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L A M U J E R C O N S T R U Y E W o m e n w h o b u i l d |
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"TUBOS, HILOS, FIBRAS, CABLES... LA MUJER Y LA NUEVA CIUDAD DE LAS REDES." CARMEN GAVIRA, socióloga. |
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Las
terminales de las actuales redes de comunicación intentan suavizar la
sospecha de que las ciudades son experimentos fracasados, lechos secos
en un río en cuyo fondo yacen los escombros herrumbrados y obsoletos de
uno de tantos futuros prometidos. A lo largo de la historia, la relación entre el hombre y la técnica se ha producido en etapas y situaciones muy diferentes. Desde actitudes de asombro o reticencia, a periodos de fe ciega de optimismo y maravilla o momentos de miedos y recelos. Pero, en cualquier caso, la adaptación de la sociedad al desarrollo científico técnico se ha basado siempre en la idea de progreso y de avance hacia un mundo mejor. A
partir de la segunda mitad del siglo diecinueve comienza una importante
transformación técnica en las ciudades con la irrupción de las
llamadas redes duras: gas, electricidad, teléfono, etc.,
gracias a las cuales se desarrollarán nuevas aplicaciones como el
alumbrado público, los electrodomésticos, los ascensores, el teléfono
o la televisión, basadas todas ellas en tecnologías fáciles de
entender: las tecnologías de sustitución. Pero, en estos últimos
veinte años, hemos visto irrumpir en las ciudades un nuevo tipo de
redes, las redes blandas, silenciosas, invisibles y poderosas,
que sirven de apoyo a nuevas aplicaciones como el G.P.S, los G.I.S, la
W.W.W, o la domótica, basados en tecnologías de integración, mucho más
difíciles de comprender. |
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Veamos
tres momentos en que los tubos, los cables y las fibras han modificado
el papel de la mujer en la sociedad: en la segunda mitad del siglo
diecinueve, cuando la red hidráulica era sinónimo de PROGRESO.
En la primera mitad de siglo XX, cuando la electricidad equivalía a MODERNIDAD.
Y en este final de siglo y de milenio, en el que las redes telemáticas
se identifican con el concepto de GLOBALIDAD. LA
HIDRÁULICA URBANA Y EL PROGRESO Pocos novelistas han sido capaces de describirnos el impacto de la Revolución técnica en la vida cotidiana de las mujeres como lo hace Benito Pérez Galdós en algunas de sus novelas como Fortunata y Jacinta: (..) desde 1845 para acá - dice el relator - aparecieron en Madrid los primeros mecheros de gas, los primeros billetes del Banco de San Fernando, el sello de correos y los sobres, (...) la nueva cuadrícula de los Ensanches sobre la antigua ciudad de Madrid, que por arte del vapor, se colocó a 40 horas de París (...) El Canal de Suez llevó a suprimir la ruta comercial de Asia "Cádiz-Cabo de Nueva Esperanza", haciendo desaparecer los rojos, azules, amarillos y verdes brillantes... de los mantones de Manila, para imponer los modos, costumbres y colores grises de ese maldito Norte de Europa. Pero
en esta novela, lo que mejor se refleja como consecuencia del cambio técnico,
es una de las transformaciones clave de la relación de la mujer y la
ciudad: el agua. El agua, es decir, la cultura hidráulica controlada
hasta entonces por la mujer como responsable de la alimentación y la
higiene, en una ciudad que se aprovisionaba únicamente mediante los viajes
de agua subterránea creados por los árabes a partir de la primera mina
abierta en 1202 y que en 1851 será sustituida por la red técnica de
agua rodada con la canalización del río Lozoya. Desde entonces, el agua se convierte en un flujo técnico dependiente de la ingeniería hidráulica y, a la vez, en un bien del Estado en manos de la Administración. Isabel Cordero, la madre de Jacinta, sonará con los raudales de agua que a partir de la instalación del Canal van a invadir las calles y las plazas de la sedienta ciudad. Entonces, los madrileños se lavarán por lo menos la cara y las manos y más tarde se lavarán todo lo demás, con lo que a la tendera, el futuro, se le presentó con visiones de camisas limpias en todas las clases, de mujeres y acostumbradas a mudarse todos los días (...) Para Barbarita, la suegra de Jacinta, (...) no vivía en Madrid quien no oyera por las mañanas el ruido cóncavo de las cubas de los mil aguadores de la fuente de Pontejos. La propia Jacinta, en el episodio de su crisis maternal, busca al hijo deseado identificándolo con el gemido de lo gatos en las alcantarillas (...) corrióle un frío cortante por todo el cuerpo, quedóse parada, el oído atento a un rumor que al parecer venia del suelo, de entre las mismas piedras de la calle (...) vio al fin junto a la acera (...) una de esas hendiduras practicadas en el encintado que se llaman absorbederos en el lenguaje municipal, y que sirven para dar entrada en la alcantarilla al agua de las calles (...) arreció la lluvia, y el absorbedero deglutaba ya una onda gruesa que hacia gargarismos y bascas al chocar con las paredes de aquel gaznate (...) Por
su parte, Fortunata convierte en símbolo personal el motor de viento de
una de las sesenta norias que existían en la ciudad. La noria de las
Micaelas -Las arrecogidas-, de la calle Hortaleza, (...)
