ASOCIACIÓN 

L A   M U J E R    C O N S T R U Y E

W o m e n   w h o   b u i l d

   "LAS MUJERES DE LA BOCA,  IDEOLOGÍA Y ESPACIO EN UN BARRIO DE BUENOS AIRES, 1870-1890 ". CELIA GUEVARA, arquitecta.        


En este trabajo pretendo estudiar las condiciones de vida de nuestras inmigrantes, italianas, españolas, en menor proporción y de otras nacionalidades que contribuyeron a formar un barrio de Buenos Aires, y los cambios ideológicos que estas condiciones de vida y las formas urbanas fueron  impulsando en estas mismas mujeres, muchas de ellas analfabetas, todas humildes y trabajadoras. Encontraremos en la primera época sobre todo mujeres de la región de la Liguria, toscanas y algunas napolitanas entre las italianas, y catalanas y gallegas entre las españolas. Hay también un porcentaje de inmigrantes limítrofes entre las cuales se destacan las uruguayas (llamadas orientales) y las paraguayas, y mujeres nacionales de distintas provincias, especialmente el litoral. He trabajado prioritariamente el censo de 1869, porque trataba de reconstruir la formación de un proto-pensamiento político femenino en Buenos Aires. El de 1895, que es el último conservado, muestra otras características.

Aunque tradicionalmente se ha relacionado al anarquismo con el campesinado e incluso se caracteriza a la población dispersa aislada como de raíz anarquista -en el sentido Dadá- (el movimiento precursor del surrealismo), no parece haber sucedido esto en nuestro país. Por el contrario, la zona de La Boca se caracteriza por su alta densidad (a partir de alrededor de los años '70 del siglo pasado, casas de dos pisos y conventillo) y por su urbanidad, es decir, por su forma social urbana. Y es aquí donde aparece la mujer, "dueña" del conventillo, la que permanece en él más horas, lavando, tendiendo, cocinando, mientras vigila a los niños en la calle desde sus balcones. Se relaciona estrechamente con otras mujeres y otras familias dada la necesidad física, dentro de los patios. En el lavadero accede luego al agua y a una concentración de trabajadoras, de hecho.

No cabe duda de que coexiste al mismo tiempo una cantidad grande de hombres solos o solteros, marineros, jornaleros, también relacionados entre sí y compartiendo el hábitat. Es decir, existen en cierto sentido, dos comunidades separadas y así se hace necesario revisar el espacio donde la mujer se movía. No sólo el propio conventillo donde se encuentra con los más próximos, sino también el barrio, sus distancias, su evolución y sus lugares de reunión. Sobre la base de los datos extrapolados del contexto general, trataré de analizar las condiciones de la mujer inmigrante y criolla en La Boca y sus posibilidades de lucha política.

Las crisis económicas mundiales de 1867 y 1873, de gran repercusión en los problemas salariales, unidas a la situación europea (1871 es la fecha del levantamiento y gobierno del pueblo de la Comuna de París, desde donde llegarán muchos emigrados), la epidemia de fiebre amarilla, la de cólera, las guerras civiles, convierten a Buenos Aires en un polvorín.  

El descontento de la población trabajadora que se materializará en la huelga de marineros de La Boca, el incendio del Colegio del Salvador etc., mantendrán al barrio en estado de efervescencia.  

No cabe duda de que en La Boca obra un fermento anticlerical relacionado especialmente con la masonería, el garibaldismo, el mazzinismo, los grupos de la Comuna, etc. A través de la investigación de estos hechos, consultando fuentes diversas, se ha llegado a detectar a distintos héroes anónimos. Naturalmente, todos estos protagonistas fueron hombres, siendo estas acciones particularmente masculinas, llevadas a cabo por marineros y calafates, carpinteros, pilotos y constructores de ribera, dentro de un mundo no sólo varonil, sino excluyente de la mujer, dejándola por así decir, "fuera de borda".  

Buenos Aires es, hacia 1850, una ciudad desprovista de hombres jóvenes (según Marmier, por ejemplo, viajero de la época) (1), en cambio, hacia 1875, el porcentaje de masculinidad se ha elevado muchísimo y la situación se ha revertido. Buenos Aires es ahora una ciudad de hombres, especialmente dentro de las clases trabajadoras. La cantidad de hombres es cada vez mayor, lo cual va formando un clima masculino en la ciudad, los intereses son los de los hombres, algunos expresados en forma brutal; la prostitución se desarrolla en forma vertiginosa. (2) En toda la ciudad, pero especialmente en los barrios, como en La Boca, alcanza niveles aún más sórdidos, siendo un centro de marineros y hombres solos ya desde antiguo.  

Aparece aquí, por un lado, la valorización de la mujer como objeto en el mercado matrimonial, especialmente dentro de la clase trabajadora y por el otro, la preponderancia de la masculinidad desvaloriza las acciones femeninas.  

Se une a la facilidad para encontrar pareja, aunque ilegítima, a veces con hogares dobles, en la ribera del Uruguay, Rosario, Entre Ríos, etc. Existen además, razones etno-culturales para esta agudización de la puesta en práctica de los valores masculinos. La población criolla de La Boca, litoralense en su mayoría, formada por paraguayos, misioneros, correntinos, de fuerte influencia guaraní, viven según una concepción del mundo especialmente machista, uniéndose a los grupos italianos conservadores (en lo que se refiere al papel de la mujer en la sociedad). La náutica y la lucha contra el río son acciones y profesiones aún hoy reservadas al mundo masculino.  

