LA MUJER CONSTRUYE           

"PERCEPCIÓN, DISEÑO Y GESTIÓN DE LA CIUDAD". GENEVIEVE CHRISTOFF SECRETÁN, arquitecta.

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Mi intervención trata de analizar de una forma muy elemental, como las mujeres perciben, diseñan e intervienen en la gestión del espacio público, en su aspecto más característico y más elaborado, el que configura la ciudad: el espacio urbano.

A partir del material reunido por La Mujer Construye, y de todo lo que nos han aportado las ponencias de los dos primeros cursos Encuentro de la Mujer en la Arquitectura, trataré de distinguir en que medida las mujeres poseemos una voz propia y somos capaces de enriquecer la sociedad con nuestras aportaciones.

LA PERCEPCIÓN COMO CONSECUENCIA DIRECTA DE LA EXPERIENCIA VITAL.

Todos percibimos, hombres, mujeres, niños, ancianos, pero no todos percibimos lo mismo, me refiero aquí a la ponencia desarrollada por María Ángeles Duran, y a las ideas que expone, que resumo de esta forma: la percepción que tenemos de nuestro entorno depende de nuestro cuerpo, en la medida que este cuerpo es diferente, lo que percibimos es diferente en la medida en que nuestras experiencias vitales como mujeres sean diferentes, en que nuestro modo de vivir sea diferente, también lo será la percepción de nuestro entorno. Cada ser humano tiene una trayectoria vital irrepetible, pero dentro de esta variedad hay unas constantes, unas pautas, un caudal de experiencias comunes que se funden en la vida, en el trabajo, y en el ocio de cada persona. La vida de las mujeres suele comprender una multiplicidad de funciones que tienen como resultado unas actividades caracterizadas por su fragmentación y su dispersión; las mujeres somos como los ordenadores actuales: multitarea-multipuesto.

El trabajo profesional de las mujeres se ve a menudo interrumpido por otros requerimientos propios de la organización de su núcleo familiar, sea cual sea el número de personas que lo componga; esta bien conocido que esta disponibilidad o dispersión de energía de las mujeres influye en su trabajo, restándole competitividad, ahora también podemos afirmar que esta situación enriquece su percepción de la realidad.

Por ejemplo, y ya en relación con la ciudad y el espacio público:

Sabemos por el análisis estadístico de las encuestas realizadas sobre este tema que los recorridos de las mujeres dentro de la ciudad son más cortos, más variados y más numerosos que los recorridos de los hombres; también su modo de transporte es más variado: hay una mayor utilización de transportes públicos, hay recorridos a pie, con niños o ancianos, con la carga de la compra etc. Esta diversidad hace que la mujer tenga un conocimiento mas completo de su ciudad, con mayor diversidad de puntos de vista que el hombre.

LA PERCEPCIÓN DEL ESPACIO PÚBLICO COMO DE UN BIEN PROPIO.

Cuando a la percepción puramente sensorial, añadimos las sensaciones derivada del afecto, o modificadas por este, se complica nuestro análisis. En efecto, puede ocurrir que no solo me paseo por este parque o esta avenida, sino que me es grato, que voy a establecer una relación afectiva con este lugar, y en cierta medida me voy a apropiar de él. La relación afectiva con un lugar puede llegar a ser muy fuerte; se desarrolla tanto como un sentimiento de pertenencia a un lugar, como de apropiación de este lugar.

El considerar la ciudad como un lugar propio tiene unas consecuencias que analizaré en el apartado que se refiere a la gestión del espacio público. En el caso de las mujeres, el hecho de llegar a considerar la ciudad como suya, no es tan evidente como en el caso de los hombres, históricamente han sido un sujeto mudo y a menudo excluido de los lugares públicos.

Los espacios públicos reflejan la organización social del colectivo humano que los ha creado; históricamente los espacios públicos relevantes han sido entre otros: los espacios destinados a procesiones y a celebraciones religiosas, en las sociedades teocráticas, los espacios de reunión y de debate; el ágora griego y el foro romano, en las primeras repúblicas; las grandes avenidas focalizadas hacia el palacio real, en las monarquías ilustradas.