moviéndose el disco con majestuosa lentitud, era tan hermoso de ver con
su coraza de tablitas blancas y rojas, que parecía un plumaje (...)
transformando el paisaje urbano, (...) destacando a mayor altura que los
tejados del convento y de las casas próximas,
lugar de frescor en las noches de verano y señal de presagio de su
destino. Aunque
sin duda, el personaje más paradigmático de la antigua hidráulica
subterránea madrileña será el de Doña Casta que con la delicadeza de
un buen catador de vinos guarda en sus seis botijos el agua de los
distintos "viajes":
(...)
se dispuso a obsequiar a sus amigas con vasos de agua. Ponía esta señora
sus cinco sentidos en los botijos para enfriar el agua, y tenía a gala
el que en ninguna parte la hubiera tan fresca y rica como en su casa.
Después de traer un plato con azucarillos, fue a escanciar el precioso
contenido de los botijos, pues eran varios, y con ellos graduaba la
temperatura, poniéndolos o no en el balcón...(...) )de
qué agua quieren ustedes? ...)Progreso
o Lozoya? No
insistiré en lo mucho que se dijo sobre este tratado de aguas de Madrid
pero está claro que el conocimiento de los distintos "viajes"
constituía una auténtica cultura del agua subterránea, y esto será
lo que desaparecerá con la construcción del Canal de agua rodada del
Lozoya, producto único, flujo técnico del que la mujer será únicamente
consumidora. LA
ELECTRICIDAD Y EL MUNDO MODERNO La
relación de la mujer con la electricidad es mucho más compleja, ya que
esta nueva red irrumpe en todos los ámbitos de la vida urbana,
ampliando a través de la luz, el espacio y prolongando el tiempo,
rompiendo las barreras de lo doméstico, aportando una fuerza fácil de
manejar y aplicable a múltiples usos de la vida cotidiana,
proporcionando calor sin esfuerzo ni peligro, etc. Todo ello va a
suponer una multiplicación del mundo y de las relaciones de la mujer
simplificando su trabajo y rompiendo espacios y tiempos que antes le
estaban vedados. En
1919, Lady Parsons, sufragista inglesa casada con Sir Charles Parsons,
inventor de la turbina, crea la WES (Sociedad de Mujeres e Ingeniería).