Estos hechos entran en contradicción con el discurso abierto e idealizador, llegado esencialmente desde el mazzinismo (Mazzini contempla la liberación de la mujer y compara su situación con la de los negros esclavos de la época) (3), con una práctica de gran avanzada protagonizada por Anita Garibaldi en América, que recoge la tradición de las mujeres brasileñas y que muere luchando junto a su marido en Europa. Súmanse a estos ejemplos los de las muchachas de la Comuna, inolvidables heroínas. A todo esto se mezcla la gran apertura ideológica de la masonería, su sentido de la redención por el conocimiento y la educación, y su práctica cerrada, misteriosa y ciertamente discriminatoria (en los comienzos) respecto de la mujer, tradición que le llega desde sus orígenes de club inglés, en el siglo XVIII.  

Por otra parte, y al mismo tiempo, las ideas renovadoras, tanto criollas como italianas, actúan sobre un grupo de mujeres de acentuada raíz católica, muy religioso y pacato en su mayoría, lo que crea contradicciones entre los rivadavianos, masones y otros grupos.*[1]  

Un acendrado chauvinismo en una Italia aún no formada como nación, se une al internacionalismo militante y se refleja en La Boca, en las pandillas, en los grupos enfrentados de catalanes y toscanos. (4) Nos encontramos con una sociedad cosmopolita y multiétnica en su fluir, especialmente entre los grupos limítrofes, paraguayos, brasileños, uruguayos; dividida en la práctica en grupos hostiles, hasta entre ligures occidentales y orientales, lo que no favorece la liberación de la mujer.  

Las mujeres de La Boca y su formación ideológica  

Hacia 1870 se producen en La Boca acontecimientos que hablan de formas distintas de protesta: la protesta política (incendio del Salvador, atentado a Sarmiento) y la protesta salarial (huelga de marineros de 1871).  

De la primera, he estudiado el entorno femenino alrededor de los protagonistas de los hechos. En cuanto a la segunda, la protesta salarial, la mujer, muy ligada a la casa y al ámbito familiar, llena de hijos, realizará su trabajo en forma independiente, en su "hogar" (pieza de conventillo)  

como lavandera, costurera, y a veces como fondera, cocinera, sirvienta (Censo de 1869).  

Hacia 1880 aparecerán los lavaderos comunes que, si no ofrecen la posibilidad de luchar por su salario (no hay comunidad de empleadores) sí la dan para discutir los alquileres y precios del lugar en las lavanderías.  

La actividad fabril es rara en La Boca, sólo se conoce la fábrica Schwartz (de construcciones de acero) y, hacia 1880, las mujeres del barrio se emplearán en las diversas fábricas de fósforos, tabaco, velas, de la vecina Barracas; comenzando no obstante la actividad sindical de las mujeres recién en 1896. (5) Para el análisis de los grupos de mujeres, he preferido aquellas que:  

a) Participan de circunstancias de excepción y situaciones límite, creadas por epidemias o desgracias, por ejemplo, las que fallecieron durante la fiebre amarilla , en el verano de 1871, las prostitutas, etc.  

b) Las amas de casa comunes.  

c) Las trabajadoras, sobre todo las lavanderas y  

d) Aquéllas que componen el entorno que rodea a los protagonistas de los episodios de rebeldía.  

En primer lugar, recordemos a las víctimas de la epidemia. Blanes, pintor uruguayo, ha inmortalizado la saga de Ana Brittiani de 24 años, de La Boca, hallada muerta en un conventillo de la calle Balcarce No. 384, en marzo de 1871, con su hijita en brazos aún con vida. La niña fue enviada a la Casa de Expósitos. El marido de Ana estaba enfermo en La Boca, según se supo, y ella había huido del barrio junto con su hija para escapar del contagio.  

La señora Cárcano de Crevier, emigrada junto con su marido francés en 1868, probablemente por razones políticas (este último trabajaba en la botería de los Mihanovich, caudillos de la zona), muere también, según transmisión oral, en 1871, dejando sus dos hijas y su marido, que fallece al poco tiempo. Una de las niñas desaparece, la otra queda a cargo de la familia Mihanovich, que la emplea como cocinera de marineros hasta 1883, en que casi secuestrada (no le era permitido hablar con nadie ni asistir a la escuela), conoce por señas, y a través de los vidrios de la cocina a un criollo que se casará con ella mediante Juez de Menores.  

Este caso fue traído al Seminario por Claudia Deveza, estudiante de Historia, en 1991. No pudimos verificar estos nombres en el Censo de 1869 de La Boca, pero Alicia Arias, también estudiante de Historia y nieta de la señora Cárcano, se incorporó al Seminario en 1992. Tampoco obtuvimos certificación a través de las listas de fallecidos en la epidemia de 1871. (6)  

Daniel Ochoa, también estudiante del seminario en el 1er. cuatrimestre de 1991, estudió las condiciones de los enfermos de 1871 dentro de la población más pauperizada de La Boca (7), a los cuales la Municipalidad hubo de pagar los gastos de entierro. De 16 casos recogidos en documentos de Salud Pública en el archivo de la calle Pringles, encontramos sólo dos mujeres.  

Este hecho no resulta especialmente significativo, considerando que existe un porcentaje alto de hombres que viven solos, y que al enfermarse, pierden la posibilidad hasta de obtener alimentos, por falta de ayuda.  

Por mi parte busqué estos nombres en el Censo de 1869, encontrando a varios de ellos en la zona más pauperizada de La Boca (hacia Necochea y Brandsen, cerca del llamado Arroyo del Piojo, zona criolla).  