De todos estos espacios la mujer está ausente, salvo como componente mudo de una procesión, o elemento decorativo de lugares como el "Salón del Prado".

Los escasos espacios públicos reservados a las mujeres en la ciudad antigua son las fuentes públicas y los lavaderos que funcionan como lugares de reunión y son claramente excluyentes de toda presencia masculina. En cambio, la presencia de las mujeres en los mercados de bienes básicos es constante a través de la historia y de las culturas, por lo que podemos considerar estos espacios como auténticamente plurales.

Debido a la incorporación de la mujer a la actividad económica y a la vida política, ha tenido lugar un profundo cambio en lo que se refiere a la presencia de la mujer en el espacio público. En nuestra sociedad las mujeres percibimos el espacio urbano como nuestro, salvo en casos excepcionales debidos en general a la falta de seguridad.

Ya no hay situaciones que podían darse no hace tanto y de las que la visión mas fuerte que recuerdo es una secuencia de la película de Antonioni, La Aventura, donde Mónica Vitti está sola en una plaza de un pueblecito del Sur de Italia y actúa de imán para una masa de hombres que van congregándose a su alrededor...

EL DISEÑO DEL ESPACIO PUBLICO.

Todas las mujeres perciben su entorno, muy pocas privilegiadas lo diseñan.

Estas privilegiadas, las arquitectas, tienen a su disposición para hacer su trabajo, unos instrumentos que provienen de su aprendizaje en la escuela de arquitectura, de cursos de tercer ciclo mas especializados, o de los proyectos que han podido realizar previamente.

Estos instrumentos las sirven para elaborar sus proyectos, y diseñar un espacio público en el que verter su creatividad y en el que se reflejará su personalidad: en esta personalidad formada por toda una experiencia vital tendrá, forzosamente, que reflejarse el hecho de ser una mujer.

Elaborar un proyecto es una actividad intelectual compleja, pautada, que se refleja en documentos también complejos: los planos, memoria, presupuestos etc. Y que luego, si hay suerte, se convierte en realidad, a través de otra organización más compleja donde intervienen muchos factores externos y muchas personas, todos ajenos a la arquitecta, y en general caracterizados por pertenecer al sexo masculino.

Tanto el discurso aprendido, que permite la creación del proyecto, como la organización de la obra para su realización provienen del mundo masculino. Un mundo donde la mujer arquitecta se ha asomado desde hace muy poco, donde no tiene mas remedio que utilizar los instrumentos existentes y preestablecidos por los hombres para crear su obra, y donde tiende a no crear conflictos para que se acepte su presencia.

¿Cómo vamos las arquitectas a elaborar un discurso propio, un diseño distinto si los instrumentos de los que disponemos hasta ahora son los que ha elaborado un mundo absolutamente masculino? Hay que darnos tiempo y oportunidades para crear con libertad.

En nuestro trabajo de recopilación "La Mujer Construye", nos hemos encontrado siempre con la pregunta enunciada como una afirmación:

"No hay una arquitectura diferente hecha por las mujeres, ¿verdad que no?"  Hecha por compañeros y compañeras que parecen albergar un cierto temor o recelo ante la posibilidad de esta diferencia.

Esta pregunta no hace mas que reflejar el miedo a la desaparición del discurso único. La arquitectura mas auténtica es la de los arquitectos que no repiten lo que han aprendido, los que, hombres y mujeres, son capaces de elaborar un discurso personal, a partir de una reflexión original y de su experiencia vital propia.

La arquitecta que diseña un parque con desniveles se acordará de incorporar rampas para salvar estos desniveles; cuando diseña la iluminación de una calle o de un parque, sabrá que el nivel de iluminación de un recorrido tiene una relación directa con su seguridad; sabrá que el tamaño de una acera permite o no su uso; sabrá que un parque urbano tiene que tener zonas de estancia al sol y a la sombra según las estaciones; sabrá que si el parque tienen un recinto cerrado, los niños disfrutan de mayor libertad de movimiento en su interior; sabrá que hacen falta zonas de tierra y zonas pavimentadas...

Sobre todo, esta arquitecta sabe que el mundo no esta hecho solo para sujetos masculinos que miden 1,80 m, y que están en la plenitud de sus facultades, se acuerda de los niños, los adolescentes, los viejos.

