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Un recorrido por la memoria:
GRECIA Y ROMA |
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CIUDADANÍA DE SEGUNDA: LOS EXTRANJEROS, LAS MUJERES Y LOS ESCLAVOS Dentro del ámbito mediterráneo, cuna de la civilización occidental, el mundo grecorromano fue el que dio origen al concepto de ciudad (polis), entendida no sólo como agrupación ordenada de gentes, edificios y espacios, sino en su sentido más amplio de participación ciudadana basado en el uso de la palabra, instrumento político por excelencia, y que asigna a cada individuo una función precisa y un lugar determinado. La mujer pertenece al dominio de lo privado (oikonomia) y no se le permite acceder a la asamblea ni opinar en asuntos de público interés. La mujer no tiene alma,” dice Aristóteles “y su mejor adorno es el silencio”. No puede alzar públicamente su voz y es considerada como ciudadana de segunda categoría, junto con los esclavos y los extranjeros a los que se priva del derecho de la palabra. El hombre el único ciudadano de pleno derecho o sujeto político. La mujer participa en la construcción de la ciudad y de la sociedad exclusivamente a través de su papel de madre como reproductora de la especie, cuidadora de niños y niñas, personas enfermas y mayores y mantenedora del fuego del hogar y de las tradiciones. Cuando las mujeres acceden al ámbito público lo hacen cerca de las fuentes, donde recogen el agua para beber, en el mercado, donde compran los alimentos para consumir, en los lavaderos o participando en determinados ritos religiosos accesibles para ellas. No tienen acceso al gimnasio, al foro o a la asamblea y los baños son de categoría inferior a los del varón. Sólo las mujeres públicas, acceden a otros lugares prohibidos. El
espacio público constituye la esencia de la ciudad. Como símbolos de relación,
de participación solidaria y de debate entre la ciudadanía, el ágora griega o
el foro romano son lugares de encuentro donde se desarrolla dialécticamente el
espacio público que da origen de la sociedad occidental.
Ciudad y sociedad son conceptos muy similares, basados en la educación, la
palabra y la razón argumental (logos)
donde la mujer no tiene cabida, no es digna de ser escuchada, como ser infantil
e inferior quedando al margen de la ciudad como entidad política. Excepciones confirman la regla como la célebre matrona romana Hortensia, que, saltándose la norma prefijada irrumpe en el foro para defender la paz: “Hombres de Roma”, exclama, “¿por qué hemos de pagar impuestos si no participamos en los cargos, honores, puestos militares ni, en una palabra en el gobierno por el cual lucháis con tan funestos resultados?”
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