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L A   M U J E R    C O N S T R U Y E

W o m e n   w h o   b u i l d

  "LAS MUJERES TAMBIÉN SOMOS CIUDAD". ASCENSIÓN MARTÍNEZ, doctora en historia. Grupo Las Mujeres y la Ciudad, San Sebastián.


Participo en este Encuentro representando al grupo “Las mujeres y la ciudad” de San Sebastián para mostrarles nuestra experiencia y actividades. Es decir, para contarles nuestra breve historia y el presente en el que nos movemos. No obstante, me van a permitir que haga una breve reflexión histórica. Tendrán que perdonarme, pero cuando a una historiadora se le da la posibilidad de hablar difícilmente puede resistirse a no mirar hacia el pasado. Como disculpa diré que en este caso, como en otros, la Historia ayuda a entender mejor el asunto del que nos vamos a ocupar.  


Una mirada al pasado

Basta con ojear un libro de Historia del Arte para darse cuenta de la importancia que han tenido las mujeres en la vida cotidiana de las ciudades. Desde la más remota antigüedad a nuestros días, los artistas las han representado comprando o vendiendo en las plazas, acudiendo a los templos o a los espectáculos públicos, recogiendo agua en las fuentes, lavando en los ríos… un sinfín de tareas que daban vida a las calles y plazas, que demuestran que las mujeres han sido ciudad y han estado en la ciudad aunque no se las haya querido ver en ella, al considerar que su lugar estaba en el interior de la casa.

  Unas citas de uno de nuestros grandes clásicos, Fray Luis de León, me ayudará a explicar lo que quiero decir. En su obra La perfecta casada, afirma: “No han de ser las buenas mujeres callejeras, visitadoras, y vagabundas, sino que han de amar mucho el retiro y se han de acostumbrar a estarse en casa”. Con estas palabras pretendía glosar la frase de Salomón: “Rodeo todos los rincones de su casa y no comió el pan de balde”, aclarando a continuación que: “diciéndole a la mujer que rodee su casa, le quiere enseñar el espacio por donde ha de menear los pies la mujer, y los lugares por donde ha de andar, y, como si dijésemos, el campo de su carrera, que es casa propia y no las calles, ni las plazas, ni las huertas, ni las casas ajenas”. Son palabras que hoy nos parecen duras, crueles y misóginas. Sin embargo, tras ellas subyace una protesta femenina silenciosa, pero no por ellos menos real. Porque lo que se lee entre líneas es que a un buen número de mujeres les gustaba precisamente ser callejeras y visitadoras y de ahí la dureza de la amonestación.

Esto que digo se puede comprobar en otra fuente literaria de la época, en las comedias del teatro clásico español. En ellas las mujeres van y vienen de una casa a otra, es decir, eran visitadoras, y en las que las devociones religiosas eran la disculpa adecuada para salir a la calle, para ser callejeras. La iglesia era, además, un lugar perfecto para mirar y ser mirada, incluso para coquetear con sus galanteadores. Hasta tal punto las cosas no debían de ser como las deseaba Fray Luis que, unas cuantas líneas más adelante, se pregunta: “¿Por qué les dio a las mujeres Dios las fuerzas flacas y los miembros muelles, sino porque las crió, no para ser postas, sino para estar en su rincón asentadas?” y  afirma a continuación: “Su natural propio pervierte la mujer callejera”.

Que la mayoría de las mujeres a lo largo de los siglos hayan hecho oídos sordos a estas amonestaciones y hayan pervertido su “natural propio”, no quita importancia a las frases citadas, que marcaban la norma que debía seguir la población femenina. La edición de la que he entresacado estas frases es de 1965. Pues bien, en el prólogo puede leerse que en esta obra el autor: “se muestra como apologista y aconsejador del matrimonio y de la mujer casada y de sus virtudes. Siendo las advertencias de Fray Luis una muestra exquisita de sensatez y sabiduría”(1). Lo que pone de manifiesto la pervivencia de estas ideas hasta fecha relativamente reciente. La primera obligación de una mujer casada era cuidar de su marido e hijos. Su lugar era la casa, donde eso sí, se decía que reinaba. Las mujeres quedaban segregadas del ámbito público y circunscritas al privado.