En 1855, según el Censo, se hallaba una cantidad apreciable de prostitutas en la misma zona, casi todas ellas criollas, la mayoría correntinas y posiblemente mulatas. En el Censo de 1869 hay una sola prostituta en la calle Lamadrid, pero aparecen "bailarinas"  y mujeres solteras y sin oficio, lo que nos habla de una modalidad censal diferente. El mismo Ochoa estudió la prostitución sobre los expedientes de Salud Pública, y encontramos, (citados por el comisario O'Gorman), algunas quejas sobre la utilización constante de las casillas de madera de la Plazoleta de La Boca (construidas para depósito de herramientas, durante las mejoras introducidas en la citada plaza), por mujeres, algunas de ellas menores de edad que, dirigidas por rufianes extranjeros, aún no afincados en la zona, las explotan de esta manera. De sesenta prostíbulos que funcionaban en la ciudad de 1879, hay uno sólo en La Boca, lo regentea Manuela Martínez, argentina, y sus pupilas son italianas o austriacas. (8)  

En 1855 figuran en el Censo gran cantidad de cigarreras que desaparecerán en el de 1869. Existe la posibilidad de que el oficio de cigarrera escondiera una prostitución más discreta, así como la cantidad de modistas que aparecen en los censos (no ya de La Boca, sino de la ciudad), se cree que responden a una pantalla de la prostitución. En La Boca hay pocas modistas y entre ellas existe cierto porcentaje de alfabetismo que aleja esta posibilidad.  

Las amas de casa  

Constituyen el grueso de las mujeres adultas de La Boca, puesto que se casan muy jóvenes. Hay un porcentaje apreciable de parejas no legalizadas, con varios hijos.  

A través de los censos (1855 y 1869), es posible apreciar la variedad de hijos nacidos antes del matrimonio, generalmente en el litoral (Santa Fe, Entre Ríos o bien Montevideo). Puede también verificarse a través de otras fuentes (Ej: Juan Ratto, pleito por herencias Testamentería, AGN). Entre las mujeres de armadores y pilotos es más frecuente encontrar alfabetismo; viven casi todas en la zona de Vuelta de Rocha, o alrededores (ligures de Levante y catalanes).  

Las lavanderas y la calle  

"Todavía a principios del siglo XX persistían, particularmente entre las clases populares y rurales, los antiguos tipos de sociabilidad, en la taberna para los hombres, en el lavadero para las mujeres, en la calle para todos". (9)  

Esta afirmación resulta particularmente cierta en el barrio de La Boca, en el cual persistirán costumbres campesinas o, en el sentido temporal, del medioevo, especialmente entre los contingentes europeos. La calle es el lugar de todos y el lavadero, la sociabilidad de la mujer. Todas las mujeres lavan en La Boca, a veces dentro del patio de la casa, a veces en la ribera, pero hay un grupo de trabajadoras, las lavanderas, especialmente argentinas, de Corrientes, Córdoba o Salta, casi todas ellas analfabetas.  

En el Censo de 1869 sólo figuran seis lavanderas alfabetas, una de ellas argentina. En la calle Suárez No. 210, zona muy pauperizada, vive María Hernández, oriental de 30 años, que sí lee y escribe (es común el alfabetismo entre las orientales de La Boca), acompañada de mujeres de Corrientes, Córdoba, Santa Fe, que no consignan oficio. En Mendoza 86, zona de armadores, vive María Caratina, de 21 años, italiana, natural de Basse, hija del pescador José Caratina de 44 años y de Magdalena Dodega, que sí leen y ambas de Basse, llegados a Buenos Aires hace cinco años y con otros hijos pequeños. En calle sin nombre vive Anita Drena, irlandesa que sí lee y no escribe.  

Y en Lamadrid y Gral. Brown, vive Saturnina Magni, italiana, de 23 años, que lee y escribe, con un hijo de dos años. En un primer momento y al comienzo de las investigaciones, basándonos en las ideas de Mazzini y de los masones y anarquistas, atribuimos a Saturnina una ideología progresista, puesto que sabía leer (hay 53 lavanderas y sólo 6 leen). Más adelante, la circunstancia  de vivir en la misma casa que Angela Aldeber, maestra, confirió al hecho un significado distinto: Angela Aldeber dirigía una escuela Evangelista junto con sus dos hijas, y su condición de maestra hace más lógica la alfabetización de su vecina  

Vemos aquí como la forma urbana de contacto obligatorio y participación constante redunda en un salto cultural.  

Hay otra italiana alfabeta, Rafaela Ortega, de la calle Crucero, de 33 años. Y la única argentina alfabeta, vive en calle Brown, sin número, (Brown y Brandsen), se llama Mercedes Romero, tiene 40 años y es santafecina. La zona donde está su vivienda es humilde y marginal, (zona de prostitución).  

Las lavanderas se concentran especialmente en la zona más pobre de Necochea (hacia Brandsen), o bien cercanas al puerto (Lamadrid). La mayoría son argentinas y su promedio de edad 32 años, pero sobre todo hay una cantidad grande de mujeres que pasan los 45 años, con pocas posibilidades de cambio ideológico.  

Las probabilidades de unión  y de cambio ideológico llegaban a través del lavadero común. Hacia 1881 aparecen en La Boca lavaderos privados que se alquilan y son comunes. Uno de ellos quedaba en la calle Gral. Brown No. 257. (10)

Hacia fines de siglo la situación habrá cambiado e integrarán las huelgas de los años noventa, junto a los hombres.