Un año más tarde se funda a EDA (Asociación para el Desarrollo de la
Electricidad), a través de la cual las mujeres aprenden la utilización
de las aplicaciones de la nueva energía. De la WES se escinde un grupo,
la EAW (Asociación de Mujeres y Electricidad) que se plantea un cambio
importante, las mujeres no solo son consumidoras de la electricidad sino
que pueden ser también trabajadoras en las nuevas empresas en las que
las condiciones son mucho más adecuadas para la mujer que en las
antiguas industrias de vapor. Se pretende además introducir en el
mercado aplicaciones eléctricas creadas por las propias mujeres y,
también, promover a la mujer al frente de empresas productoras de
electricidad. Sin
embargo, casi todos estos proyectos chocarán con una mentalidad y una
legislación que encaminada a proteger a la mujer; en Inglaterra por
ejemplo, les prohíbe trabajar antes de las 10 de la mañana y después
de las 5 de la tarde. Este tipo de leyes son abolidas gracias al empeño
de algunas pioneras como Margaret Parthigaly, ingeniera eléctrica, que
crea una compañía para la electrificación de zonas rurales en la que
únicamente trabajan mujeres. Otro
aspecto importante es la publicidad, a través de la cual diseñadoras
como E. Miller, responsable de las campañas de Edison (lámparas,
radios, etc.), transforman la imagen de la mujer como usuaria de la
electricidad. La
Segunda Guerra mundial dará un nuevo giro a la relación de la mujer
con la electricidad, ya que si bien las mujeres vuelven a ocupar el
puesto de los hombres y a desempeñar todos los trabajos durante el
tiempo que estos están en el frente, al finalizar la Guerra, muchas de
las grandes firmas de armamentos (Westhinghouse, AEG...), orientarán
su producción al sector de los electrodomésticos ligados a la
vivienda individual aislada. De esta forma, poco a poco van
desapareciendo todas las iniciativas y experiencias de viviendas
comunitarias ligadas a proyectos que arrancando de la primitiva Ciudad
Jardín de Evenezed Howard en 1898 se desarrollarán hasta los años 40. En
definitiva, tras la Segunda Guerra mundial, y gracias a la electricidad,
tendrá lugar en el ámbito doméstico un importante cambio técnico,
sin que se produzca ningún cambio social. Para las empresas eléctricas,
la mujer se convertirá en la consumidora de las "horas
valle", sin que la falta de creatividad, la monotonía del trabajo doméstico,
la soledad o el reparto sexual de las tareas del ama de casa, cambien.
Esta situación será el punto de enfrentamiento de distintas posiciones
del pensamiento feminista, especialmente en arquitectura y urbanismo. Pero
las consecuencias del uso de la electricidad en la vida cotidiana de las
mujeres no ha sido apenas estudiada y menos en nuestro país. Análisis
tan reveladores como el realizado por Marie-Noëlle Denis, sobre la
evolución de la lavadora, o trabajos más recientes como los publicados
en Francia, Italia o Alemania comparando generaciones de mujeres de los
años 50 y de los años 80 en relación con el uso de los electrodomésticos,
descubren que las mismas cosas no significan ni tienen el mismo valor
para mujeres con treinta años de diferencia, y que mientras una
generación habla de confort o de calidad de vida, otra habla de
libertad y de ahorro de tiempo. LA
INFORMÁTICA Y LA CONEXIÓN GLOBAL En
su reciente libro "Ceros
+ Unos. Mujeres digitales y la nueva tecnocultura",
la socióloga inglesa Saddie Plant, partiendo de la figura de Ada Byron
Lovelace (1815-1852), creadora del concepto de programación y de los
lenguajes lógicos, recorre los distintos momentos de la relación de
las mujeres con la informática. Su conclusión, coincidiendo con la de
la mayoría de las investigaciones en este campo, es la de que las
nuevas tecnologías, en sí, no cambian nada, pero potencian y amplían
las posibilidades de comunicación, lo que favorece no sólo a la mujer
sino a los grupos humanos que anteriormente estaban en situación de
inferioridad. Pero
en estos últimos veinte años, tan importante como la evolución de las
llamadas nuevas tecnologías ha sido la evolución del concepto de hábitat.