Esta reclusión de las mujeres en el espacio doméstico no es propia de una sola cultura sino que, con variantes, ha pasado de una a otra cultura, de ahí su permanencia. En el occidente europeo las influencias culturales más importantes han sido las de Grecia y Roma, con el añadido posterior de la religión judeo cristiana. En los tres casos el espacio propiamente femenino era el privado. En España, por los largos siglos de convivencia, podríamos añadir la influencia de la religión musulmana, que significó más de lo mismo.

Si bien las mujeres tenían como lugar propio la casa, ésta estaba dentro de una ciudad o un pueblo y, para la subsistencia de la familia, era necesario traspasar sus muros. Como ya he dicho, había que acudir al mercado a comprar o vender, a buscar agua, a lavar la ropa… labores consideradas femeninas. Además, la religión obligaba a ir a la Iglesia para cumplir con una serie de preceptos. Sin olvidar que la sociabilidad de los grupos humanos se ha apoyado siempre en los momentos de ocio en los que también ha participado la población femenina.

Obviamente, las mujeres, igual que los hombres, han dependido de su situación económica y de su clase social. No fue igual el modo de vida de una dama medieval que el de una campesina; ni el de una burguesa que el de una obrera fabril en los inicios de la industrialización. Por eso el trabajo, la religión o los lugares de ocio, no han significado lo mismo para todas y cada una de ellas. Para las más pobres la necesidad de trabajar era la que obligaba a salir a las calles, las de mejor posición económica pudieron romper parte de sus barreras utilizando a veces la propia religión que dictaba la norma moral convertida en social. El ejemplo más claro de esto último es la dedicación de numerosas damas de la burguesía a obras de caridad y de beneficencia, gracias a ello pudieron ser visitadoras de pobres y callejear buscando las necesidades que la caridad debía atender. El ocio tampoco se ha vivido igual. La posibilidad de viajar, de leer, de tener una educación esmerada (aunque fuera dentro de lo considerado propiamente femenino), de acudir a los cafés, al teatro, a la ópera… ha estado siempre condicionada por los ingresos. Pero en todos los casos la ciudad era el marco en el que unas y otras se movían.

Si bien había ámbitos que les estaban permitidos, por necesidad o por tradición, existían otros que les eran vedados. Especialmente los relacionados con la política que en definitiva era la que gestionaba lo público. La única manera de romper esa división de espacios fue luchar por la plena ciudadanía. Fue un proceso largo y difícil para las mujeres que no terminó hasta que no se alcanzó el derecho de sufragio, que suponía la igualdad política y que ha llevado a la igualdad de derechos y deberes. Algo que, por desgracia, todavía no se ha logrado en todos los países.

Las mujeres y la ciudad

Una sociedad justa e igualitaria creará y fomentará un verdadero sentimiento de ciudadanía. Sentimiento de pertenencia a un país o una ciudad que, como cosa propia, se cuida y se mejora. Actualmente hay un impulso de la sociedad civil que une derechos y deberes de todas las personas, que intenta aceptar una responsabilidad colectiva de lo público. Pues bien, en esa participación ciudadana es donde se encuadra el proyecto de “Las mujeres y la ciudad”.

Este proyecto fue elaborado y coordinado por la Fundación María Aurèlia Capmany. Incluido, en septiembre de 1996, en el IV Plan Europeo a medio plazo para la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres de la Comisión Europea y financiado con fondos europeos, comenzó el 1 de octubre de 1996 y finalizó el 31 de septiembre de 1998. Tal y como se lee en uno de sus escritos, surgió: “Porque la ciudad, cuyo mayor crecimiento se ha producido durante el siglo XX, se ha configurado y organizado según el supuesto de que el hombre trabaja y la mujer se queda en casa. Es decir, según el reparto de roles que ha asignado al hombre la esfera pública y a la mujer la esfera doméstica. Y esto ha hecho que las mujeres hayan sido excluidas del desarrollo y del crecimiento de los asentamientos humanos”(2). Fueron objetivos prioritarios la elaboración de un Manual de recomendaciones para una concepción del entorno habitado desde el punto de vista de género y la puesta en marcha de una Red Nacional y Transnacional de Usuarias de la Ciudad.