Costureras  

En el Censo de 1869 encontramos en La Boca 60 costureras, de ellas 27 leen y escriben, de las cuales 19 son nacionales, 6 italianas y 2 austriacas. Entre las costureras analfabetas existe la posibilidad de una prostitución encubierta (se declara el oficio de costurera). Algunas de ellas son viudas o casadas con calafates, marinos o jornaleros.

En la calle Necochea s/número vive Banceslada Vidal (sic), de 36 años, argentina, y su hija Clara de 15 años. Ambas leen y escriben. En la calle Lamadrid s/ número, vive Agueda Cardone, de 25 años y en la calle Mendoza 80, las austriacas Elena y Nicolasa Zuchiche, de 36 y 13 años respectivamente. En la misma calle vive Ana Buero, italiana de 28 años, que sí lee.  

Se ha dado un salto grande en el alfabetismo, desde las lavanderas a las costureras (sobre todo criollas). También las costureras trabajan en talleres comunes, muchas veces, sobre todo ya a fines de siglo (1890-95) junto con los sastres de los cuales se sabe casi todos pertenecen ala movimiento anarquista.  

Mujeres relacionadas con los protagonistas de los sucesos de 1875  

El atentado a  Domingo Faustino Sarmiento, (11) presidente de la República entre 1864 y 1868, llevado a cabo por dos marineros de La Boca de apellido Guerri, implica al comisario Aquiles Segabrugo (12) del buque  "Venecia", que hacía la carrera al Paraguay (quien contrató a los Guerri). Carolina Segabrugo, su mujer, recibe, estando bajo vigilancia de la policía, dos cartas certificadas de Aquiles y $3.000,-- con los que se traslada a Montevideo, al Hotel del Vapor, junto con sus hermanos.  

Aquiles Segabrugo apareció apuñalado en otro lugar, antes de que la

policía pudiera interrogarlo. Carolina no fue encarcelada. Aparentemente, esto representa la implicación de una mujer, no habitante de La Boca, pero estrechamente relacionada con el barrio, en una conspiración.  

El incendio de El Salvador (Templo en la calle Callao y Lavalle en 1875)  

El personaje más conspicuo, José Torre, italiano de 44 años, según el Censo de 1869, está casado con Angela Torre; los dos leen y escriben, y tienen varios hijos argentinos, Francisco, de 9, Ana de 5, y Juana de 2 años. Es el dueño del famoso café Torre de la calle Alvear (Ayolas), donde se reunían los anarquistas.  

En la Revista Amigos No. 5, de junio de 1895, una nota de Granara Insúa sobre Anita Cosmitz Bocalich, "Ilustre dama para el historial boquense", menciona que:  

"Tertulias familiares, banquetes en los de Gambaudi, en lo de Torre, y celebraciones en el Teatro Iris, complementaban los fastejos Setembrinos, cuya nota más elocuente la daba la señora de Bocalich" (13)  Esta señora era asidua concurrente del café de Torre..  

José Torre muere a los 70 años en la calle Gral. Brown No. 1179. Francis Korn (14), cita al periódico  L'Italia all'Plata, donde se recuerda la participación de José Torre, tanto en las campañas de Garibaldi, como en el Incendio de El Salvador, destacando su condición de masón y liberal:  "su familia", dice el diario, "no permitió que lo velaran en el templo masónico", (15) sin embargo, fue enterrado en la bóveda masónica de la Recoleta, de los Liberi Pensatori.  

Por lo tanto, Ángela no participaba de las ideas de su cónyuge. En dicha bóveda, yacen varios masones y niños pequeños. No hay mujeres. Es de notar que la bóveda masónica de la Recoleta es mucho más antigua que la de la Chacarita (ambas, Liberi Pensatori), donde recién desde mediados de 1880 sería costumbre sepultar a las mujeres de las familias de masones.  

Respecto a la familia Ungaro-Grande, en la calle Rocha, s/número, (Rocha y Mendoza), encontramos a los dos hermanos Ungaro: Spiro, (el protagonista de los episodios del incendio) y Mario, de 33 y 26 años respectivamente, casados a su vez con dos hermanas: Leonor y Giacomina Grande, de 30 y 23 años, ambas parejas con tres niños pequeños. Mario y Leonor no saben leer, Giacomina y Spiro sí leen y escriben. En el parte policial aparece un tal Francisco Grande, con toda probabilidad hermano o pariente de las hermanas del mismo nombre. Es evidente que se trata de una familia de activistas. Pero ¿Cuál fue el papel que ha cabido a Leonor o a Giacomina? No lo sabemos.  

Según la Testamentería de la familia de Mario, varios acreedores reclaman deuda, a su muerte, a su viuda Leonor en 1887, la cual no ha aprendido a leer. Sobre todo, llama la atención el entierro de Mario, según expresa la viuda, de un fasto no pedido (dice que eran sólo 29 los coches alquilados y no 30 a $4,-- el coche, los que desfilaron al Cementerio del Norte). Es notable que ni Giacomina, ni Spiro se presenten a ayudar a su hermana iletrada. Por entonces, Leonor vivía en la calle California. El fasto del entierro es común en las familias de origen italiano y sobre todo genovés, y muchos habitantes de La Boca, relativamente pobres, eran dueños de bóvedas particulares. Sin embargo, se descuenta que Mario fue enterrado en la bóveda masónica, su nombre no aparece en la lista conservada.   