También saben estas cosas los arquitectos, así lo reflejan muchos parques diseñados por hombres y que pueden responder a los más exigentes criterios de bienestar; ahora bien debemos distinguir entre el saber abstracto y la experiencia vital, y en este caso podemos afirmar que, en el uso cotidiano de estos espacios públicos, las arquitectas suelen tener mayor bagaje que sus colegas.

Además de reflejar en sus diseños la diversidad de su experiencia, las arquitectas son más atentas al detalle y a la solución de pequeños problemas concretos que a la formalización de esquemas abstractos; a menudo rechazan la grandilocuencia de un discurso formal huero y no temen realizar un diseño humilde pegado al terreno, que no atraerá la atención de la crítica especializada, pero que responderá a unas necesidades vitales a menudo ignoradas.

LA GESTIÓN DE LA CIUDAD

Si pocas mujeres privilegiadas llegan a ser arquitectas y a poder diseñar la ciudad, menos mujeres aun llegan a gestionar la ciudad, en el sentido de tomar las decisiones políticas que llegan a crear o modificar los espacios públicos.

Hay muy pocas de estas mujeres y en la mesa de debate de hoy tendremos el privilegio de escuchar algunas de ellas y de preguntarlas en que medida han incorporado su experiencia vital diferente a la gestión que han desarrollado.

No olvidemos, antes de decir que lo hacen igual que los hombres, que esta gestión tiene que seguir unas reglas fijadas de antemano por una sociedad masculina, que nadie en un puesto de decisión hace lo que quiere, sino lo que puede, y que el mundo de las decisiones políticas ha sido poco infiltrado hasta ahora por las mujeres.

Anteriormente, hemos recordado como las mujeres como colectivo están ausentes de los espacios públicos a lo largo de la historia, y que, como otros colectivos desfavorecidos, no han participado a la elaboración de las ciudades en las que vivimos. Sin embargo, desde hace ya algún tiempo, la totalidad de los ciudadanos tiene que ser tomado en cuenta por el poder político, y desde entonces, las mujeres tenemos la posibilidad de hacer oír nuestra voz. En la sociedad actual en la medida en que el colectivo de ciudadanos puede expresar sus aspiraciones y sus necesidades, los espacios públicos responderán a estas demandas y se verán apropiados por los ciudadanos, los considerarán como suyos y los usarán con agrado.

A la hora de encargar el diseño de los espacios públicos, los poderes públicos, Comunidades, Ayuntamientos o Juntas de Distrito, están cada vez mas sensibilizados a la necesidad de escuchar a las organizaciones ciudadanas y de tener en cuenta sus criterios, para que el resultado final de las obras realizadas para configurar los espacios públicos, sea aceptado por la opinión pública.

En el interior de los colectivos ciudadanos que hacen oír su voz, en las asociaciones vecinales, en las APAS, y en las mismas Juntas de Distrito se integran cada vez con mas fuerza las mujeres. Las reivindicaciones de estas mujeres suelen ser muy prácticas, muy inmediatas y de muy poca trascendencia política, se concretan en cosas de tan poca relevancia como la localización de un paso de peatones, la poda de los árboles, o su plantación, el solado de unas zonas de parque, la iluminación de un tramo de calle o de un pasadizo, etc... En la medida en que estas mujeres consiguen que se las escuchen y que se realicen estas pequeñas obras, la calidad de vida de su barrio, de su entorno mas inmediato va mejorando de forma visible.

Ahora que dentro de la sociedad civil se empieza a distinguir la importancia que tienen las mujeres como colectivo, nos podemos plantear que las arquitectas a quien los poderes públicos encargan el diseño y la realización de un Espacio Público, vierten en sus proyectos y realizaciones unas aspiraciones y unas experiencias propias, diferentes de las de sus colegas masculinos.

Nuestra sociedad será mas justa y más igual en la medida en que las mujeres se incorporen a la gestión de la ciudad en todos los niveles políticos de toma de decisiones; y que una vez en estos puestos confíen en las arquitectas, como en profesionales que tienen un discurso propio y un valor añadido por su misma condición de mujeres.

Geneviève Christoff Secretan,  arquitecta.

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