A este proyecto se adhirieron diversos ayuntamientos europeos (3), entre ellos el de San Sebastián. El primer paso fue la celebración de un seminario, impartido por la arquitecta Ana Bofill y la historiadora Isabel Segura, en noviembre de 1997. Seminario al que asistieron mujeres representantes de diversas asociaciones de barrio, feministas, de partidos políticos, varias técnicas del Ayuntamiento, más otras que acudieron a título individual. A partir de ese momento, se puso en marcha el grupo “Las mujeres y la ciudad” de San Sebastián.

Nuestra participación en el citado Manual de recomendaciones fue más bien reducida, ya que tan sólo se enviaron las conclusiones de los seminarios realizados. Por lo que se refiere a la Red Nacional o Transnacional, nos limitamos a crear nuestra propia red local. Con la Fundación se mantuvieron contactos mientras duró el proyecto. Una vez finalizado este, no hubo más relación que la asistencia de una de las componentes del grupo a unas Jornadas realizadas en Sevilla a principios del presente año.

La experiencia donostiarra

Se creo un equipo central, compuesto básicamente con las personas que habían asistido a esa primera reunión y se formaron grupos similares en los diferentes barrios, repitiendo dicho seminario, en el que se realizaban ejercicios prácticos sobre el espacio doméstico, urbano e interior. Desde el principio se pretendió trabajar en forma de red. En los barrios se recogían las propuestas generales que pasaban al grupo central, que lo elaboraba y lo presentaba a la autoridad municipal competente. Mientras que las iniciativas basadas en los problemas locales eran tramitadas por los propios grupos que las habían formulado. Las autoridades municipales aceptaron nuestra colaboración, ya que el programa se suponía que estaba dentro de una vertiente de participación ciudadana que, en un primer momento, fue bien valorada.

Nuestra primera labor fue estudiar el transporte público. San Sebastián es una ciudad de tamaño medio, de unos 181.000 habitantes, que se considera el centro de un área de 20 km. de radio denominada Donostialdea, donde se encuentran los municipios de Pasajes, Rentería, Fuenterrabía, Irún, Hernani, Lasarte, Andoain, Usurbil, Orio y Zarautz, que hace aumentar la población a unos 400.000 habitantes. La zona más conocida es la turística, la que se encuentra a orillas del mar, detrás de las playas de La Concha, Ondarreta y Gros. La Parte Vieja, el Ensanche Cortazar, Amara y Gros son sus barrios centrales, cómodos para caminar, sin desniveles, con amplios espacios peatonales creados en estos últimos años y bien comunicados. El resto de los barrios: Ondarreta, El Antiguo, Miraconcha, Ayete, San Roque, Loyola, Eguía, Bidebieta, Intxaurrondo y Alza presentan mayores problemas para la movilidad de sus habitantes: más distantes del centro, algunos con cuestas muy pronunciadas, otros separados por autovías, e incluso por una autopista, mal articulados y peor comunicados.

Se partió de un estudio encargado por el Ayuntamiento (4) que aseguraba que la población femenina era la que más utilizaba el transporte público, en un porcentaje que llegaba al 72% en la línea Lasarte-San Sebastián y al 68% en el resto de las líneas. Así pues, estaba claro que éramos las más interesadas en su buen funcionamiento y que si teníamos que decir algo debíamos hacerlo. Una vez terminado el oportuno estudio, en octubre de 1998, presentamos al Ayuntamiento nuestras propuestas de mejora que abarcaban diversos asuntos: aumento de servicios en determinadas líneas y horarios; los modos de conducción (sin acelerones ni frenazos bruscos, paradas junto a los bordillos de las aceras…); el control de calidad y el trato a las personas; el uso de la tarjeta monedero (entonces recientemente implantada) y los billetes combinados; la educación vial y cívica en las escuelas; la reserva de asientos para embarazadas, personas con problemas de movilidad o con criaturas; la libre entrada en los autobuses de los coches y sillas con los niños o niñas y de las sillas de ruedas de minusválidos. Proponiendo, además, que se redactase un reglamento de transporte que recogiera alguna de estas iniciativas, dejando claro los derechos y deberes de las diversas partes interesadas.