En el Censo de 1869, Domingo Bértora, maestro de escuela y conocido mazzinista, amigo de Froncini, el célebre maestro, amigo a su vez del mismo Mazzini, tiene 45 años y vive en la calle Lamadrid No. 53 , con su mujer Gerónima Bértora, italiana de 33 años, que sí lee y escribe y su hija Teresa. Teresa se casará a los 17 años con José Ragozza, italiano, boticario y conocido masón, llegado a Buenos Aires en 1873. En la época de su casamiento, tenía 25 años (1877). Fue dueño de una farmacia en La Boca, en Brown y Lamadrid, centro de reunión de masones y liberales.  

Es evidente que las mujeres participaban en la ideología de su familia, padres o maridos, pero falta determinar en qué medida los ayudaban o acompañaban. ¿Tuvieron alguna participación en las asonadas del '75? Tal vez podamos saberlo algún día.  

Pedro Cánova, masón, será testigo de la boda de Juan Roncoroni con Luisa Antognini, hijo de Juan Roncoroni, el agitador; es suizo, tiene 24 años (en 1878, fecha de su casamiento), lee y escribe. Pedro Cánova, a su vez se casará con una hija de Francisco Bonavía, también masón, que vivió en la calle Necochea desde 1855.  

Juan Roncoroni (padre), llega desde Londres, está casado con María Pritz, inglesa, y es hijo de caballero, su mujer, de hacendado. Es fabricante de espejos. Tiene varios hijos, un varón y tres niñas, todos ingleses. Su familia procede de la zona del Lago di Como. Es allí donde muere, a pesar de residir en La Boca, donde era propietario de la firma Pini y Roncoroni. Francis Korn, cita L'Italia all Plata, de 1895, donde la familia Roncoroni aparece entre las asistentes a una inauguración masónica (16). Las muchachas Roncoroni, todas ellas casadas con italianos, no sólo leen y escriben, lo que para 1895, ya no es una hazaña (fecha de la inauguración citada), sino que hablan inglés e italiano y viajan constantemente al extranjero. Al morir Juan Roncoroni deja sus bienes a sus hijos, favoreciendo al varón y a "su querida esposa María" sólo el usufructo, mientras que José Millán (17), español de Maoro, Galicia, que muere en 1895 (domiciliado en Necochea al 200), lega, además de sus bienes gananciales, el quinto del que puede disponer, a su mujer "por las atenciones que le debo y el cariño que le profeso", lo que prueba lo avanzado de la legislación argentina que "no permite desheredar a los cónyuges ni favorece el mayorazgo". Es evidente que la voluntad de Roncoroni, de origen anglo-italiano, fue la de no incluir a su mujer en los legados (dejándole sólo el usufructo), y la de favorecer al hijo varón. Esto no fue posible, dado que las leyes nacionales no lo permitieron (18).

Urbano Galeano, argentino, de 12 años de edad, en 1869, hijo de Celedonia Galeano, de 38 años, maestra de escuela, y hermano de Sofía Galeano, también maestra, de 23 años de edad, será igualmente protagonista del incendio (19). Viven en la calle Mendoza No. 9. Urbano tendrá 18 años en 1875. ¿Cuánto habrá influido en él la parte femenina de su familia? Es difícil de decir. No hay duda de que todos ellos en La Boca y en el año 1875, deben haber representado una vanguardia cultural.  

El inquilinato como espacio  

Si queremos establecer categorías en el análisis antropológico-espacial del barrio, es necesario referirse a dos escalas, la primera, que podemos denominar: "unidad de análisis"  es el inquilinato. Es evidente que en el inquilinato, el límite entre lo privado y lo público es casi inexistente.

Esta invasión de la privacidad, o forma comunitaria de vida, se relaciona con un modo de  producción anterior al capitalismo y sin embargo es el capitalismo el que ha determinado estas formas de cohabitación.

El límite entre los privado y lo público se ha perdido. El conventillo de La Boca se asimila a los lugares de reunión internos a través de los patios comunes y a la calle a través de sus balcones. Es decir que todo en este espacio social resulta fluido y puede funcionar en sentido inverso. El conventillo, o la vivienda, es abierta y desde allí los inmigrantes buscan su inserción en las asociaciones y clubes. Llevan a cabo su vida social (masculina) en fondas y cafés para terminar en el secreto de la logia en un círculo inverso al normal, o al burgués, en el cual la vivienda es cerrada e íntima y la vida social se realiza fuera de ella.

Este es el conventillo, tal cual lo encontramos en La Boca de 1870-90. Sin embargo  algunas veces, las formas participan de la de la casa "chorizo" o de la casa criolla. La casa criolla, con sus tres patios, generalmente regulares y de una sola planta representa la forma de vida hispano- criolla, con su protocolo y sus jerarquías. No existe jerarquía en los patios del conventillo de La Boca. Sin embargo un pasillo de entrada recuerda los zaguanes, luego todo se democratiza y los patios se comunican abiertamente entre sí, suprimiendo las pantallas árabes.

Lo privado se hace semi-público en el conventillo, en el lavadero, en el café, en las barracas, y se convierte en agente de rebeldía social"20

Se trata, por lo general, de una yuxtaposición de células, una pieza, una cocina y una barandilla o galería. Los sanitarios son comunes y situados en planta baja.          

Están totalmente adaptadas a su propósito social, alojar una familia extendida y a la vez servir a la composición de distintas partes de esa familia. Son absolutamente flexibles, y absolutamente abiertas, representan la clase de sociedad, proletarios europeos y criollos, que las crearon.

No cabe duda de que el contacto  obligado entre diversos grupos de inmigrantes de distinta nacionalidad dará lugar a un enriquecimiento cultural y político y un sentimiento de internacionalismo que caracterizó al Buenos Aires de entonces.  

