| ASOCIACIÓN |
|---|
|
L A M U J E R C O N S T R U Y E W o m e n w h o b u i l d |
|
"EL TIEMPO CONTENIDO". Susana Mora Alonso-Muñoyerro, arquitecta, profesora ETSA de Madrid. |
|
En
el 700 romano, casi todas los interrogantes que aún hoy siguen vivos,
estaban ya presentes; surge la noción del efecto destructor del tiempo:
el tiempo como medida de autenticidad, sin reversibilidad, como una
flecha en una única dirección. Su paso significará en muchos casos el
aumento de los valores de historicidad y de autenticidad, y generalmente
la disminución de los valores de artisticidad y de funcionalidad. El
concepto de tiempo y la valoración que hagamos de su paso por los
monumentos, tendrá una gran importancia en relación con la posición o
actitud que tengamos ante ellos. Amós
Salvador, así se refiere al problema: "de
las opiniones que vengo exponiendo y que pueden reducirse a las dos
conclusiones siguientes (se refiere a las llamadas teorías
antirrestauradoras): Las
fuerzas físicas pueden destruir, pero no crear obras de arte. El arte
exterioriza lo que interiormente siente el hombre, y es arte cuando se
produce por industria o habilidad suya. ¡Y
no se trata por lo tanto, de conservar en parte alguna la obra del
tiempo, sino la obra del artista! ...
Desde
puntos de vista de importancia histórica, la cosa cambiará mucho, pero
artísticamente valdrá en todos los tiempos lo mismo. ... Mejor que tropezar con ruinas y conservarlas, sería hallarse con el monumento, ya se construyera entonces o se reprodujera con los elementos de que hemos supuesto que se dispone para su construcción o reproducción" ... Todavía hay que decir que aún concediendo que se llegara a tener mayor interés por los restos que por el todo, no significaría que valieran más aquellos que éste, sería sencillamente conformarse con lo que se tiene, con lo único que se puede tener, que es cosa bien distinta de valer más los despojos de un monumento que el monumento mismo. Y
así se refiere, sintetizando, las dos posiciones teóricas en oposición: El tiempo la ha maltratado, desmejorado, falsificado y destruido; por su
intervención deja de ser la obra que era; ha perdido autenticidad por
el tiempo; pero al reproducir lo proyectado, se vuelve a lo autentico,
desnaturalizado por el tiempo. ¡Nunca se insistirá bastante diciendo que la autenticidad no depende de que se conserven estos mampuestos o aquellos sillares, sino de que se conserve fielmente el pensamiento imaginado por el artista, sin bastardearlo y cualesquiera que sean los materiales de construcción y la mano de obra con que se ejecuten las obras primeras o reproducidas ! La
restauración de un monumento. para el arquitecto Antoni González
Moreno Navarro, debe garantizar la permanencia de su significación
arquitectónica. Por supuesto, respetando
su carácter documental y su condición de obra de arte. Y
evidentemente, siguiendo al profesor Pérez Arroyo, respetando el
soporte físico de esa artisticidad, que será parte fundamental de ese
carácter documental. La
actitud frente al monumento no es más que un reflejo de la valoración
conceptual que de él se hace. Para
Sampaolesi, la Restauración debe llevar implícita crítica arquitectónica
con las premisas de conocimiento histórico constructivo y sensibilidad
creativa, a través de las que se filtran y controlan: el grado de
intervención en el edificio a restaurar, la cualidad formal. El momento de la restauración será aquel en el que, el restaurador en
su practica profesional, debe estudiar las fábricas antiguas a fin de
conocerlas, para no llegar a una abstracción, mala consejera de
invenciones "metodológicas", sin constataciones reales. Para
el arquitecto Paolo Marconi, la creatividad se entiende como la agudeza
necesaria y suficiente para reconstruir mentalmente la fisonomía
original de la fábrica, partiendo de hechos materiales, del "rilievo"
o levantamiento de planos y de sus medidas reales, para proceder después
a una cautísjma propuesta del "cierto"
. Para
él, el mantenimiento "como
otra cara de la arquitectura"
será la disciplina de los métodos valederos para mantener vivos
edificios aún en uso, actualizándolos bajo el punto de vista funcional
y bajo el punto de vista del gusto. Una
disciplina que actúa en el hecho arquitectónico como el buen médico:
lo ayudaba a alcanzar edad venerable de la manera más sencilla posible,
inspirándose más en la higiene que en la farmacopea. No
hay procedimiento conservativo que no necesite una preparación,
eliminando las partes necrosadas. Después se añadirá algo
suficientemente soft, reversible y compatible que cumpla el cometido de
mitigar la degradación, degradándose él mismo. Que sea más o menos
evidente, prosigue Marconi, será solo una cuestión de gusto. Todos
estos pensamientos sirven de preámbulo a intervenciones muy distintas
que han ocupado mi quehacer profesional. En todas ellas se ha buscado la
permanencia de la significación arquitectónica, y su carácter
monumental está íntimamente ligado al carácter de obra de arte, cuyo
soporte físico habrá que cuidar, mantener, consolidar, reforzar... Parecen
contrapuestas intervenciones como las de la Iglesia Parroquial de
Villalba del Rey, en Cuenca, que se nos presenta con una primera visión
unitaria, pero cuyo examen más detenido nos hace verlo de forma
diferente, y con problemas iniciales en su estructura física; o la del
entorno del pantano de Uzquira en Burgos, donde para su construcción
llevó consigo la desaparición de varios pueblos, pero no de su
significación, que se pretende potenciar a través de los escasos
restos materiales que se han conservado. O las de las intervenciones en dos importantes monasterios de una misma provincia, León, con orígenes similares y pertenecientes a una misma orden, el cister, pero donde el paso del tiempo las había conducido a situaciones muy diferentes. Susana
Mora, arquitecta, profesora ETSA de Madrid. |