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Un recorrido por la memoria:
PRINCIPIOS DEL S.XX: REINO UNIDO |
UNA IRLANDESA EN LA COSTA AZUL FRANCESA: EILLEN GRAYLa
casa al borde del mar, la llamada “E.1027"
que la irlandesa Eileen Gray construye
en la Rivera Francesa para Jean Badovicci, y con su colaboración, entre 1926 y
1929, es su obra más importante. En ella se conjugan varios modelos previos (la
casa inglesa de campo, la villa italiana, la casa vernácula, y la machine
à habiter). La estructura profunda común que subyace en la E.1027
podría denominarse “la geometría del arte de habitar”. Eileen
Gray
llega al proyecto de arquitectura por temperamento, por madurez personal y por
formación intelectual. Para ella la arquitectura no es más que la búsqueda de
la mejor forma que armonice con todos los requerimientos del fin al que va a
servir. El suyo, al igual que algunos grupos de vanguardia, es un compromiso ético. La E. 1027: Una vivienda informal. Una casa diseñada para la vida desde el interior de la vida, que se relaciona con el mar en cuyas orillas se asienta, que se abre a la luz y a las magníficas vistas por el día a través de grandes ventanales, y que se cierra sobre si misma por la noche o se protege de los vientos por medio de mamparas corridas que se pliegan como en un escenario de teatro. Una vivienda que articula sus espacios alrededor de una gran habitación-dormitorio-estudio, planeada con exquisito cuidado y detalle, de tal forma que, aunque todo parezca casual, nada se ha dejado al azar. La
vivienda no es grande, pero Eileen esculpe los volúmenes para crear una sensación
de grandeza espacial, de luminosidad y de modernidad optimista. Analiza las
funciones del cuerpo y de la mente del morador de la casa con un diseño
minucioso y un mobiliario versátil y funcional, que se adapta a las distintas
necesidades. La
búsqueda de “un arte que sea la
prolongación de la vida” sería su guía. En
el centro de todas las decisiones del proyecto está el SER HUMANO, su forma de
vida, su dimensión de morador y constructor de su propio ser. “Debemos
construir para la gente de tal manera que puedan encontrar en la arquitectura,
la alegría y la realización completa de sus potencialidades”, escribe en L´Architecture Vivante,
una de las revistas de arquitectura más importantes de la época. MARGARETTE Y FRANCES MACDONALD: DOS HERMANAS ESCOCESASLas
hermanas Margaret y Frances Macdonald trabajaron en Escocia junto con Charles
Rennie Mackintosh y su amigo Herbert MacNair a principios del S.XX, formando el
grupo de los “Cuatro”, grupo que trabajó desde 1900 a 1928 y que estableció
los primeros impulsos para el renacimiento del diseño y de la arquitectura en
todo el mundo. Los
cuatro realizaban composiciones gráficas y proyectos de interiorismo y de
arquitectura, combinando las líneas curvas de la espiritualidad, con la
pureza de la abstracción, utilizando la naturaleza como fuente de
inspiración. Muy pocos saben que fue Margaret quien, entre otros muchos diseños, dibujó las rosas que incorporaron posteriormente en muebles, vidrieras, verjas y otros detalles. Su delicada sensibilidad se hace presente en las estancias interiores de sus edificios, atribuidos -hasta hace bien poco- exclusivamente a su compañero. En sus proyectos más conocidos como son la Casa de la Colina, la Escuela de Artes o la Casa de Te, (todas en Glasgow) diseñaron juntos hasta el último detalle del mobiliario: lámparas, mesas, camas, etc y en el salón de te, incluso las mantelerías, los menús y los uniformes de los camareros. Trataban
las habitaciones de sus edificios como si fueran en sí mismas proyectos
completos: así las sillas se acomodaban a la proporción de las ventanas,
relacionándose con las chimeneas, con los armarios o con las camas. Margaret se
encargaba, además del diseño general, del estampado de las tapicerías, que
armonizaban con los tiradores o con los cajones, con los colores de las
vidrieras o con la forma de las lámparas. Una
concepción INTEGRAL en el diseño de la arquitectura capaz de proporcionar a
sus moradores un equilibrio vital,
una sensación de armonía, de serenidad... de paz interior Es importante valorar el trabajo de Margaret y Frances MacDonald dentro del contexto conservador de la Inglaterra de finales del XIX, en el que Ruskin, uno de los pensadores y críticos de arte más reconocido del momento, escribe: “La educación no debe ir encaminada al desarrollo de la mujer, sino a la renuncia a sí misma. Mientras que el hombre debe esforzarse por profundizar sus conocimientos en todos los campos de lo cognoscible, la mujer ha de limitarse a adquirir unas nociones generales de literatura, arte, música o naturaleza. [...] El hombre es sobre todo un creador, un defensor. Su intelecto le predestina para la especulación y la invención; su energía, para la aventura, la guerra y la conquista. Las tendencias de la mujer se desarrollan, en cambio, en el mantenimiento del orden, no en la batalla; su lugar está en la casa, donde ella es la reina." |