Actualmente, cuando han pasado más de dos años y medio, se han conseguido algunas cosas. Entre ellas que puedan entrar las sillas de ruedas en los autobuses de plataforma baja y rampa. Los coches y sillas infantiles pueden ir en esos mismos autobuses, pero en los de plataforma alta depende de la voluntad de quien conduzca el autobús, puesto que todavía no se ha aprobado el reglamento, al que también hicimos las oportunas observaciones en mayo de 1999, elaborado pero que parece perdido en el limbo municipal. No desmayamos y seguimos enviando cartas al Ayuntamiento y, sobre todo, a la prensa ya que se ha demostrado que este es un método de presión bastante efectivo.

Paralelamente, las mujeres del barrio de Eguía iniciaron un estudio para la mejora del Pasadizo de Eguía, paso subterráneo que une ese barrio con el centro de la ciudad, salvando la barrera de las vías del tren y de la Estación de RENFE. Ese pasadizo lo atraviesan unas 20.000 personas al día, y presentaba varios problemas de seguridad, visibilidad, limpieza y mantenimiento. Se hicieron fotografías demostrativas de su situación y se elevaron las oportunas propuestas de mejora. Tampoco hemos podido dejar cerrado este asunto y, a finales del año 2000, hubo que formular otro escrito con las mismas o parecidas reclamaciones y propuestas.

Las mujeres de Alza, Herrera, Intxaurrondo, Amara Viejo, Eguía recorrieron sus barrios, fotografiando las deficiencias más notables y presentaron sus propuestas. Entre ellas: la limpieza y adecuación de las rejillas del alcantarillado; la mejora de las aceras y de los parques infantiles; la peatonalización de algunas calles y plazas, la reposición de barandillas rotas en zonas peligrosas y la eliminación de barreras arquitectónicas. Los grupos de trabajo de Amara Viejo y de Intxaurrondo imprimieron un “Mapa de necesidades” de sus respectivos barrios en los que quedaban marcados los asuntos pendientes de: movilidad, mantenimiento, espacio urbano, seguridad y otros, que han tenido consecuencias inesperadas.

El grupo central, sin perder de vista los asuntos antes tratados, comenzó el curso 1999-2000 con un estudio sobre las Viviendas de Protección Oficial (VPO). Llevó a ello el hecho de que San Sebastián goce desde antiguo del dudoso privilegio de tener las viviendas más caras de España, junto con Madrid y Barcelona. Y, además, el fundado temor de la situación de inferioridad en que podían encontrarse las mujeres a la hora de adquirir una VPO, dado sus menores salarios y su mayor inestabilidad laboral, tal y como nos demuestran las estadísticas (5).

La preparación fue ardua, ya que hubo que leerse los decretos del Gobierno Vasco que regulan ese tipo de viviendas, la normativa y las ordenanzas de edificación del Ayuntamiento de San Sebastián, y los estudios estadísticos correspondientes. Un problema inicial fue la comprobación de la invisibilidad de la población femenina en las estadísticas ya que en muchos de los casos no se incluye la variable sexo, por lo que es difícil sacar conclusiones sobre la relación de las mujeres y las VPO. Pero teniendo en cuenta los ingresos mínimos establecidos para poder comprar una de estas viviendas, sospechamos que entre las solicitudes denegadas se encontraban muchas de mujeres. De la misma manera, dedujimos que entre las solicitudes correspondientes a familias monoparentales el porcentaje mayor era el femenino (6) También nos parecieron muy rígidas las ordenanzas de edificación que señalan las dimensiones mínimas (cocina 5m2, dormitorio individual 6m2, etc.). Por tanto, terminado este estudio, realizamos las siguientes propuestas:

-  Incluir la variable sexo en los datos estadísticos sobre VPO.
-  Garantizar el acceso de las familias monoparentales en todas las promociones, a través de la reserva de viviendas, tal y como se hace con las personas con minusvalías.
- Ajustar los ingresos económicos. Disminuyendo los topes inferiores al salario mínimo interprofesional y rebajando los máximos para dar prioridad a las personas con menores ingresos.
- Flexibilizar la normativa de ordenanzas complementarias de edificación, de manera que se puedan ofertar viviendas de VPO sin tabiques internos, para poder adaptarse mejor a las necesidades de quienes las vayan a habitar.
- Que las VPO sean en alquiler, lo más bajo posible, y no en propiedad.
- Que este tipo de viviendas no se puedan vender, ni transmitir por herencia ni alquilarlas, ni cederlas, sino que retornen obligatoriamente al Ayuntamiento, para que queden libres de tentativas de especulación.

En el presente curso 2000-2001 decidimos seguir con este asunto, que nos parece lo suficientemente importante y difícil para dedicarle más tiempo. A estas alturas ya hemos aprendido muchas cosas y sabemos que algunas de nuestras  propuestas son difíciles de llevarse a la práctica. Nos han informado que a las empresas no les resulta rentable dejar que cada vecino se organice la casa a su manera; que al Ayuntamiento las viviendas en alquiler le cuestan mucho más que las que son en venta y que, también, le ocasionan más problemas; y que los ingresos mínimos de los solicitantes se ajustan pensando que tienen que permitir el pago de los créditos. Pero ello no nos impide, seguir abogando por esas propuestas, sobre todo, cada vez estamos más convencidas que para las personas con menores ingresos la solución más adecuada para el acceso a una vivienda es el alquiler y no la compra. Algunas de las propuestas, y no pensamos que haya sido por nuestra opinión, ya las han puesto en práctica el Gobierno Vasco y el Ayuntamiento, como las limitaciones para impedir que se especule con las VPO.

Situación actual

Hasta aquí quedan expuestas nuestra actividad y los trabajos acometidos en estos tres años de vida del grupo donostiarra de “Las mujeres y la ciudad”. Ahora les comentaré nuestros problemas actuales. Nacimos, como ya he dicho, dentro de una política de participación ciudadana que las autoridades municipales aceptaron como positiva. Así, representantes del grupo están colaborando en otros foros de participación ciudadana como los de movilidad, peatonalización y medio ambiente. Y mucho de lo realizado se ha podido hacer gracias a contar con el apoyo de la Concejalía de la Mujer y con la inestimable ayuda de una de sus técnicas, que se ha encargado de la coordinación de los diferentes grupos y de proporcionar todo el material de trabajo necesario. Sin embargo, al comienzo de este curso nos encontramos con la desagradable sorpresa de que algunos concejales habían protestado por esa colaboración del Departamento de la Mujer. Consideraban poco oportuno que se nos facilitaran unos medios materiales y humanos y los aprovecháramos para incordiar al Ayuntamiento. Intención que nunca hemos tenido, pues lo que realmente pretendíamos era colaborar y ayudar. Poner en conocimiento del departamento municipal correspondiente necesidades y carencias que no sólo afectan a las mujeres sino a toda la población donostiarra. Sobre todo, les molestó mucho a algunos ediles esos mapas de necesidades, de los que antes he hablado.