Este juego alternativo de lugares abiertos y cerrados repite el juego social de La Boca antigua, el juego secreto de la masonería y la política y el semi-público de los cafés. La ideología y los grupos han cambiado. Pero es necesario aceptar que esta forma de organización responde a la variedad de nacionalidades y culturas. Una parcela cerrada corresponde a un grupo cerrado pero mantiene una flexibilidad interna casi medieval.

 La última forma cerrada, la de la logia masónica, se  corresponde con su cultura- Cerrada en lo doméstico y en lo grupal pero con intensa vida pública.  

El área urbana  

La segunda escala de análisis, la manzana Examinando los planos de 1848-50,  junto con el censo de 1855, encontramos  una marcada disposición de los grupos  europeos (principalmente italianos) para colocarse  en fila sobre una línea, ya sea ésta la de la costa o la de la calle y para ocupar parcelas muy angostas y con viviendas en altura Los criollos por su parte  no se agrupan, sino que se desordenan formando triangulaciones dentro de la manzana.   

La forma sucesiva en que se fueron articulando los conjuntos de viviendas dentro de cada parcela, en La Boca, (que puede seguirse desde el catastro de Beare de 1870 hasta el Municipal de 1940) muestra una especie de patio que no funciona como tal sino como plaza articuladora del conjunto. La forma irregular con escaleras y entradas alternadas recuerda una forma de vida heredada,  (reproduce las diminutas placitas de los burgos donde se refugiaban los artesanos para defenderse de los caballeros)*[2] transformada aquí en inquilinato con baños comunes y cocinas individuales. La galería sirve como en las viviendas del norte como espacio común y circulación. (Es de notar que el barrio carece de plaza hasta los '80 del siglo pasado en que se inaugura  la Plaza Solís)

(Esta forma de vida que representa el conventillo, es el ideal de los utópicos, en formas más perfeccionadas, puesto que es allí en donde se produce la verdadera vida comunal. Es así que de alguna manera el siglo XIX soñaba ya el XX con su proliferación de casas colectivas, de significado diferente).

La huelga de los inquilinos de 1907, ya pasado el siglo XIX , fue protagonizada por las mujeres tanto en Barracas como en La Boca. y tuvo  un carácter que podríamos llamar surrealista. Todos los valores se habían invertido, la vivienda se  había  vuelto fábrica, las escobas fusiles, las bombas globos de sal. La mujer, personaje irrelevante en política se vuelve protagonista y utiliza el ridículo como arma. (arma medieval o por lo menos anterior al capitalismo) Pero en La Boca, especialmente, fueron los niños y los abuelos los que salieron a la calle en manifestaciones, es decir los sectores más improductivos de la sociedad invirtiendo así todos los valores admitidos hasta entonces. Toda esta abertura y esta trasgresión se debe a las formas de vida del inquilinato y no cabe duda es el resultado de una multicultura.

Toda esta transformación también parece surrealista, puesto que una forma heredada va a llenar funciones diferentes en otros contextos. Una tradición medieval se ha reconstruido en el siglo XIX, perdido su significado y su contexto..  

Condiciones de vida de la mujer  

Esta condición de sociabilidad interna, la del inquilinato, es la que desarrollará en la mujer sus posibilidades culturales y políticas,  en el contacto con sus compañeras y a veces con hombres dentro de la vivienda misma..  

Así la forma urbana va condicionando no solo el desarrollo político de los hombres obligados a compartir  tareas en el barco y en la calle, sino también el de las mujeres.  

Las condiciones de vida de una lavandera, por ejemplo, son las siguientes: casada, se levanta a las cuatro de la mañana para preparar el desayuno, a la luz de una vela, enciende un fogón de carbón dentro del cuarto y sirve el desayuno al marido, probablemente algún embutido o verdura cruda. El café es muy caro, la leche también y los italianos no toman mate. Si es criolla, tomará mate. Sale, en todos los casos, de una cama sin sábanas, a veces con una sola manta, en un cuarto de paredes delgadas de madera, frío y húmedo.  

Los vestidos largos llevan cantidad de tela, las largas enaguas también, por lo que tienen una sola muda para la misa, un chal de lana sobre los hombros. Vemos así vestida a una mujer de pueblo en el grabado que representa el atentado a Sarmiento (21). Tiende la ropa en el patio y a veces la plancha (las planchadoras son un grupo diferente). La lava a veces en la ribera desde que se ha prohibido lavar dentro de los conventillos, después de la fiebre amarilla. Lleva a los mayores al colegio, después de limpiar su pieza, a las siete y media y se dirige a la ribera con su canasto de ropa sucia y su niño pequeño de la mano. Hace las compras del día, a veces en canoa; el pan es muy caro (22), más caro que en París, según Cunningham Graham, la carne está a  $0,10 el kilo. No puede comprar pastas porque la harina está a precio prohibitivo, y sin embargo, la pasta fue su comida habitual. Come puchero, si es criolla y a veces también si es italiana. El vino es caro también, y las mujeres no toman vino.  

Si es lavandera podrá tener su clientela entre los varones solteros del barrio, sino, tomará el tranvía que la lleva a la ciudad, y cuesta $0,20 centavos. Habrá traído el agua para lavar la pieza y enseres y preparará la cena a las 4 de la tarde. Se acostará a las nueve de la noche.  

No obstante, encontrará tiempo para salir a la calle a hablar con sus vecinas, o se llegará al lavadero. Los días feriados puede llegarse al Parque Lezama, donde hay recreos, pero debe pagar la entrada con sus niños; su hombre estará en la pulpería o en la fonda, o bien en alguna reunión.  