El hábitat ya no hace referencia únicamente al espacio-vivienda, sino
que engloba todo un conjunto de espacios dispersos en el entorno urbano
ligados a la vivienda a través de las redes. A su vez, el propio
concepto de familia ha sufrido importantes transformaciones, englobando
ahora una variedad de situaciones en su composición que van desde la
familia polinuclear, la familia monoparental o los individuos solos. Esto
hace que los llamados servicios de proximidad o del entorno del hábitat
hayan visto también importantes cambios, encontrándonos que para la
delegación de estos servicios en terceros conviven hoy situaciones de
cuatro tipos diferentes: un modelo clásico de servidumbre (el servicio
doméstico). Un modelo artesanal (recurso a técnicos o empresas para
servicios específicos que requieren conocimientos técnicos especiales,
fontanería, electricidad, informática..), modelo comunitario (ayuda
solidaria de voluntariado, o recurso no mercantil a algún miembro de la
familia), y modelo de servicio en red (domótica o prestación a través
del acceso a redes informáticas). Sin
embargo, desde 1985 la domótica se generaliza y se abarata, ya que un
solo cable sustituye a varias de las redes que irrigan los edificios
para proporcionar servicios como la TV, el interfono, las alarmas, los
reguladores de calefacción, etc... Y, desde 1989, varias experiencias
de domótica colectiva se desarrollan en distintos países europeos,
aplicadas en barrios de vivienda social. En Francia, una experiencia
piloto se aplica a 20.000 viviendas publicas de baja renta (HLM), marcándose
como objetivo la integración de los servicios: gas, electricidad, red
de televisión publica, etc... Esto supuso el cableado de todos los
edificios incluidos en el proyecto para permitir la circulación de
información textual, numérica y de imágenes, y la creación de un
centro de información centralizada conectado con la red publica para el
intercambio a distancia. Las
funciones propuestas fueron múltiples: seguridad en las partes privadas
de los edificios, seguridad en las partes comunes y en los elementos
colectivos, confort de cada una de las viviendas mediante 12 funciones
(calor, frío, etc.), comunicación en red entre los habitantes, los
administradores de las viviendas y los gestores de los servicios, gestión
técnica y administrativa en red, creación de un diario informático,
aplicación de pantallas para la comunicación entre los vecinos a través
de la televisión, mejora de los servicios de telefonía, los
interfonos, etc... La
experiencia de este sistema ha puesto de manifiesto nuevos conflictos,
ya que la racionalización de las relaciones e intercambios con el fin
de permitir la protección individual y colectiva de los vecinos,
significa una perdida de emancipación y autonomía de los habitantes,
puesto que supone una perdida de libertad y de informalidad en las
relaciones. Por otra parte, la relación mecánica es mucho menos
valorada que la relación orgánica y el guardián/vigilante/informador
es sentido como un elemento de control y represión. De
cualquier forma, estas experiencias, demasiado recientes, no permiten
generalizar cual será su impacto real en la vida cotidiana y será
necesario esperar más años y ver multiplicadas las actuaciones para
llegar a ver sus efectos. Ser ciudadano es mucho más que simplemente
convertirse en abonado, en un consumidor deslocalizado que se conecta a
unos servicios en red. Recordemos
a Ivan Illich cuando afirma que el hogar no es sólo un lugar para
procrear ni una caja fuerte bien equipada. Vivir es compartir lugares y
espacios, pero cuando el espacio que habitamos pierde su razón histórica
y sus vínculos de identidad, se convierte únicamente en un lugar sin
pertenencia, controlado por la concesión de una o varias empresas de
redes. Nuestra percepción corporal del espacio, nuestro sentido de
pertenencia a un lugar especifico, se forma a través de percepciones fónicas,
visuales y sensoriales en un lento y complejo proceso cultural. Así, la
memoria del lugar ligada tan fuertemente al patrimonio arquitectónico o
al paisaje, conforma socialmente la memoria colectiva. El ser humano, y
especialmente la mujer, no es capaz de pensar la ciudad si no es
precisamente en términos de espacio-tiempo, y el hacerlos desaparecer
supone eliminar la ciudad tal y como hoy la entendemos. La ciudad como
lugar de encuentro y pluralidad, de circulación y de conexión, como
espacio de identidad y pertenencia. Sin
duda es ahora el mejor momento para tomar en nuestras manos las nuevas
Redes Técnicas, entenderlas y conducirlas adonde queremos. Ahora, en los
primeros pasos de su inserción en nuestras vidas cotidianas. Si no, el
riesgo es vernos convertidas, una vez más, en simples abonadas,
enganchadas a esta nueva red global sin centro ni lugar. Carmen Gavira, socióloga. |
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