Un recorrido por la memoria: 

Imagen 1: Christine de Pizan. La ciudad de las damas.
Imagen 2:
Interior de Catedral gótica. Regensburg. Alemania.
Imagen 3:
“Le Beguinage”. Brujas. Bruselas.
Imagen 4:
Artista esbozando un fresco. De Claris Mulieribus. Bocaccio.
Imagen 5:
Scivias. Hildegarda de Bingen. SXI
Imagen 6:
Tallas de mujeres en piedra. Catedral de Chartres. Francia.
Imagen 7: Aelfgyva y el clérigo. Tapiz de Bayeux. SXI.

Imagen 8: Christine de Pizan escribiendo en su taller.

Imagen 9: Claustro románico. Dubrovnik. Croacia.

EDAD MEDIA (CHRISTINE DE PIZAN)

CHRISTINE DE PIZAN: LA CIUDAD DE LAS DAMAS. SXIV

Miniatura titulada “Mujeres albañiles construyendo la muralla de la ciudad”, perteneciente a la Ciudad de las Damas de Christine de Pizan.

Christine de Pizan es considerada como la primera escritora profesional de occidente. Fue hija del médico, astrólogo y consejero del Rey Carlos V de Valois. Nacida en 1363, se casó los 15 años, enviudó a los 25 y se dedicó a partir de entonces a la escritura y a la pintura para mantener a sus 3 hijos y a su madre.

La Ciudad de las Damas es un réplica a De Claris Mulieribus de Bocaccio, recopilación de 104 biografías de mujeres reales o míticas y uno de los muchos tratados  del Renacimiento que no hacen sino reforzar la posición subordinada de la mujer de la época. Dice Bocaccio sobre estas mujeres célebres: “Opino que sus proezas eran dignas de alabanza, porque el arte es ajeno a la mente de la mujer”. Y continúa: “Emulando las hazañas de las antiguas mujeres, emplearéis vuestra mente en  hechos más elevados “.

Christine de Pizan no podía entender cómo los hombres podían escribir de forma tan demoledora contra la mujer, siendo así que le debían nada menos que su existencia... En su ciudad alegórica la Ciudad de las Damas, ofrece numerosas pruebas de valiosas realizaciones femeninas, reivindica valores como la ternura, la solidaridad o la generosidad y denuncia la misoginia de la época medieval.

En esta miniatura podemos ver a dos mujeres levantando un muro con sus propias manos. El muro impone un límite al espacio, lo humaniza y crea un ámbito interior para el albergue de una ciudad donde habitarán hombres y mujeres, donde dejarán sus huellas, creando memoria. “Habitar es dejar huellas...” dice Walter Benjamin.

Una de las mujeres es una reina; la otra, una monja. La reina simboliza la razón, la materia, la forma. La monja, la emoción, el espíritu, la poesía. Las dos mujeres construyen. Son activas, innovadoras e incluidas dentro de su espacio y de su tiempo. Una prepara la masa, mientras la otra levanta la piedra; incorporando ambas a través de su esencia más íntima una imagen cotidiana y próxima de  LA MUJERes en la arquitectura y en la construcción.

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