Esta forma de vida, muy centrada en sí misma, comenzó a cambiar hacia la década de 1880, cuando las mujeres comenzaron a participar de las múltiples festividades populares de La Boca, ya fuera del patio común y saliendo a la calle, regatas de vela y remo, (con entregas de premios), fiestas religiosas y tradicionales, conciertos y bailes, a veces cerrados, a veces, reuniones a cielo abierto, en las calles de Gral. Brown o Mendoza  .De cualquier manera la reunión obligatoria en el patio, las labores comunes, las fiestas dentro del ámbito común, van desarrollando en las mujeres una tendencia socializadora y una abertura mayor hacia el mundo.  

La masonería, al principio cerrada y masculina, se abre para las mujeres, al menos socialmente, las cuales contarán con sus propias organizaciones. Por otra parte, habrá clubes de obreras, de aprendizaje de costura, de lectura, algunos impulsados por los anarquistas, así como colegios para niñas.  

Francis Korn, cita L'Italia all Plata, del 12 de septiembre, en la inauguración de la Gran Logia Simbólica Argentina, con delegados de todas las logias de La Boca: dice en su comentario que: "estaba lleno de señoras y señoritas, (...).  La señora C. de Vilar Parera (...), siendo la presidenta del triángulo 8 de marzo, exhortó a las señoras presentes a constituirse en logias masónicas para llevar su contribución al triunfo de los ideales de la masonería". Entre otras familias de masones, cita a los Roncoroni y a los Bocalich.  

Esta apertura de los clubes masones y de las actividades femeninas coincidirá con la concentración de las corrientes librepensadoras de dos grandes grupos: anarquismo y socialismo. Ya en los años ochenta, había hecho su aparición la Worwart. Aparentemente, esta rivalidad entre ambos grupos, o tal vez, un mayor desarrollo de los socialistas, ayudará a liberar a la mujer.  

La Unión de La Boca es uno de los centros de reunión más importantes como concentración femenina. Y aquí cabrá formularse algunas preguntas sobre el espacio. Francisco Foot Harman dice: "Tanto Buenos Aires como San Pablo se urbanizarán vertiginosamente como metrópolis, a partir de la inmigración de trabajadores europeos. El anarco-sindicalismo fue durante mucho tiempo, en ambas ciudades, la principal expresión política del movimiento obrero. Cortijos y conventillos serán el paisaje urbano de ambos. Las fiestas obreras y de propaganda anarquista seguirán idéntico patrón de metamorfosis en las dos ciudades. Las conferencias en los auditorios cerrados del 900 a las festividades populares a cielo abierto de 1920".(23)  

Foot Harman relaciona a la burocratización sindical con estos cambios que son: "introducción de nuevos artefactos culturales de la modernidad".  

Se debe anotar que en España, en Madrid, por ejemplo, (24) las manifestaciones en lugares abiertos no se producen hasta el advenimiento de la República en los años 30, en Brasil con un clima mucho más apropiado que el porteño, solo  hacia 1920 y en Buenos Aires, en cambio,  nacen en 1810 junto con la vida política argentina.  

Sea como fuere, en Buenos Aires, las fiestas a cielo abierto son parte del siglo XIX. Ya a finales de la década de 1880, funciona el Prado Español, como forma festiva de bailes y música y, probadamente en 1890, de concentración obrera a la vez. ¿Es que la burocratización se había producido antes? Probablemente no. El sindicalismo aparece en Buenos Aires hacia el Centenario. O -y esto es lo que lo relaciona con el tema de este trabajo- ¿El movimiento obrero ha recibido influencia de las mujeres de muy temprana incorporación a la lucha? (25)  

La cantidad de festividades que tenían lugar en la ribera de La Boca (estrechamente relacionadas con los movimientos políticos), realizadas a cielo abierto, hace pensar en: "la calle para todos", herencia medieval o campesina, pero también, tal vez, en la participación de la familia y de la mujer. Cuánto hubo en La Boca también de influencia femenina en la apertura de los locales, en la pérdida del secreto masónico y de su ritual macabro (paredes pintadas de negro, calaveras, tibias cruzadas), sería tal vez tema de una interesante investigación. Por ahora lo dejo como hipótesis.   

 

Referencias  (las citas de estudiantes corresponden al Seminario Métodos de Investigación en Historia Urbana,  que impartí desde 1991 hasta la actualidad 2004, en la Carrera de Sociología, Facultad de Ciencias Sociales de Buenos Aires)

1- XAVIER MARMIER, Buenos Aires y Montevideo en 1850, El Ateneo, Buenos Aires, 1948.   

2 -  Según El Ancla de 1874: "no es justo que los jovencitos del centro de clase pudiente se lleven a las mejores mujeres, como  amantes". Editorial del director, JOSE PISANI.

3 -  JOSE MAZZINI, Los deberes del hombre, Ed. TOR, Buenos Aires, 1942.

4 - Ver LEÖN BENARÖS,.El Barrio de La Boca hacia 1875 Revista Todo es HISTORIA, No. 53. .

5 - MATILDE MERCADO, La mujer obrera, 1890-1918, CEA, Buenos Aires, 1988.

