Un recorrido por la memoria: 

Imagen 1: Proyecto de tapiz. Eileen Gray.
Imagen 2:
El corazón de la rosa. Margaret Macdonald.
Imagen 3:
Casa E1027. Eileen Gray.
Imagen 4:
Silla. Eileen Gray.
Imagen 5:
Salón de té. Margaret Macdonald & C. R. Mackintosh.
Imagen 6:
Eileen Gray. 1910.
Imagen 7: Casa de la colina. Margaret Macdonald & C. R. Mackintosh.
Imagen 8:
Margaret Macdonald. 1903.

PRINCIPIOS DEL S.XX: REINO UNIDO

UNA IRLANDESA EN LA COSTA AZUL FRANCESA: EILLEN GRAY

La casa al borde del mar, la llamada “E.1027" que la irlandesa Eileen Gray construye en la Rivera Francesa para Jean Badovicci, y con su colaboración, entre 1926 y 1929, es su obra más importante. En ella se conjugan varios modelos previos (la casa inglesa de campo, la villa italiana, la casa vernácula, y la machine à habiter). La estructura profunda común que subyace en la E.1027 podría denominarse “la geometría del arte de habitar”.

Eileen Gray llega al proyecto de arquitectura por temperamento, por madurez personal y por formación intelectual. Para ella la arquitectura no es más que la búsqueda de la mejor forma que armonice con todos los requerimientos del fin al que va a servir. El suyo, al igual que algunos grupos de vanguardia, es un compromiso ético.

La E. 1027: Una vivienda informal. Una casa diseñada para la vida desde el interior de la vida, que se relaciona con el mar en cuyas orillas se asienta, que se abre a la luz y a las magníficas vistas por el día a través de grandes ventanales, y que se cierra sobre si misma por la noche o se protege de los vientos por medio de mamparas corridas que se pliegan como en un escenario de teatro. Una vivienda que articula sus espacios alrededor de una gran habitación-dormitorio-estudio, planeada con exquisito cuidado y detalle, de tal forma que, aunque todo parezca casual, nada se ha dejado al azar.

La vivienda no es grande, pero Eileen esculpe los volúmenes para crear una sensación de grandeza espacial, de luminosidad y de modernidad optimista. Analiza las funciones del cuerpo y de la mente del morador de la casa con un diseño minucioso y un mobiliario versátil y funcional, que se adapta a las distintas necesidades.

La búsqueda de “un arte que sea la prolongación de la vida” sería su guía. En el centro de todas las decisiones del proyecto está el SER HUMANO, su forma de vida, su dimensión de morador y constructor de su propio ser. “Debemos construir para la gente de tal manera que puedan encontrar en la arquitectura, la alegría y la realización completa de sus potencialidades”, escribe en  L´Architecture Vivante, una de las revistas de arquitectura más importantes de la época.

 

MARGARETTE Y FRANCES MACDONALD: DOS HERMANAS ESCOCESAS

Las hermanas Margaret y Frances Macdonald trabajaron en Escocia junto con Charles Rennie Mackintosh y su amigo Herbert MacNair a principios del S.XX, formando el grupo de los “Cuatro”, grupo que trabajó desde 1900 a 1928 y que estableció los primeros impulsos para el renacimiento del diseño y de la arquitectura en todo el mundo.

Los cuatro realizaban composiciones gráficas y proyectos de interiorismo y de arquitectura, combinando las líneas curvas de la espiritualidad, con la  pureza de la abstracción, utilizando la naturaleza como fuente de inspiración. 

Muy pocos saben que fue Margaret quien, entre otros muchos diseños, dibujó las rosas que incorporaron posteriormente en muebles, vidrieras, verjas y otros detalles.

Su delicada sensibilidad se hace presente en las estancias interiores de sus edificios, atribuidos -hasta hace bien poco- exclusivamente a su compañero. En sus proyectos más conocidos como son la Casa de la Colina, la Escuela de Artes o la Casa de Te, (todas en Glasgow) diseñaron juntos hasta el último detalle del mobiliario: lámparas, mesas, camas, etc y en el salón de te, incluso las mantelerías, los menús y los uniformes de los camareros.

Trataban las habitaciones de sus edificios como si fueran en sí mismas proyectos completos: así las sillas se acomodaban a la proporción de las ventanas, relacionándose con las chimeneas, con los armarios o con las camas. Margaret se encargaba, además del diseño general, del estampado de las tapicerías, que armonizaban con los tiradores o con los cajones, con los colores de las vidrieras o con la forma de las lámparas. Una concepción INTEGRAL en el diseño de la arquitectura capaz de proporcionar a sus moradores un equilibrio  vital, una sensación de armonía, de serenidad... de paz interior

Es importante valorar el trabajo de Margaret y Frances MacDonald dentro del contexto conservador de la Inglaterra de finales del XIX, en el que Ruskin, uno de los pensadores y críticos de arte más reconocido del momento, escribe: “La educación no debe ir encaminada al desarrollo de la mujer, sino a la renuncia a sí misma. Mientras que el hombre debe esforzarse por profundizar sus conocimientos en todos los campos de lo cognoscible, la mujer ha de limitarse a adquirir unas nociones generales de literatura, arte, música o naturaleza. [...] El hombre es sobre todo un crea­dor, un defensor. Su intelecto le predestina para la especulación y la invención; su energía, para la aventura, la guerra y la conquista. Las tendencias de la mujer se desarrollan, en cambio, en el mantenimiento del orden, no en la batalla; su lugar está en la casa, donde ella es la reina."

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