Como alternativa se nos propuso la posibilidad de constituirnos en asociación independiente y trabajar con la Concejalía de Participación Ciudadana, como una asociación vecinal más. Quienes colaboramos con el grupo central y con los de Alza, Eguía, e Intxaurrondo nos resistimos, seguimos trabajando en los asuntos antes expuestos y nos oponemos a esa transformación, principalmente por entender que, por nuestra propia naturaleza y razón de ser, donde debemos estar es junto al Departamento de la Mujer, aunque sea de una forma más autónoma. Tampoco nos hemos constituido legalmente como asociación, trámite burocrático que sólo nos daría más trabajo. Lamentablemente, el grupo del barrio de Amara se disolvió a inicios de este curso dejando de trabajar en este proyecto.

“Las mujeres y la ciudad” fue una iniciativa surgida de arriba abajo y, por lo tanto, contaba con toda la infraestructura de la Concejalía de la Mujer. El cambio en el Ayuntamiento tras las últimas elecciones municipales ha modificado la situación, pues algunos de los ediles no se sienten vinculados a un proyecto en el que no participaron, que en teoría tenía que haber terminado y que ya no cuenta con financiación europea, como ocurría al principio. No obstante, nosotras entendemos que debe de seguir existiendo, que para el propio Ayuntamiento es una baza favorable, siempre que sus concejales no se sientan atacados cuando se les dicen algunas verdades.

Como manifiesta Chris Booth: “Durante demasiado tiempo los políticos y profesionales han tomado decisiones en nombre de las mujeres y ya es hora de que establezcan un diálogo con ellas y las incluyan en la gestión de nuestras ciudades y pueblos” (C. Booth, 1998. P. 201).  Una ciudad mejor para las mujeres es, en definitiva, una ciudad mejor para todos. Pero, ocurra lo que ocurra, muchas de nosotras seguimos decididas a continuar siendo callejeras y visitadoras, con permiso de Fray Luis,  para que así nadie olvide que las mujeres también somos ciudad.

Ascensión Martínez, doctora en Historia.
Grupo Las Mujeres y la Ciudad, San Sebastián.

Notas

(1) Fray Luis de León: Los nombres de Cristo. La perfecta casada, Ed. Ferma. Barcelona, 1965. Prólogo por J. García Pérez, p. 8. Las citas anteriores en pp. 528-530.
(2) Anna Bofill Leví, Rosa Mª Dumenjó Martí, Isabel Segura Soriano. Las mujeres y la ciudad. Manual de recomendaciones para una concepción del entorno habitado desde el punto de vista de género. Fundación Maria Aurèlia Capmany. Barcelona, 1998.
(3) El Ayuntamiento y la Diputación de Barcelona, el Ayuntamiento de Reus, el Consell Comarcal del Garraf, el Institut Català de la Dona, el Consejo de la Mujer de la Comunidad de Madrid, los Ayuntamientos de Alcobendas, Fuenlabrada y Leganés, los distritos de Hortaleza y Vallecas; el Ayuntamiento de Lleida, el VES Emancipatiebureau Zuid-Holland (Holanda); Arbeit und Leben de Sachsen-Anhalt (Alemania); la red “Quartiers en crise”, y la Red de Ciudades Educadoras. Experiencias similares tuvieron lugar anteriormente en las ciudades de Leicester, Shefield y Birmingham. Chris Booth: “Participación de las mujeres en la planificación urbana” en La vida de las mujeres en las ciudades, C. Booth, J. Darke y S. Yeandkle (coord.). Narcea. Madrid, 1998, pp. 185-201.
(4) Estudio sobre nuevas propuestas de mejora de la Red de Transporte Público de Viajeros de Donostialdea. Donostia: Pasado y Futuro. Leber. Octubre, 1997.
(5) Los contratos a tiempo parcial son más frecuentes entre las mujeres (66,4%), mientras que los de a tiempo completo lo son entre los hombres (67,3%) INEM, 1998. Población activa femenina donostiarra, 33.749 mujeres; tasa de actividad femenina 41,2%, masculina 64,7%; el 53% de los habitantes de San Sebastián son mujeres y el 47% son hombres (2000).
(6)  En las familias monoparentales la presencia de las mujeres como persona de referencia es mayoritaria en un 83,2%. Cifras sobre la situación de las mujeres y los hombres en Euskadi.       

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