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Un recorrido por la memoria:
PRINCIPIOS DEL S.XX: EUROPA |
LOS FELICES AÑOS VEINTE: LAS PIONERASQueremos
brindar un homenaje a las arquitectas pioneras, pertenecientes a una generación
de mujeres que, en su día, supieron vivir su vida con entusiasmo e imaginación.
Mujeres que nos abrieron los caminos que hoy recorremos, con menores
dificultades que las que ellas tuvieron que vencer, para participar en la
hermosa tarea que es el construir. Tradicionalmente
la arquitectura ha sido una profesión masculina. La mujer era relegada a la
artesanía, a la domesticidad, a lo privado, es
decir, al mundo del interior. No existían vocaciones universitarias, entre
otras cosas, porque las mujeres tenían prohibido el acceso a las aulas. Así,
por ejemplo, en España, Concepción Arenal tuvo que disfrazarse de varón para
poder estudiar la carrera de derecho a finales del S XIX. El cambio de siglo trajo los primeros signos de renovación y así los felices años veinte marcan un hito, al irrumpir en la sociedad occidental un nuevo modelo de mujer, definido por su incorporación a sectores culturales y de dedicación profesional, hasta entonces casi exclusivamente masculinos. Compañeras de viaje de las vanguardias, generosas y entusiastas, aparecen las arquitectas pioneras, coincidiendo con la posibilidad de acceso de las mujeres a las enseñanzas de formación, o a lo que podríamos llamar “los espacios del saber”. Así la irlandesa Eileen Grey, la finlandesa Aino Marsio Aalto, la escocesa Margaret Mc Donald Mackintosh, la inglesa Allison Smithson, la francesa Charlotte Perriand o la norteamericana Ray Eanes trabajaron y fueron reconocidas gracias a estar asociadas con sus compañeros: Jean Badovicci, Alvar Aalto, Charles Rennie Mackintosh, Peter Smithson, Le Corbusier o Charles Eanes. Otras como Maïja Isola, Lily Reich y Marianne Brandt, pertenecientes a la Bauhaus, así como Margaret Kropoholler Staal, Grethe Meyer o Nana Ditzel, o la españolas Matilde Ucelay y Juana Ontañón, trabajaron independientemente y no han tenido el mismo reconocimiento.
GRETHE
SCHÜTTE- LIHOTZKY: Las
enciclopedias de la arquitectura contemporánea muy raramente citan a las
arquitectas pioneras aunque sean bien conocidas dentro de la profesión y cuando
las mencionan lo hacen como si de arquitectos varones se tratara o,
excepcionalmente, cuando son las compañeras de importantes arquitectos
masculinos. Así
Keneth Frampton, en su ”Historia Crítica
de la Arquitectura Moderna” escribe: “La
ultraeficiente cocina tipo laboratorio, la Cocina de Frankfurt, fue diseñada
por el arquitecto G. Schutte-Lihotzky”. En el manual “El
arte de proyectar en la arquitectura”, del profesor E. Neufer, utilizado
por arquitectos y estudiantes de arquitectura de todo el mundo, se la nombra de
manera parecida. Hoy sabemos que G. es la inicial del diminutivo de una magnífica
arquitecta pionera austríaca, Margarethe
Schütte-Lihotzky, que firmaba
con su diminutivo, Grethe. El
trabajo más importante de Grethe fue el diseño de un barrio que realizó junto
con Ernst May en Frankfurt am Main en 1926. Los estándares que utilizaron, gracias a
los que se pudieron edificar 10.000 viviendas sociales, dependían de la
prefabricación de los elementos constructivos, de la disminución de la
superficie útil por vivienda, del uso de elementos compactos para el
almacenaje, y sobre todo de la “Frankfurter
Küche” que Grethe diseñó hasta el último detalle. Este primer ejemplo
mínimo de cocina estandarizada (sólo 6.43 m2 de superficie útil) fue
producido con precios muy baratos y estaba destinada a la nueva mujer moderna,
con la intención de facilitar su trabajo y mejorar su posición social, al
disponer de tiempo libre para poder desarrollar una actividad profesional fuera
del hogar. La
“Frankfurter Küche” fue la
primera versión de la cocina compacta moderna, la que ha sustituido, en la
vivienda actual, a las obsoletas cocinas del S. XIX. En ella, todas las partes
quedan perfectamente integradas y adaptadas en el menor espacio posible de
acuerdo con su función, ya sea de almacenaje, de trabajo, de lavado, planchado
o de cocinado. “Toda mujer pensante”,
escribía Grethe en 1926, “debe de ser consciente del retraso que tienen aún los métodos domésticos
y debe reconocer que éstos obstaculizan su propio desarrollo y por lo tanto
también el de su familia”. Shutte-Lihotzky
vivió la arquitectura como reflejo de una particular filosofía de vida en la
que creía y de unos ideales políticos que no dudó en poner en práctica.
Afiliada al partido comunista, tomó una postura activa en campañas
antifascistas que le costaron cuatro años de cárcel. Su
obra se expuso por primera vez en 1993, en el Museo de Artes Aplicadas en Viena,
allí donde, en 1997, Margarethe, ya respetable colega femenina entre sus compañeros
arquitectos, celebró su propio centenario bailando un último vals.
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