAVIER MARMIER,
Buenos Aires y Montevideo en 1850, El
Ateneo, Buenos
Aires, 1948. 2
- Según El Ancla de 1874: "no es
justo que los jovencitos del centro de clase pudiente se lleven a las
mejores mujeres, como amantes".
Editorial del director, JOSE PISANI. 3
- JOSE MAZZINI,
Los deberes del hombre, Ed. TOR, Buenos Aires, 1942. 4
-
Ver LEÖN BENARÖS,.El Barrio de La Boca hacia 1875 Revista Todo es HISTORIA, No. 53. . 5
- MATILDE
MERCADO, La mujer obrera,
1890-1918, CEA, Buenos Aires, 1988. 6
-
Este
caso fue traído al Seminario citado por Claudia Deveza, estudiante de
Historia, en 1991. No pudimos verificar estos nombres en el Censo de
1869 de La Boca, pero Alicia Arias, también estudiante de Historia y
nieta de la señora Cárcano, se incorporó al Seminario en 1992.
Tampoco obtuvimos certificación a través de las listas de fallecidos
en la epidemia de 1871. (7) La Señora Arias aportó datos que le llegaban desde
la tradición oral. En(1997)
ha continuó la investigación y descubierto a su bisabuelo en el Censo
de 1869, en Catedral, junto con la otra hija del matrimonio.
Aparentemente, ya viudo (o así lo declara), lo que invalidaría lo
transmitido por su abuela La epidemia en que murió su madre debe haber
sido la de cólera, que fue anterior. 7
- DANIEL
OCHOA, "La Salud Pública en
La Boca, entre 1870 y 1890",
Seminario Cit., 1er. Cuatrimestre. 1991. 8
-
Las austriacas son, en realidad, italianas o yugoeslavas nacidas bajo la
dominación austriaca. 9
- PHILIPPE
ARIES,”Historia de la vida privada, Del
Renacimiento a la Ilustración”, Madrid-Buenos
Aires, Taurus, 1989. 10
- ANA
MARÏA CARREIRA y
MARCELO MAGADAN, "Lavaderos
y baños públicos en Buenos Aires, un proyecto de mediados del siglo
XIX". II Jornadas de Historia de
la Ciudad de Buenos Aires, El trabajo en Buenos Aires, organizadas y publicadas
por el Instituto Histórico de la Municipalidad de Buenos Aires,
Secretaría de Cultura, 1988. 11
- El
presidente Sarmiento, uno de nuestros próceres, impulsó el alfabetismo
y la cultura en el país pero también fue partidario de la construcción
de una nación homogénea en la cual las pretensiones de independencia
culturall de los italianos (y sobre todo educacional) resultaban
imposibles. De allí el encono de la colectividad hacia él. 12
- FRANCISCO
L. ROMAY, “Historia de la Policía
Federal Argentina”, (Tomo V, 1868-1880), Biblioteca
Policial, Buenos Aires, 1966. 13 - Citado por MONICA ARRIOLA, OTILIA MONGELOZ y OLGA SÁNCHEZ, , estudiantes del Seminario citado, 2do.Cuatrimestre, 1991. Por mi parte, agrego que este café existe desde 1858. 14
- FRANCIS
KORN “Buenos Aires, una ciudad moderna”, Buenos Aires, Ediciones del Instituto, 1981. 15
- FRANCIS
KORN, Op. Cit.. 16
- José Millán, casado con Juana Muñiz y padre
de varios hijos, citado por ROSANNA
BEDENEGLE, en:
"Testamentería y vivienda en el barrio de La Boca", Seminario
Cit., 1er. Cuatrimestre. 1991. 17
- AGN,
Familia Roncoroni, Testamentería. 18
-
El incendio del Colegio del Salvador, en Marzo
de 1875, después de una manifestación anticlerical,
fue una respuesta a la política de sectores de la Curia, que
pretendían restablecer el poder de los Jesuitas en Buenos Aires. 19
- En el cuadro de Blanes aparece Ana Bristiani con
ropa interior: una enagua, grabado publicado en: DIEGO ABAD DE SANTILLÁN, Historia Argentina 1850-1870, Buenos Aires, TEA, 1971.
Ver en: Revista Todo es HISTORIA, No. 8, "Fiebre
amarilla en Buenos Aires", de Miguel Ángel Scenna. 20
-
CELIA GUEVARA: La huelga de inquilinos de 1907 en La Boca.
Colección
Crítica del Inst. Arte Americano, No. 78,
Facultad. Arq. y Urb. UBA. Junio 1997. 21- En el cuadro de Blanes aparece Ana Bristiani con
ropa interior: una enagua, grabado publicado en: Diego Abad de Santilán,
Historia Argentina 1850-1870, Buenos Aires, TEA, 1971. Ver en:
Revista Todo es HISTORIA, No. 8, "Fiebre amarilla en
Buenos Aires", de Miguel Ángel Scenna. 22
- Sin embargo, hay una cantidad apreciable de panaderías en La
Boca (Censo 1869). 23
- FRANCISCO FOOT HARMAN, “Vida operaria e cultura anarquista no Brazil,
(1890-1930)”, Jornadas Argentino-Brasileñas de Historia Social
Urbana, CLACSO-CEUR, Fundación Ru Barboca, Buenos Aires,
septiembre de 1985. 24
-
"Madrid,
1931-1934, De la fiesta popular a la lucha de clases".
de SANTOS
JULIÄ DÏAZ, (Ed
Siglo XXI) 1984. Fue
después de leer la obra de
Juliá Díaz sobre Madrid, y el artículo
de Foot Harman sobre Brasil,
que puse atención a nuestra particular abertura urbana. 25 - Nota. Ya en 1907, las mujeres serán verdaderas
protagonistas de la lucha en este barrio y en Barracas. Especialmente en
la llamada “Huelga de inquilinos”, en la cual
liderarán la resistencia contra los propietarios y la “marcha de las
escobas” protagonizada por mujeres, niños y ancianos . En esta
huelga, Juana Rouco Buelos, una joven de 17 años, anarquista y nacida
en España, será líder de la protesta. Lo interesante desde el punto
de vista urbano es que se ganará la calle (principalmente Brown) en
procesión y se convertirá la protesta en una fiesta
popular. (ya en 1904 Alfredo Palacios había ganado la primera
diputación socialista de América por el distrito de La Boca) [1] * Rivadavia fue el primer
presidente de los argentinos, y de ideas muy liberales.
Celia Guevara, arquitecta. |