6 - Este caso fue traído al Seminario citado por Claudia Deveza, estudiante de Historia, en 1991. No pudimos verificar estos nombres en el Censo de 1869 de La Boca, pero Alicia Arias, también estudiante de Historia y nieta de la señora Cárcano, se incorporó al Seminario en 1992. Tampoco obtuvimos certificación a través de las listas de fallecidos en la epidemia de 1871. (7)

La Señora Arias aportó datos que le llegaban desde la tradición oral.  En(1997) ha continuó la investigación y descubierto a su bisabuelo en el Censo de 1869, en Catedral, junto con la otra hija del matrimonio. Aparentemente, ya viudo (o así lo declara), lo que invalidaría lo transmitido por su abuela La epidemia en que murió su madre debe haber sido la de cólera, que fue anterior.

7 - DANIEL OCHOA, "La Salud Pública en La Boca, entre 1870 y 1890", Seminario Cit., 1er. Cuatrimestre. 1991.

8 - Las austriacas son, en realidad, italianas o yugoeslavas nacidas bajo la dominación austriaca.

9 - PHILIPPE ARIES,Historia de la vida privada, Del Renacimiento a la Ilustración”, Madrid-Buenos Aires, Taurus, 1989.  

10 - ANA MARÏA CARREIRA  y  MARCELO MAGADAN, "Lavaderos y baños públicos en Buenos Aires, un proyecto de mediados del siglo XIX".      II Jornadas de Historia de la Ciudad de Buenos Aires, El trabajo en Buenos Aires, organizadas y publicadas por el Instituto Histórico de la Municipalidad de Buenos Aires, Secretaría de Cultura, 1988.

11 - El presidente Sarmiento, uno de nuestros próceres, impulsó el alfabetismo y la cultura en el país pero también fue partidario de la construcción de una nación homogénea en la cual las pretensiones de independencia culturall de los italianos (y sobre todo educacional) resultaban imposibles. De allí el encono de la colectividad hacia él.

12 - FRANCISCO L. ROMAY, “Historia de la Policía Federal Argentina”, (Tomo V, 1868-1880), Biblioteca Policial, Buenos Aires, 1966.

13 - Citado por MONICA ARRIOLA, OTILIA MONGELOZ y OLGA SÁNCHEZ, , estudiantes del Seminario citado, 2do.Cuatrimestre, 1991. Por mi parte, agrego que este café existe desde 1858.

14 - FRANCIS KORNBuenos Aires, una ciudad moderna”, Buenos Aires, Ediciones del Instituto, 1981.

15 - FRANCIS KORN, Op. Cit..  

16 - José Millán, casado con Juana Muñiz y padre de varios hijos, citado por ROSANNA  BEDENEGLE, en: "Testamentería y vivienda en el barrio de La Boca", Seminario Cit., 1er. Cuatrimestre. 1991.

17 - AGN, Familia Roncoroni, Testamentería.  

18 - El incendio del Colegio del Salvador, en Marzo de 1875, después de una manifestación anticlerical,  fue una respuesta a la política de sectores de la Curia, que pretendían restablecer el poder de los Jesuitas en Buenos Aires.

19 - En el cuadro de Blanes aparece Ana Bristiani con ropa interior: una enagua, grabado publicado en: DIEGO ABAD DE SANTILLÁN, Historia Argentina 1850-1870, Buenos Aires, TEA, 1971. Ver en: Revista Todo es HISTORIA, No. 8, "Fiebre amarilla en Buenos Aires", de Miguel Ángel Scenna.

20 - CELIA GUEVARA: La huelga de inquilinos de 1907 en La Boca. Colección Crítica del Inst. Arte Americano, No. 78,  Facultad. Arq. y Urb. UBA. Junio 1997.

21- En el cuadro de Blanes aparece Ana Bristiani con ropa interior: una enagua, grabado publicado en: Diego Abad de Santilán, Historia Argentina 1850-1870, Buenos Aires, TEA, 1971. Ver en: Revista Todo es HISTORIA, No. 8, "Fiebre amarilla en Buenos Aires", de Miguel Ángel Scenna.

22 - Sin embargo, hay una cantidad apreciable de panaderías en La Boca (Censo 1869).

23 - FRANCISCO FOOT HARMAN, “Vida operaria e cultura anarquista no Brazil, (1890-1930)”, Jornadas Argentino-Brasileñas de Historia Social Urbana, CLACSO-CEUR, Fundación Ru Barboca, Buenos Aires, septiembre de 1985.

24 - "Madrid, 1931-1934, De la fiesta popular a la lucha de clases". de SANTOS JULIÄ DÏAZ,  (Ed Siglo XXI) 1984. Fue después de leer  la obra de Juliá Díaz sobre Madrid, y el artículo  de Foot Harman sobre  Brasil, que puse atención a nuestra particular abertura urbana.

 25 - Nota. Ya en 1907, las mujeres serán verdaderas protagonistas de la lucha en este barrio y en Barracas. Especialmente en  la llamada “Huelga de inquilinos”, en la cual liderarán la resistencia contra los propietarios y la “marcha de las escobas” protagonizada por mujeres, niños y ancianos . En esta huelga, Juana Rouco Buelos, una joven de 17 años, anarquista y nacida en España, será líder de la protesta. Lo interesante desde el punto de vista urbano es que se ganará la calle (principalmente Brown) en procesión y se convertirá la protesta en una fiesta  popular. (ya en 1904 Alfredo Palacios había ganado la primera diputación socialista de América por el distrito de La Boca)

[1] * Rivadavia fue el primer  presidente de los argentinos, y de ideas muy liberales.
[2] PIERO ATILIO ROSSI. habla de esta modalidad medieval en Cori, una letterainchiave simbolica dell urbanismo medievale. En: Quaderni dell Instituto di Storia dell Architettura ¡er Semestre,1973, Universitá di Roma.  

 

Celia Guevara, arquitecta.

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